El Pecado que Nadie Confiesa (1ª Parte)

El Pecado que Nadie Confiesa 
(1ª parte)

Autor: William MacDonald

La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le hadado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva aexaminar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, lacual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos ydescubramos más acerca de este concepto.


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PE1823 – Estudio Bíblico
El Pecado que Nadie Confiesa(1ª parte)



Estimados amigos oyentes, en 1 Timoteo 6:3al 5, Pablo le advierte a Timoteo sobre ciertos líderes cristianos que creen que el ministerio cristiano es una forma de enriquecerse. Estos hombres suponen que la piedad profesional es una forma fácil de llenarse de oro los bolsillos.Sus descendientes aún están con nosotros (celebridades de radio y televisión que han elevado la captación de recursos a la categoría de arte y la han reducido a una ciencia). A través del uso de ciertas estrategias sicológicas y astutas, manipulan a algunos creyentes fácilmente impresionables. Siempre tienen algún nuevo proyecto para agregar a su vasto imperio. Ellos viven encasas lujosas, poseen carteras de inversión bastante abultadas, visten ropas y joyas muy elegantes, y exhiben un peinado realizado por el coiffeur de moda. Y todo esto lo hacen en nombre de nuestro Amigo de Nazareth, el cual no tenía ni un centavo.

El apóstol advierte a Timoteo que se aleje de estos traficantes religiosos y, por implicación, de sus prácticas. La combinación ideal es tener piedad con contentamiento. Una persona piadosa que tenga contentamiento, que sea rica en carácter y rica en las pocas cosas que desea, tiene algo que el dinero no puede comprar. Malcolm Muggeridge testificó que los momentos más felices de su vida fueron aquellos en los que disfrutó de la sencillez y la austeridad (una pequeña cabaña, una mesa, una silla, un poco de arroz sobre una hoja verde). Estas cosas, dijo, conllevan su cuota de entusiasmo.

Nada hemos traído a este mundo y ciertamente nada nos llevaremos del mismo. Las manos de un recién nacido están cerradas con firmeza, pero no tienen nada en ellas. Cuando la persona muere, más adelante,sus manos están abiertas y vacías. Alejandro Magno dejó instrucciones para que cuando muriera sus manos quedaran visibles, con sus palmas vacías. Había conquistado al mundo, pero había muerto con las manos vacías. El Dr. James Dobson aprendió esta lección al jugar un juego con su familia. Dejemos que él nos cuente la historia.

Shirley y yo nos casamos en 1960 y no tuvimos ninguna especie de problema financiero, debido a que no teníamos finanzas.A partir de allí el Señor nos bendijo, y hemos probado un poco lo que el mundo piensa que debes tener para ser feliz, como una casa, un auto, y otras cosas.Pero estoy aprendiendo, más y más, que la felicidad no se encuentra en las posesiones materiales. El Señor me ha estado enseñando sobre el vacío del materialismo, incluso ha usado un juego para trasmitirme el mensaje.

Recientemente, con mi familia, jugamos Monopolio, haciendo esto que volviera a jugarlo por primera vez luego de más de quince años. Unos momentos después de empezar, volví a sentir aquel entusiasmo y pasión, especialmente cuando comencé a ganar. Todo me salía bien y llegué a ser el maestro de la partida. Ya era dueño del Boardwalk y del Park Place, y tenía casas y hoteles por todos lados. Mi familia estaba ofuscada, y yo colocaba billetes de 500 dólares en mis bolsillos, debajo del juego y en el asiento. Repentinamente, el juego terminó. Yo había ganado. Shirley y los chicos fueron a la cama y yo puse todo de nuevo en la caja. Entonces, me impactó un sentimiento de vacío. Todo el entusiasmo y la pasión que había sentido anteriormente no tenían fundamento. No poseía a nadie más que aquellos a quienes había derrotado. ¡Todo lo demás tuvo que volver a la caja!

El Señor me mostró que debía aprender una lección, más allá del juego del Monopolio. Reconocí que también estaba siendo testigo del juego de la vida. Luchamos por acumular y comprar, por poseer y refinanciar, y, repentinamente, llegamos al final de nuestras vidas y tenemos que colocar todo nuevamente en la caja. No podemos llevar ni un sólo centavo.No hay compañías de transporte que nos acompañen a través del Valle de Sombra de Muerte. Ahora entiendo por qué la Escritura nos dice:“La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”.

En algunos países, atrapan a los monos colocando arroz en un recipiente, lo suficientemente grande como para que el animal logre hacer entrar su mano vacía. Cuando obtiene el arroz y cierra su puño, ya no la puede quitar. Pero, no suelta el arroz. Por lo cual, queda atrapado. Atrapado por su propia codicia.

Anteriormente, Pablo habló sobre el contentamiento.Ahora, el versículo 8 de 1 Timoteo 6, lo define como una satisfacción provocada por la comida y la vestimenta. La palabra que usa para“abrigo”no sólo se refiere a la ropa, sino también a un techo sobre nuestra cabeza. Así que se refiere a lo básico de la vida. Nos hemos familiarizado tanto con este versículo, que dejamos de darnos cuenta lo radical que es.

Quizá nos ayude si recordamos cuán pocos creyentes que conocemos quedan satisfechos con la comida, la ropa y la casa.Para la mayoría de la cristiandad sería muy bueno si este versículo no estuviera en la Biblia.

En el versículo 9, el apóstol continúahablando y se refiere a aquellos que desean hacerse ricos. Esto incluye atodos, tanto a los ricos, como a los pobres. Incluye a todo aquel que seaavaro. La avaricia es la compulsión de obtener cada vez más, la determinaciónde obtener algo, incluso si Dios no quiere que la persona lo tenga. Una personacodiciosa no puede disfrutar de algo, a menos que lo posea o, por lo menos, queposea parte de ello.

El pecado puede ser sexual (“Nocodiciarás la mujer de tu prójimo”) o, como en el caso de 1 Timoteo6, puede ser materialista. En todo caso, se trata de idolatría, porque adora ysirve a aquello que es creado en vez de al Creador.

El problema es que hemos tomado este pecado, y lo hemos bautizado con el bautismo cristiano. Le hemos otorgado un respeto cristiano al llamarlo prudencia, sentido común, responsabilidad financiera, y previsión. Cuando preguntamos: “¿Cuánto vale aquel hombre?” lo que queremos decir, en realidad, es “¿Cuánto dinero ha acumulado?” “Avanzar en el mundo”significa acumular cosas materiales. Llamamos a los codiciosos “la crema de la sociedad” y “la cresta de la ola”. Algunos, han señalado que la codicia fue la que vendió a Jesús por 30 piezas de plata. Una vez que Cristo fue vendido para ir a la cruz, la iglesia profesante comenzó a vender la cruz misma. Luego,comenzó a vender la forma de llegar al cielo a través de las indulgencias,prometiendo la liberación del purgatorio.

La codicia niega el verdadero propósito de nuestra existencia. Se olvida que estamos aquí con una misión superior que la de hacer dinero, o de absolvernos a nosotros mismos. Se olvida que el mejor uso de nuestro dinero es para propósitos espirituales.

La codicia es engañosa. J.H. Jowett dijo: Las riquezas pueden hacer que un hombre piense que crece en tamaño cuando, en realidad, está decreciendo. Considera su propio tamaño en base a sus ingresos,y no en base a sus egresos por razones de beneficencia. Mientras sus ingresos se expanden, sus egresos se contraen.

La codicia es irracional. Luchamos por obtener cosas que no necesitamos, para impresionar a gente que no nos cae bien.

El hecho que amontonemos dinero que podría usarse en la propagación del evangelio, frustra el plan de Dios en pro de la evangelización mundial.

 

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