El primero y el último Rey de Jerusalén 1/3

Titulo: “ El primero y el último Rey de Jerusalén” 1/3
 

Autor: WimMalgo 
Nº: PE1108

Varios puntos sobre Melquisedec, el  primer Rey de  Jerusalén, son tratados  en este programa de Wim Malgo.


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“El primero y el último Rey de Jerusalén” 1/3

Estimado amigo, acerca del rey Melquisedec leemos en Génesis 14:17-20 las siguientes palabras: 

“Cuando Abram volvía de derrotar a Quedarlaomer y a los reyes que estaban con él, el rey de Sodoma salió a su encuentro en el valle de Savé, que es el valle del Rey. También Melquisedec, rey de Salem, quien era sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino y le bendijo diciendo: “Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra. Bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos.' Y Abram le dio a él el diezmo de todo”.

El primer rey de Jerusalén entra, repentina e inesperadamente, desde la eternidad en el tiempo. Este rey Melquisedec es una figura misteriosa. Solamente su nombre, sus palabras y su actuar, como también el hombre frente al cual actúa, nos dan explicaciones sobre el propósito de su aparición. Tenemos, pues, varios puntos de apoyo acerca de ese primer rey de Jerusalén.

En primer lugar: su nombre.

“Melquisedec” significa “rey de justicia”. Si el nombre significa “rey”, se impone la pregunta: ¿de dónde era rey? La respuesta nos es dada aquí en Génesis 14:18: Era rey de Salem, lo que significa “paz” y es una abreviación del nombre Jerusalén, ciudad de la paz. Génesis 14 nos cuenta de la sublevación de los cinco reyes contra Quedarlaomer, que era su censualista, y de la batalla que resultó de esto. Ya en los tiempos antiguos, la historia de los pueblos era el andamio de la historia de la salvación. En medio del tumulto del combate, como resultado de la injusticia y de la querella, se revela el primer rey de Jerusalén, el rey de Salem, que es al mismo tiempo sacerdote del Dios Altísimo. Su nombre real es Melquisedec, es decir, justicia; su reino real se llama Salem, es decir, paz. Queremos subrayar aquí que la historia de la salvación es como un círculo. Lo que pasó en aquel entonces, en el tiempo de Abram (la revelación del primer rey de Jerusalén en medio de la guerra de los pueblos), ahora se manifiesta otra vez, pero de manera amplia y completa. En medio de la rabia de los pueblos que se está desencadenando, se revela Salem, o sea, Jerusalén. Esto significa que tenemos por delante la venida del último Rey de Jerusalén, quien es también Sacerdote según el orden de Melquisedec, y esto para toda la eternidad.

En segundo lugar mi querido amigo: Sus palabras.

Las palabras del primer rey de Jerusalén son de significado profético muy importante, pues son bendiciones. El bendecido es bendecido. ¡Oh, si todo lo que decimos fuera pura bendición! ¡Si no tienes nada que decir que sea de bendición, es mejor que te calles! La primera frase de la bendición de Melquisedec hace entrar, con mucho poder, la vida de Abram en la zona de protección de Dios: “…y le bendijo diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra”.

Querido amigo, la segunda frase pone todo lo que acaba de ser librado por la mano de Abram, en el campo de fuerza de Dios: “Bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tus manos.” Las palabras del primer rey de Jerusalén ponen, pues, al primer israelita, Abram, en la zona de protección de Dios, y a través de la proclamación del poder de victoria, en el campo de fuerza de Dios. Meditemos un momento este hecho. Abram, con el cual Dios hizo un pacto sin condiciones, ahora es bendecido y protegido por un sacerdote. Esto nos muestra que este Melquisedec, este rey-sacerdote, es un personaje extraordinario.

Miremos el momento de su aparición. Melquisedec apareció cuando los juicios de Dios comenzaron a irrumpir sobre los pueblos de aquel entonces. En Génesis 12:7, Dios promete la tierra a Abram: “Y se apareció Jehová a Abram y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y él edificó allí un altar a Jehová, quien se le había aparecido.” Y vemos en el versículo 10, que un juicio viene sobre los habitantes: “Hubo hambre en la tierra.” Génesis 13:13 nos menciona la razón del juicio que irrumpe sobre los pueblos, pues allí leemos: “Los hombres de Sodoma eran malos y muy pecadores contra Jehová.” En el capítulo 14:10 ya tenemos los conflictos armados: “El valle de Sidim estaba lleno de pozos de brea. Y al huir los reyes de Sodoma y de Gomorra, cayeron en ellos, mientras que los demás huyeron a las montañas.” En medio de estas luchas, se revelan tres hechos de la historia de la salvación, que son bendecidos en Dios y por El. Primero, el rey-sacerdote, luego la primera mención de Salem, o sea, Jerusalén, y por último, el primer miembro del pueblo de Israel, Abram. Si la historia se repite, cuanto más se repite, en nuestros días, la historia de la salvación, la cual se manifiesta cada vez más lúcida y claramente en medio del juicio que irrumpe sobre los pueblos: ¡la ciudad de Jerusalén, los descendientes de Abraham y pronto también el último Rey de Jerusalén!

Estimado amigo, en tercer lugar veamos: El encuentro con Abram.

Miremos ahora la extraordinaria característica de Melquisedec: Fue al mismo tiempo sacerdote y rey: “También Melquisedec, rey de Salem, quien era sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino. Abram se humilló delante de él, pues le dio el diezmo de todo. Abram reconoce, pues, al primer rey-sacerdote en su futura ciudad. Si Abram era un profeta de Dios, entonces Melquisedec era Su sacerdote. Y si la posesión de la tierra había sido prometida a la descendencia de Abram, entonces Melquisedec estaba ya en posesión de ella. A pesar de esto, Melquisedec, como el primer rey de Jerusalén, cedió el paso al venidero y último Rey de Jerusalén, quien iba a salir de la descendencia de Abraham. En el momento del encuentro, en la presentación exterior de Melquisedec, éste era el más grande, pero en el futuro, Abram, en su descendencia, iba a adquirir aún una importancia mayor que Melquisedec. Por eso, Melquisedec le dio la honra debida al futuro, o sea, al último Rey de Jerusalén, bendiciendo a Abram; y Abram honró el presente de Melquisedec, dándole el diezmo. Sabemos que ese misterioso Melquisedec es una representación profética de Jesucristo y es semejante al Hijo de Dios.

El Melquisedec celestial quiere tener un encuentro también contigo. Quiere atraerte, de manera muy nueva, a la zona de protección de Dios, y al campo de fuerza de Dios. Quiere bendecirte y darte victoria. Abram aceptó esto en una clara decisión, dándole el diezmo a Melquisedec, es decir, humillándose delante de él, aceptándole a él y al mismo tiempo rechazando al rey de Sodoma. Y tu también querido amigo, ¿quieres también aceptarle? Le espero en el próximo programa.

Examinándonos a nosotros mismos
El primero y el último Rey de Jerusalén 2/3

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