El primero y el último Rey de Jerusalén 3/3

Titulo: “El primero y el último Rey de Jerusalén” 3/3
  

Autor: WimMalgo 
Nº: PE1110

Jesucristoquiere borrar, por Su sangre, todas las manchas oscuras en tu vida. El quiere, en virtud de Su muerte, romper todas las ataduras pecaminosas. Quiere justificarte ante el Dios y Padre, conforme a Su resurrección, para que puedas ser un rey y sacerdote sin mancha según el orden de Melquisedec.-


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“El primero y el último Rey de Jerusalén” 3/3

Estimado amigo, con el programa de hoy llegamos a ver el actuar profético de Melquisedec como el primer rey de Jerusalén. Es una débil imagen de la obra eternamente válida del último Rey de Jerusalén. Voy a leer Génesis 14:18: “También Melquisedec, rey de Salem, quien era sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino.” Melquisedec fue al encuentro de Abram, que estaba cansado y rendido por la lucha, lo bendijo y le trajo las sustancias de la redención: pan y vino. En esta imagen vemos al último Rey de Jerusalén, quien unió en la cruz del Gólgota los dos contrastes “justicia” y “paz”. Allí, sacrificándose a Sí mismo y ofreciéndose por nosotros, El satisfizo plenamente la justicia de Dios, y obtuvo la paz con Dios por Su sangre derramada. Allí en la cruz del Gólgota, la justicia y la paz se besaron. En nuestro pasaje vemos a Melquisedec en una radiante luz profética, como trae pan y vino a Abram, el luchador cansado, y esto me hace ver al último Rey de Jerusalén, en la noche que fue traicionado: “Mientras ellos comían, Jesús tomó pan y lo bendijo; lo partió y lo dio a sus discípulos, y dijo: Tomad; comed. Esto es mi cuerpo. Tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del pacto, la cual es derramada para el perdón de pecados para muchos” (Mt. 26:26-28).

Estimado amigo, en el pasado y hasta el presente, una y otra vez se ha discutido quién podía ser ese Melquisedec. Los judíos de la antigüedad pensaban que Melquisedec era Sem, que vivió aún unos cincuenta años con Abram. Pero la Santa Escritura no hace ni la más mínima alusión a que Melquisedec sería de descendencia semita, perteneciendo a la población autóctona de Canaán, que fue expulsada por los descendientes de Cam, que inmigraron más tarde. Esta teoría no armoniza con Hebreos 7, pues allí se presupone que Melquisedec tenía otra descendencia que Abram y Leví. Por lo tanto, la respuesta a la pregunta de quién era Melquisedec, no es importante, de lo contrario la Biblia no la pasaría por alto.

Ahora bien querido amigo, la pregunta: “¿Por qué apareció como el primer rey de Jerusalén?”, es mucho más decisiva. La respuesta es: para representarnos al último Rey de Jerusalén aún más glorioso. En toda la Biblia, se dice únicamente de Melquisedec y de una manera absolutamente extraordinaria que: “…se asemeja al Hijo de Dios” (He. 7:3). En la vida de este primer rey de Jerusalén, no importan, pues, ni la familia, ni los vínculos de la descendencia o del tiempo, sino solamente lo que fue ante Dios y ante los hombres. Por eso, este sacerdote-rey, como el único en toda la Santa Escritura, es comparado expresamente con Jesús.

Estimado amigo,¿Quiénes y qué somos, pues, como renacidos, como creyentes neotestamentarios? Voy a leer 1 Pedro 2:9 que dice: “Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.” Aquí se nos imponen algunas preguntas en cuanto a nosotros mismos: 

Primero: ¿Tienes frente al enemigo una actitud real de victoria, como Melquisedec lo expresó frente a Abram, diciendo: “Bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos”? ¿O manifiestas solamente vergonzosas derrotas?

Segundo: ¿Intervienes de manera sacerdotal ante Dios por el pueblo, o tu vida de oración está debilitada? Es una pregunta de importancia decisiva, pues lo que eres en oración ante Dios, también lo eres para los hombres y delante de ellos.

Tercero: ¿Anuncias en tu vida diaria las virtudes de Aquél que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable, o no puedes sostenerte ante la comparación con Jesús? Al fin y al cabo, lo importante es justamente este punto. Melquisedec “se asemeja al Hijo de Dios.” Melquisedec estaba libre de las cadenas de la carne, sin padre y sin madre, sin principio, sin fin y sin descendencia. Te pregunto con santa seriedad: ¿Estás libre de todas las ataduras de la carne, de todo sentir terrenal? “Ocupad la mente en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 3:2). Pues Dios te asemeja cada vez más a Su Hijo. Según Romanos 8:29, Dios quiere que seamos sejemantes a la imagen de Su Hijo, para que El, Jesús, sea el Primogénito entre muchos hermanos. Tú, que eres rey y sacerdote, ¿sabes lo que Le costó poder enaltecerte de esta manera? Apocalipsis 1:5b-6 nos da la respuesta: “Al que nos ama y nos libró de nuestros pecados con su sangre, y nos constituyó en un reino, sacerdotes para Dios su Padre; a él sea la gloria y el dominio para siempre jamás.”

¿Dónde está el pan y dónde el vino en tus manos? En otras palabras: ¿Cómo y cuándo compartes la redención con otros? Muchos, hoy en día, se entregan al rey de Sodoma, a Satanás, porque faltan los “Melquisedec”, que los previenen. Abram fue fortalecido decisivamente por Melquisedec, de manera que pudo resistir victoriosamente el posterior encuentro con el rey de Sodoma. Y repito: Melquisedec “se asemeja al Hijo de Dios.” Creo que es de importancia decisiva que salgas ahora a la luz con lo más recóndito de tu ser. Ven y deja que seas asemejado al Hijo de Dios, pues tienes que poder sostenerte ante esta comparación, y esto realmente es posible. Quizás objetes: “Bueno, pero no soy como Jesús.” Pero puedes llegar a ser semejante a El por medio de Su preciosa sangre. El quiere borrar, por Su sangre, todas las manchas oscuras en tu vida. El quiere, en virtud de Su muerte en la cruz del Gólgota, romper todas las ataduras pecaminosas. El quiere justificarte ante el Dios y Padre, conforme a Su resurrección, para que puedas ser un rey y sacerdote sin mancha según el orden de Melquisedec. Toma conciencia de tu gloriosa y alta vocación y vive de acuerdo a ella. Pues aún un poquito y vendrá el que debe venir, y no tardará.

¡Maranatha, ven pronto, Señor Jesús!

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