Elección (1ª parte)

Autor: John Wilkinson

El propósito de Dios es bendecir al mundo, recuperar a la raza humana de los efectos de la caída y llenar la tierra con su gloria. Este propósito se revela claramente en  su Palabra.
Esta misma certeza se aplica al canal y la instrumentación para la difusión de esta bendición universal. De ahí la incondicional elección de Abram y de la nación que surgió de sus lomos.
Con el término Israel, en la forma en que es usado, nos referiremos a los descendientes naturales de Jacob, a quien Dios llamó Israel.

 


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Estimado amigo, el propósito de Dios es bendecir al mundo, recuperar a la raza humana de los efectos de la caída y llenar la tierra con su gloria. Este propósito se revela claramente en su Palabra cuando dice: “La tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar”,…”Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.”

Y también cuando dice: “Benditas serán en él todas las naciones; lo llamarán bienaventurado.”

La bendición a escala universal está asegurada por aquel cuyo propósito no puede ser frustrado, de tal manera que las fuerzas conjuntas del mal, las cuales son permitidas por razones infinitamente sabias para retrasar la bendición, no puedan bajo ningún concepto tener éxito en su intento de impedir que así sea.

Esta misma certeza, estimado amigo, se aplica al canal y la instrumentación para la difusión de esta bendición universal. De ahí la incondicional elección de Abram y de la nación que surgió de sus lomos.

La Biblia dice:“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.

Vemos queridos oyentes que “Te bendeciré” es una promesa incondicional; “y serás bendición” también es incondicional; en tanto que la promesa del medio y la advertencia son ambas condicionales, “Bendeciré a los que te bendijeren,” y “a los que te maldijeren maldeciré.” La bondad hacia la simiente de Abraham traerá con seguridad bendiciones, y la crueldad ciertamente traerá maldiciones; pero no hay condiciones o cosa semejante adjuntas a las promesas, “Te bendeciré,” y “serás bendición.”

La concesión de la tierra de Canaán no es menos incondicional:

“Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra.”

Al considerar la elección de Israel sería bueno que definiéramos algunos términos. ¿Qué damos a entender con el término Israel, y con el término elección?,… Luego de estas lindas notas musicales continuaremos analizando estos términos!

Queridos oyentes, con el término Israel no nos referimos a los anglosajones; ni tampoco a la iglesia cristiana; Si no que nos referimos sencilla y exclusivamente a los descendientes naturales de un hombre.

¡Sí! De un hombre llamado Jacob, a quien Dios llamó Israel, según 2º Reyes capítulo 17, versículo 34:“Los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel.”

Los anglosajones como tales, siendo incircuncisos, tienen una posición menor que la nación de Israel; mientras que la iglesia cristiana, la simiente espiritual de Abraham en el pacto de fe hecho a él mientras aún era incircunciso, tiene un llamado mucho más alto que la nación de Israel. Sin embargo, si bien por un lado la aplicación del término Israel no es escritural, tanto para los anglosajones como para la iglesia cristiana, por otro lado no debemos limitar el término a las diez tribus del antiguo reino de Israel, sino que debemos permitir que se aplique a todo descendiente natural de Jacob.

Los judíos de las dos tribus del reino de Judá y Benjamín son tan israelitas como los descendientes de las diez tribus del reino, siendo todos por igual descendientes de un hombre llamado Israel.

Pablo, a pesar de que no era descendiente de ninguna de las diez tribus, era un israelita, y a pesar de que no era de Judá, también era judío. Él dice,“Yo de cierto soy hombre judío,”y“¿Son israelitas? Yo también.”

Los comentarios y los sermones están aún demasiado caracterizados por espiritualizar todas las promesas hechas a Israel y por hacer literales todas las maldiciones pronunciadas sobre la misma nación. Este principio es injusto, no escritural y tergiversador.

Todas las promesas de la Palabra de Dios fueron hechas en parte a Israel y en parte a los gentiles. Si los gentiles toman sus propias promesas y las de Israel también, no queda ninguna para la pobre nación de Israel. No es de sorprenderse por lo tanto que se haya manifestado tan poco interés en la lucha espiritual de Israel, aunque “en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres,” ya que los gentiles tan solo han encontrado maldiciones bajo el nombre de Israel y como porción para los judíos en la Palabra de Dios.

La promesa de que Cristo sería “una luz para los gentiles,” es una promesa para los gentiles y no para los judíos. Esto ya lo hemos admitido.

La promesa de que Él será “la gloria de su pueblo Israel” será cumplido literalmente y exclusivamente a favor de su pueblo. Las palabras “regocijaos vosotros gentiles con Su pueblo,” que se dan tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, revela la distinción entre Israel y los gentiles, y la relación del uno para con el otro en términos de bendición. Basados en este sencillo principio, adoptado de los siguientes programas, de permitir que Israel signifique Israel ya sea en promesa como en advertencia, en bendición como en maldición, obtenemos una clara perspectiva de la voluntad revelada de Dios tanto para los judíos como para los gentiles.

Esta es una oración inspirada de un judío a favor de los judíos:

“Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros”

“Nos bendecirá Dios” “Para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvación,” “y témanlo todos los términos de la tierra.” Son promesas de bendición para el mundo gentil.

La doctrina enseñada en el Salmo 67 es claramente la conexión establecida entre la bendición de los judíos y la bendición del mundo, pero el principio enseñado es éste – en proporción exacta a como el pueblo de Dios en cualquier época o nación es bendito por él, ha de ser de bendición a otros.

Así que cuando la iglesia de Cristo ora legítimamente esta oración, “Dios bendícenos para que podamos bendecir a otros,” no debe olvidar que en su primer aplicación esta oración se eleva con respecto a Israel y a favor del mundo, y que ha de ser contestada aun en la bendición futura de los judíos, y el mundo será a la vez bendito a través de ellos.

Con el término Israel, en la forma en que es usado a lo largo de estas series, nos referiremos a los descendientes naturales de Jacob, a quien Dios llamó Israel.

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Elección (2ª parte)

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