El Pueblo Escogido de Dios (2ª parte)

El Pueblo Escogido de Dios 
(2ª parte)

Autor: Dave Hunt

  La designación extraordinaria de Israel, dispuesta por Dios para el cumplimiento de Su voluntad para la humanidad, es el tema predominante en la profecía bíblica. El Mesías debía venir a Israel y, a través de Israel, al mundo entero. De ahí que una clara comprensión de las profecías relacionadas al pasado, presente y futuro de Israel, sea de significado fundamental para el entendimiento de la primera venida de Cristo y de Su anunciado regreso.


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PE2030 – Estudio Bíblico
El Pueblo Escogido de Dios (2ª parte)



¿Cómo están, amigos? Como ya escuchamos, Dios había dado promesas en cuanto a la tierra. Al unir Su propio nombre a estas promesas, Dios se da a conocer en la Biblia, por lo menos diez veces, como “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob” (así lo leemos en muchos pasajes: Ex. 3:15 y 16; 1 Cr. 29:18; Mt. 22:32; Hch. 3:13, etc.). También se reveló a Moisés de esta manera, desde la zarza ardiente. En esa oportunidad, también mencionó su nombre Jahvé, que quiere decir “YO SOY EL QUE SOY”. Él es el que es eternamente, que existe por sí mismo, y de quien depende la totalidad de la creación. En Su argumentación sobre la resurrección, también Jesús aprovecha el hecho de que Jahvé es conocido como el “Dios de Abraham, Isaac y Jacob”, al decir en Mt. 22:31 y 32: “Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos”. La palabra “Dios” no es un nombre, sino un término de género, aplicable a todo dios. Por eso, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob nos proclama Su nombre que es “Jahvé”. Con éste, Él se diferencia de todos los demás dioses de las religiones del mundo.

Por diversas razones, Dios no es Alah el Dios del Islam, ya que el carácter de los dos es totalmente diferente. No obstante, los más altos representantes de la iglesia católica romana declararon, entre otras cosas, en resoluciones tomadas en el 2doConcilio del Vaticano, que el Dios de los musulmanes y el de los cristianos sería el mismo. Incluso hay cristianos evangélicos que intentan mostrar una cierta tolerancia y una postura ecuménica, al declarar que musulmanes y cristianos estarían adorando al mismo Dios. ¡Pero nada podría estar más lejos de la verdad que este intento de explicación! Una mejor comprensión del rol de Israel, sin embargo, explica este asunto. Es seguro que Alah no es el “Dios de Abraham, Isaac y Jacob”, porque Alah les ha jurado enemistad a estos hombres y su objetivo es la aniquilación de los descendientes de ellos. El nombre Alah es un nombre propio, que existe hace mucho tiempo, antes de que Mahoma fundara la religión del Islam, que es hostil hacia Israel y el cristianismo. Alah era el nombre del dios luna, representado por la imagen idólatra más importante en la Kaaba, en La Meca. Éste también es el origen de la medialuna, como símbolo. El Islam, no obstante, rechaza todo tipo de idolatría, pero Alah mismo tenía una larga historia como deidad pagana, historia que llega hasta muy adentro del tiempo pre-islámico. Lo que es seguro, es que él no es el Dios de la Biblia.

Los dioses de los gentiles, que eran representados por imágenes, una y otra vez son denunciados públicamente. Aquellos que los adoran, de la misma manera, son condenados por los profetas de Jahvé. En ninguna parte se encuentra tan siquiera el indicio más pequeño de que una de esas deidades paganas pudiera ser una representación de Jahvé. Y Pablo, también, enfatiza que aquellos que adoran imágenes, en realidad estarían adorando a los demonios que se esconden detrás de esas imágenes.

Aun entre los cristianos reina un creciente desacuerdo en cuanto a si Israel aun tendrá un lugar especial en el plan de Dios. Esta controversia va acompañada por un rechazo cada vez más marcado de la doctrina bíblica que dice que la Tierra de Israel pertenece a los judíos. Algunos cristianos opinan que la elección de Israel habría sido una preferencia no justificada por parte de Dios, ya que, según ellos, la Biblia dice, en Hch. 10:34, que Dios no mira a la persona. Este amor imparcial de Dios ya era difícil de entender hasta para Pedro, ya que para los judíos (y los primeros cristianos eran judíos también) ningún gentil, es decir ningún no-judío, tenía esperanza alguna de salvación, según las exigencias de la ley mosaica. Pedro sólo se dejó convencer a través de un milagro de que el evangelio no era sólo para los judíos, sino también para los que no lo eran.

En el cristianismo actual, aún hay grandes grupos de cristianos a quienes les cuesta creer que Dios ama de la misma manera a todas las personas, y que según Su voluntad todos deben ser salvos. Aun cuando la Biblia enseña claramente: “Porque de tal manera amó Dios al mundo… el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad… que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (esto podemos leer en Jn. 3:16; 1 Ti. 2:4; y 1 Jn. 4:14).

¿Cómo es posible que este amor imparcial de Dios sea compatible con la idea de un pueblo escogido? Dios nos dio a entender varias veces que Él no escogió a Israel por “miramiento de persona”. La elección de Israel sucedió a pesar de que el pueblo no era digno de la misma, y que no era mejor que otros pueblos. Al contrario. Por su actitud rebelde, el pueblo de Israel merecía el juicio. A través de este pueblo indigno, sin embargo, Dios quiso demostrar Su amor, Su gracia y Su misericordia al mundo.

Dios hizo que Sus profetas anunciaran lo siguiente a Israel: “No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres (Abraham, Isaac y Jacob, nota del editor), os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto” (así dice en Dt. 7:7 y 8). Y en Is. 30:9 y 10, dice: “Porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová; que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras”. Y, finalmente, en Ez. 2:3, dice así: “Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día”.

Así que vemos que ésta es: La gracia inexplicable de Dios

Pues, en la Biblia leemos una y otra vez que los judíos, al igual que el resto de la humanidad, viven en rebeldía contra Dios y que, en definitiva, no se merecen otra cosa sino el juicio divino. Aun así, Dios bendice al pueblo de Israel en base a Su gracia y a Sus promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob, ya que el pueblo no tiene mérito propio que mostrar. Además de eso, esa gracia fue adquirida a través de la muerte del Mesías. La contradicción entre la Biblia y el Corán no podría ser más clara en este punto. A pesar de que Alá es denominado como “misericordioso”, él muestra esa misericordia sólo a unos pocos. Su manera de proceder con la mayoría de las personas es sin gracia, y no ofrece ninguna posibilidad de perdón de pecados. Contrariamente al evangelio bíblico de la gracia de Dios, en el Islam, la salvación es por obras, y ganadas al cumplir la ley. El Corán no conoce los términos gracia ni misericordia divina, ni la idea de un pago completo de la culpa humana a través de un Salvador. Según la enseñanza del Corán, el musulmán recibe la bendición divina no por gracia, sino a través de sus propias obras: “Vosotros sois el mejor pueblo que jamás haya surgido entre la humanidad. Vosotros ordenáis sólo lo que es justo y prohibís la injusticia y creéis en Alá” (así dice en Sura 3:111). En el mismo verso, los judíos son llamados “sacrílegos”, y en Sura 4:53 dice que Alá los ha maldecido: “A éstos Alá ya los ha maldecido, y a quien Alá maldice, ése no halla ayudador.”

En la actualidad se escucha decir, también, aun a cristianos evangélicos, que el regreso de varios millones de judíos a la tierra de sus padres habría sido tan sólo un acontecimiento histórico accidental, y no tendría ningún valor profético. Se dice que no habría sido Dios quien habría llevado a los judíos de regreso a Israel, ya que ellos no serían dignos de ello. Que un gran porcentaje del pueblo judío estaría compuesto por ateos y agnósticos, ya que casi todos todavía rechazan a su Mesías. Que muchos de ellos serían humanistas, materialistas y seguidores de la Nueva Era. Y que, además, Israel no siempre habría sido ejemplo para los palestinos y sus vecinos árabes. Si un registro de pecados de ese tipo fuera hasta muy entrado el pasado, sería imposible que Israel pudiera disfrutar de la bendición especial de Dios.

 

El Pueblo Escogido de Dios (1ª parte)
El Pueblo Escogido de Dios (3ª parte)

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