El Señor es mi Pastor (1 de 3)

Título: El Señor es mi Pastor

Autor: Marcel Malgo
PE1398

Muchos cristianos y no cristianos conocen el Salmo 23. Algunos lo saben de memoria. Pero ¿realmente descubrieron las numerosas preciosidades espirituales que contiene? Durante algunos programas, Marcel Malgo nos ayudará a descubrir los tesoros escondidos de este Salmo


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¿Cómo están queridos amigos ? Aunque el Salmo que vamos a tratar es muy conocido, creo que sería conveniente comenzar leyéndolo. Dice así: 

“Salmo de David. Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”.

Este“Salmo de David”,el Salmo 23, es seguramente el salmo más conocido y más famoso de todos. Y cuando David usó en él la imagen de un pastor que pastorea sus ovejas, sabía de qué hablaba. Pues él mismo era pastor de ovejas.

Cuando el profeta Samuel quiso ungir como rey al joven David, tuvieron que ir a buscarlo a donde pacían las ovejas, así lo leemos en 1 Sa. 16:11:“Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí”. Con relación a esto, el Salmo 78:70 y 71 nos dice:“Eligió a David su siervo, y lo tomó de las majadas de las ovejas; de tras las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad.”

La Biblia no nos dice si David compuso este maravilloso Salmo 23 cuando estaba pastoreando las ovejas. Pero sí es cierto que, como pastor, siempre estaba ocupado en cosas como pastos verdes, agua fresca, vara y cayado.

Quiero compartir con ustedes algunos pensamientos, como introducción al Salmo 23: 

En muchos de los pasajes bíblicos que contienen una promesa, existe también una clave para poder recibir lo prometido por Dios. Un ejemplo clásico es el Salmo 50:15:“E invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.”Esta maravillosa promesa ya ha ayudado a muchos hijos de Dios en momentos de angustia. Pero se necesita la clave para poder recibir la plena bendición. La encontramos en el versículo 14:“Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo…”La conjunción “y” o “e” en este caso (… e invócame en el día de la angustia…”), demuestra la relación entre estos dos versículos. El que quiere que el Señor lo libre de la angustia, tiene que usar la llave correcta para abrir esta “puerta de bendición”:“Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo.”

Veamos cuál es la clave para el Salmo 23

En el Salmo 23 versículo 1, tenemos un grandioso testimonio de David:“Jehová es mi pastor…”¿Quién es el pastor de David? ¡El Señor! A veces olvidamos que Jesucristo no solamente es nuestro Pastor, sino también nuestro Señor. Él nos compró por el alto precio de Su sangre. Nos gusta la idea de que Él, como buen Pastor, tenga Su mano protectora extendida sobre nosotros y día y noche y nos guíe. Pero no siempre nos viene bien que Él como Señor también dirija cada área de nuestra vida.

Es verdad que un pastor cuida y protege a su rebaño y guía a sus ovejas con mucho sacrificio personal y paciencia, pero también espera que sus ovejas lo sigan y le obedezcan. Lo mismo pasa en el discipulado de Jesús. Esto se desprende claramente de Sus palabras de Juan 10, versos 11 y 14, donde el Señor habla de Su maravillosa protección:“Yo soy el buen pastor”, y de Su omnisciencia:“… y conozco mis ovejas…”.Y los versos 3 y 4, nos hablan también de la obediencia en el verdadero discipulado:“A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz”. Ahora pensemos, ¿esto funciona así en la Iglesia de Jesús en el mundo entero? Lamentablemente no. Hay muchas ovejas que de vez en cuando se desvían del camino. Pero cuando un hijo de Dios se da cuenta de que perdió el camino en pos del Señor – ya sea por pensamientos o hechos pecaminosos, u omisiones – hay una única solución: volver lo más rápido posible al buen Pastor, el Señor Jesús, y confesarle el o los pecados, para que Su sangre pueda limpiarlo, como lo dice 1 Juan 1:7 y 9.

En la antigüedad, Dios, el Señor, tuvo que decir con tristeza acerca de Su pueblo Israel:“Ovejas perdidas fueron mi pueblo”(así dice Jer. 50:6), y en Ez. 34:5 y 6 leemos:“… andan errantes… Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes…”. ¿Por qué estas palabras tan duras? ¿Por qué anduvo perdido el pueblo en aquel entonces? Porque había dejado a su Señor y por eso no tenía más un verdadero pastor. Y lo mismo también en el día de hoy: Donde no se acepta verdaderamente el señorío de Dios en todas las áreas de la vida, no es de asombrar la dolorosa falta del buen Pastor.

Cuando el Salvador estuvo en la tierra y vio a Su pueblo Israel, se entristeció mucho. Leamos Mt. 9:36:“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. ¿Por qué las ovejas de Israel andaban tan“desamparadas y dispersas”cuando Jesús vino por primera vez? Porque habían sido infieles a su Señor y, por lo tanto, no tenían más Pastor. Conclusión: ¡El que niega al Señor, pierde al Pastor!

Si tú, en tu vida de fe, haces una fatal separación entre el Pastor Jesús y el Señor Jesús, si amas al Pastor pero te resistes al Señor, entonces no te asombres cuando finalmente también pierdas Su protección y cuidado. Pues tu buen Pastor también quiere ser tu Señor; no podemos separarlos en nuestra vida de fe.

El Señor nos explica claramente esta verdad espiritual, al decir en Juan 15:15:“Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer”. Esto es un motivo de gran alegría para nosotros. Pero no podemos ser “amigos” del Señor así no más, sino solamente cuando Le obedecemos, y esto lo vemos en el vers. 14:“Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”. También aquí, en el versículo 14 encontramos la clave para la promesa del versículo 15, donde nos llama Sus amigos. ¡Jesús no es solamente el buen Pastor, que pastorea Sus ovejas en delicados pastos y los lleva a aguas refrescantes, sino que también es el Señor, que exige entrega y obediencia de los suyos!

Hoy en día se predica mucho acerca del amor y de la misericordia de Dios, y de Su disposición a perdonar, y se hace con toda razón. Sin embargo, ésta es sólo una cara del Evangelio. Pues la Escritura no solamente dice en 1 Jn. 4:16:“Dios es amor”, sino que dice también en el Sal. 105:7:“El es Jehová nuestro Dios; en toda la tierra están sus juicios”.

Si perteneces al rebaño de Cristo, si has sido comprado por el alto precio de la sangre de Jesús y has llegado a ser Su propiedad, te hago una pregunta sumamente seria: ¿Es Él, el buen Pastor, también el Señor de tu vida? ¿Es Él el Señor de tu familia, el Señor de tu matrimonio, el Señor de tu tiempo, el Señor de tu trabajo, el Señor de tu dinero, el Señor de tu auto, el Señor de tu cuerpo y el Señor en todas tus decisiones? ¿Sí? Entonces Jesucristo, el buen Pastor, en quien“habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”(como asegura Col. 2:9), también es tu Señor. Y entonces puedes decir confiadamente, como David:“El Señor es mi Pastor.”

En búsqueda de la vida verdadera (2 de 2)
El Señor es mi Pastor (2 de 3)

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