El regreso de Jesús (1ª parte)


Autor: Rich Carmicheal – Wim Malgo – René Malgo

Hebreos 9:29 habla del regreso de Jesús y nos dice: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”.


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PE2181 – Estudio Bíblico
El regreso de Jesús (1ª parte)



¿Cómo están amigos? Esta primera parte del mensaje se titula: Jesús, el Señor que regresa.

Leemos nuevamente Hebreos 9:29: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”.

Cuando estudiamos la segunda venida de Jesucristo, tendemos a poner la mira más en los acontecimientos del tiempo final, en lugar de ponerla en la venida misma de Jesús. Y eso que no es tanto la intención de los apóstoles el enseñar a la iglesia el cómo, el qué y el cuándo, sino más bien Quién vendrá: Jesucristo…

JESÚS, que es “la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (Col. 1:15); Él es “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (He. 1:3).

JESÚS, a través de quien “fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col. 1:16).

JESÚS, que existió antes que todo lo demás, y por medio de quien todo existe (como nos dice Colosenses 1:17); Él es “el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último” (Ap. 22:13).

JESÚS, a quien Dios enalteció y le dio un lugar incomparable y supremo y un nombre que es más importante que cualquier otro nombre (Podemos leer esto en Filipenses 2:9).

JESÚS, quien posee todo poder en el cielo y en la tierra (como dice Mateo 28:18) y “quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (He. 1:3).

JESÚS, “la resurrección y la vida” (Juan 11:25); el Primero y el Último y el que vive. Estuvo muerto y vive de eternidad en eternidad, y tiene las llaves de la muerte y del reino de los muertos (Compare Apocalipsis 1:17 y 18); porque Él venció a la muerte, y trajo a la luz la vida eterna a través del evangelio (Podemos leerlo en 2 Timoteo 1:10).

JESÚS, el “Rey de reyes y Señor de señores, […] el Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas” (Ap. 17:14; y 19:11 y 12).

JESÚS, el Señor; el que aparece desde “el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Ts. 1:7 y 8).

JESÚS, “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mt. 16:16) y “la cabeza del cuerpo que es la iglesia” (Col. 1:18).

JESÚS, “el camino, la verdad y la vida” (Jn. 14:6) y “el autor y consumador de la fe” (He. 12:2).

JESÚS, quien nos ama y “se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo” (Gá. 1:4); “el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (He. 12:2).

JESÚS, “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29); “el Cordero que fue inmolado” y es “digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Ap. 5:12), y quien con su sangre compró a los seres humanos para Dios, gente proveniente de todo linaje, lengua, pueblo y nación (lo que leemos en en Apocalipsis 5:9).

JESÚS, “Pastor y Obispo de nuestras almas” (1 P. 2:25). “Él transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Fil. 3:21).

JESÚS, “el Hijo del Hombre, vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras” (Mt. 16:27); Él, a quien todos los ángeles adoran, cuyo trono existe por la eternidad y cuyo cetro es justicia, “al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (como dice Hebreos 1:6 y 8; y 13:21).

Este JESÚS es el Señor que viene otra vez. ¡Qué día incomparablemente glorioso será cuando Lo vean aquellos que esperan con gozo Su venida y se preparan para ella!
JESÚS dice: “Sí, vengo en breve”, y nosotros decimos: “Amén. ¡Sí, ven, Señor Jesús!”

Apocalipsis 1:7 nos describe Su venida con estas palabras: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”.
Entonces los hombres se darán cuenta de que todo está en las manos de Jesús, ya que Él, después de haber solucionado, en Su primera venida, la cuestión de la culpa de la humanidad, al final de los tiempos, solucionará definitivamente la cuestión del poder.

Es un hecho maravilloso de que, para los hijos de Dios y a través de la fe, ambas cosas ya han sido solucionadas, es decir: El Señor Jesucristo nos ha purificado con Su sangre y redimido de la culpa del pecado, pero Él también nos ha redimido del poder del pecado. “El pecado no se enseñoreará de vosotros”, nos dice Romanos 6:14. De lo que aún no hemos sido redimidos, es de la presencia del pecado, del pecado dentro de nosotros, como sigue diciendo Romanos 7:18: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien”. Este hecho explica la razón por la cual, a veces, un creyente puede convertirse en un verdadero monstruo. Es que no se encuentra bajo el dominio del Espíritu de Dios. Sin embargo, ¡la victoria ya fue conseguida para nosotros! Pablo exclama en 1 Corintios 15:57: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

¿Cuál es el fundamento de la segunda venida de Jesucristo? Su amor. En base a este amor, Él ha comprado para Sí, con Su propia sangre, a Su Iglesia. ¡Qué grandioso es lo que leemos en Apocalipsis 1:5!: “Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre”. De acuerdo con nuestro pensamiento natural, el orden debería estar invertido: primero lavado y luego amado. Pero, el hecho es que es justamente al revés: ¡El Señor primero nos amó!

Por eso decimos que el fundamento de la segunda venida de Jesucristo es Su amor. Porque en base a este amor, Él ha comprado para Sí, con Su propia sangre, a Su Iglesia. De esto seguiremos hablando en el próximo programa, porque el tiempo se ha acabado. Gracias por su atención y hasta nuestro próximo encuentro!

Dios desea responder nuestras oraciones y Él mismo les da fuerza
El regreso de Jesús (2ª parte)

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