El Origen de la Religión

El Origen de la Religión

Autor: Herman Hartwich

El hombre rompió su relación con Dios en el Edén. Desde ese momento ha puesto en práctica la “religión”: el intentar recuperar el vínculo por medios propios y no a la manera de Dios. Para reconstruir el vínculo Él solo demanda la plena confianza en el poder de Jesucristo.


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PE1861 – Estudio Bíblico  –  El origen de la religión



¿Qué tal, mis queridos amigos? Estaba pensando esta mañana en el origen de la religión. ¿Saben ustedes cuándo pudo haber comenzado la religión? Yo creo que comenzó en el mismo momento en que el hombre y la mujer fueron expulsados del Edén; ellos rompieron la comunión, la relación con Dios, y perdieron su paz por su propia desobediencia. Entonces nace el deseo de recuperar esa relación, nace el deseo de recuperar esa paz, pero por medios propios y no por los medios de Dios. Si nosotros vamos a la historia bíblica, en los primeros capítulos del libro de Génesis encontramos que Abel (el hijo de Adán y Eva) regresó al Padre por el método de Dios, porque él se presentó delante de Dios con el sacrificio de un cordero, derramó la sangre de un cordero; este ya era un tipo del derramamiento de la sangre del cordero de Dios que quita el pecado del mundo, o sea la persona de Jesucristo.

Dice la Palabra de Dios que él fue acepto, pero tuvo que morir como el primer mártir de la fe, víctima de su hermano religioso. ¡Sí! Porque su hermano Caín era religioso: él se presentó delante de Dios a su manera, no como Dios había mandado. Y allí empezó y continuó y continuó hasta hoy; y años más tarde los hombres querían llegar al cielo sin Dios. ¿Se acuerda la historia aquella tremenda de los hombres que se juntaron y dijeron “vamos a hacer una torre y lleguemos al cielo por nuestros propios medios”? Quisieron decir prácticamente eso: “nosotros en nuestras fuerzas vamos a llegar al cielo”. Dios los confundió en ese loco intento, y esto es muy llamativo: dice que Dios bajó y confundió las lenguas para que no se entendieran, y esto paró totalmente, truncó el intento del hombre de llegar al cielo en sus propias fuerzas.

¡Me encanta el diccionario de la lengua española! Allí busqué la palabra “confundir”; quiere decir “mezclar dos o más cosas diversas de modo que las partes de las unas se incorporan a las de las otras”, “barajar confusamente diferentes cosas que estaban ordenadas”, “equivocar”, “perturbar”, “desordenar una cosa”. Y “confusión” se define como “perplejidad”, “desasosiego”, “turbación del ánimo”, “abatimiento”, “humillación”. Ahora, como los hombres han rechazado a Dios y a su plan, Dios mismo (dice la escritura) los entregó a confusión. ¡Y no me digan que esto es injusto! ¡Que nadie se atreva a decir que esto es injusto! Pablo dice que como los hombres no aprobaron tener en cuenta a Dios, Él mismo los entregó a una mente reprobada para hacer cosas que no convienen (esto lo dice Pablo escribiendo a los Romanos en el capítulo uno verso veintiocho). Pero también es como dice en 2ª Tesalonicenses, capítulo 2, versos 10 y 11: “Y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos; por esto Dios les envió un poder engañoso para que crean la mentira”. ¡Qué tremendo! No han querido recibir la verdad. “Para que sean todos condenados los que no creyeron a la verdad sino que se complacieron en la injusticia”.

A lo largo de toda la historia la humanidad lucha entre obedecer a Dios o hacer las cosas como se le antoja. “Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de cebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes ni de ovejas ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? ¡No me traigáis más vana ofrenda! El incienso me es abominación, luna nueva y día de reposo. El convocar asambleas no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas. Cansado estoy de soportarlas. Cuando extendáis vuestras manos yo esconderé de vosotros mis ojos. Asimismo cuando multipliquéis la oración yo no oiré. Llenas está de sangre vuestras manos; lavaos y limpiaos, quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos. Dejad de hacer lo malo, aprended a hacer el bien, buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano y amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta. Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada, porque la boca de Jehová lo ha hablado”. “Este pueblo” (decía más adelante Dios a través del profeta) “de labios me honra pero su corazón está lejos de mí”.

¿Se dan cuenta lo que es la posición del religioso? Procura que el Señor se impresione con sus sacrificios, con sus ofrendas, con sus oraciones, pero es pura hipocresía. ¿Recuerda el caso que Jesús muchas veces hizo referencia a los religiosos, entre ellas aquel fariseo que se levantaba en el templo a orar y daba gracias al Señor porque él podía dar sus diezmos, ayunar,  y realmente daba gracias al Señor porque él no era como los demás pecadores? Este hombre no salió justificado de la presencia de Dios, dijo el propio Jesús. En Israel siempre la mayoría de la gente fue religiosa y fue hipócrita. Cuando Jesús vino, le dijo a Nicodemo (el principal entre los judíos, era uno de los principales religiosos, y ser integrante de la secta de los fariseos era muy difícil porque era muy exigente, extremadamente exigente: el que no llenaba los requisitos no podía integrar esa secta). Jesús le dijo: “Nicodemo, si no nacieres de nuevo no puedes entrar, no puedes ver el reino de Dios”. Años más tarde el apóstol Pablo en sus viajes misioneros, andaba por la ciudad de Atenas. ¡Es muy interesante! En el capítulo 17 del libro de los Hechos el autor (el evangelista Lucas) nos presenta un relato muy interesante en el verso 22 y  23: “Pablo, puesto en pie en medio del areópago, dijo ‘varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos, porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: ‘al Dios no conocido’. Al Dios que vosotros adoráis pues sin conocerle, es a quien yo os anuncio’”. Atenas era una ciudad entregada a la idolatría total, era la cuna de la filosofía, del vano razonamiento, del hueco palabrerío que no conduce sino a más confusión, culminando con el alma y el espíritu más vacío que nunca. Y eso es lo que sucede hoy día en nuestra sociedad. ¡Está escrito! El evangelista Lucas registra las palabras de Jesús cuando está hablando en el capítulo 21, versículo 25, que los últimos tiempos (que son los tiempos que estamos viviendo) la gente estará angustiada y confundida, y eso es lo que estamos viendo en nuestra sociedad.

Quizá tú mismo que me estás escuchando en este momento te sientes angustiado y confundido por todo lo que está pasando; y esto te está llevando a la religión, o sea, a hacer las cosas a tu manera y no a la manera de Dios, aunque uses la Biblia. Hay predicadores que usan la Biblia y hacen decir a la Biblia lo que la Biblia no quiere decir; porque cada uno busca la religión que le calce más cómodo, que no le apriete por ningún lado. Hay gente que me dice “pastor, yo estoy buscando una iglesia que me haga sentir bien, yo quiero sentirme cómodo”. Hoy tenemos un Evangelio barato y débil, y por otro lado fácil y difícil a la vez. Y cuando digo “barato” es porque no se valora el alto precio del rescate pagado por Jesús, y “débil” porque presentan otros recursos. ¡Claro! Si hay iglesias inclusive evangélicas que están presentando un Cristo débil, en definitiva contradictorio; porque por un lado dicen “Cristo tiene todo poder”, pero por otro “tienes que hacer esto, tienes que hacer eso, usa esto, ponte esto, lávate con aquello, cruza este camino”. Muletas, muletas para sostener a Jesús; una confusión entre la afirmación de que Jesús puede pero tienes que hacer esto o aquello. Y cuando digo “fácil y difícil”, pues es fácil para los que tienen plata generalmente, dinero; pero se torna difícil para el pobre. Y si el Evangelio que presenta la Biblia no es igual para todas las personas, ese no es el Evangelio bíblico; el Evangelio que tú estás escuchando si no anda para Estados Unidos y también para el África donde se están muriendo de hambre o de sed… Es el mismo Evangelio, es el que trae la esperanza para las mismas personas: aquellas que están viviendo en la opulencia como aquellos que están en la indigencia. ¡Aleluya, porque hoy tenemos la gracia de saber que no necesitamos la religión! Mis queridos amigos, yo les quiero decir en este momento: ¡a la basura con la religión! ¡A las basura con todo eso de “has esto o has aquello”! Porque Cristo lo hizo todo; yo solo tengo creer y recibir el beneficio de ese sacrificio costoso. Claro que los atenienses se revelaron cuando oyeron de Jesús y su resurrección; hoy también la gente cambió la imagen del Salvador, porque el Cristo es flojo, se acomoda al gusto de la gente, es un Cristo que se ha mundanalizado… Pero no se engañe. No busque al Cristo a su gusto, la iglesia a su gusto; busca al Cristo de la Biblia, busca al Cristo que te llama a volverte hacia él de corazón. Mis queridos amigos: el apóstol San Pablo cuando se entregó a Jesucristo dijo “he tenido todo mi pasado por basura para ganar a Jesucristo”. Pero yo quiero terminar con estas palabras: Hebreos 4:16, “Acerquémonos pues confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Acércate ahora a Cristo; él no te rechazará si tú te arrepientes de tus pecados y le pides perdón.

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