Elección (3ª parte)

Autor: John Wilkinson

 La nación de Israel, que es un prototipo de la iglesia de Cristo es tan una en la mente y en el propósito de Dios como lo es la iglesia; La historia de esta nación, y el trato de Dios para con ella, ilustra los principios del gobierno moral de Dios. Israel ejemplifica una lección para todas las naciones y para todos los tiempos.


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Elección. 3-3

Querido Amigo,la elección de Israel también es perpetua. Ésta elección fue confirmada por un pacto eterno, y la tierra fue dada como una posesión perpetua.

La preservación de Israel como un pueblo diferente está garantizada en el lenguaje más simple, fuerte y claro. Lo podemos leer en Jeremías 31:35 al 37.

“Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas, Jehová de los ejércitos es su nombre. Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente”.

Así ha dicho el Señor: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová.”

O también en Jeremías 33: 24 al 26 que dice:”¿No has echado de ver lo que habla este pueblo, diciendo: Dos familias que Jehová escogiera ha desechado? Y han tenido en poco a mi pueblo, hasta no tenerlo más por nación. Así ha dicho Jehová: Si no permanece mi pacto con el día y la noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y la tierra, también desecharé la descendencia de Jacob, y de David mi siervo, para no tomar de su descendencia quien sea señor sobre la posteridad de Abraham, de Isaac y de Jacob. Porque haré volver sus cautivos, y tendré de ellos misericordia.”

Estos pasajes que hemos leído de las profecías de Jeremías, según muestra su contexto en forma clara, nos llevan al período de la restauración final de Israel y su conversión a escala nacional, precedente a la apertura de la era milenial; y como la misión benéfica de Israel no se completará hasta el final del milenio, se garantiza entonces su preservación como una nación hasta que llegue ese tiempo en el cual su misión sea cumplida.

Dice la palabra: “Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre.

Esto lleva a que pudieramos preguntarnos: ¿si el pacto que confirma la elección y la misión de Israel es un pacto eterno, y garantiza la tierra de Palestina como una posesión perpetua, por qué ha sido depuesta la nación electa de su tierra por tanto tiempo?

La respuesta es clara estimado amigo. La nación fue puesta bajo otro pacto, uno que es condicional,dado en el monte Sinaí: la obediencia a la ley que allí fue dada fue la condición para la posesión continua.“Jehová nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb. No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos.”Dice la Biblia.

Esta desobediencia por parte de la nación electa le interrumpió el poder poseer y disfrutar de su herencia, pero no ha sido desposeída de su derecho a la tierra como un presente incondicional por parte de Dios. La presente condición de la nación es mejor representada por el término comunión interrumpida que por el término unión acabada.

Estimado amigo, la nación de Israel, que es un prototipo de la iglesia de Cristo es tan una en la mente y en el propósito de Dios como lo es la iglesia; por eso no deberíamos sorprendernos al ver los sacrificios ofrecidos por todas las tribus de Israel, como se registra en dos oportunidades en el libro de Esdras, a pesar de que tan solo una parte de la cautividad de Babilonia había sido restaurada. Por tanto, antes de que pueda cumplirse el propósito original de Dios de bendecir a todas las naciones a través de Israel, las esparcidas tribus de Israel deben volverse una nación y un pueblo unido, en posesión de su antigua heredad.

 “Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos. Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre. Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre. Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y sabrán las naciones que yo Jehová santifico a Israel, estando mi santuario en medio de ellos para siempre.”

Aquella persona que cree en forma sencilla en la palabra del Dios viviente no se siente sorprendida en forma alguna de que una nación que se originó y desarrolló bajo circunstancias tan excepcionales y milagrosas y para un propósito tan divino, tuviera su preservación asegurada hasta que su misión de bendición universal fuera lograda por completo.“Pero Judá será habitada para siempre, y Jerusalén por generación y generación “Se acordó para siempre de su pacto; de la palabra que mandó para mil generaciones”.

La elección de Israel como nación es incondicional, y la existencia de la nación está asegurada hasta el final de los tiempos.

La historia de la nación de Israel, y el trato de Dios para con ella, ilustra los principios del gobierno moral de Dios. Israel ejemplifica una lección para todas las naciones y para todos los tiempos.

La elección de la nación de Israel representa la elección de la iglesia; la circuncisión en la carne representa la fe en Cristo; lo primero es esencial para los privilegios de la elección de la nación, lo último es esencial para disfrutar de las bendiciones espirituales en Cristo. La cercanía y el cariño del vínculo matrimonial entre la nación de Israel y Jehová ilustra la cercanía y el cariño de la comunión existente entre la iglesia y su cabeza, el Señor Jesucristo. El pecado en la nación judía ha interrumpido la comunión nacional, así como el pecado también interrumpe la comunión espiritual en el cristiano. La elección de la nación de Israel es incondicional, y la elección del creyente en Cristo es puramente por gracia. De hecho, Israel y la iglesia están tan ligadas entre sí, que quitar los fundamentos de la fe que sostienen el futuro nacional de Israel sería semejante a quitar los fundamentos que sostienen la seguridad futura del creyente en Cristo por toda la eternidad.

Elección (2ª parte)
Confirmación. 1/3

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