El Mesías, esperanza para el futuro (parte 8).

Titulo: “El Mesías, esperanza para el futuro” (parte 8).

Autor: Hal Lindsey
  Nº: PE888
Locutor: Gerardo Rodríguez

Es impactante ver la precisión exacta con que Dios cumple las promesas, que ha dado a través de la boca de muchos profetas.

En esta oportunidad, veremos dos promesas acerca del Mesías, Jesucristo: 

  1. Nacido en Belén
2. Nacido de una Virgen.

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“El Mesías, esperanza para el futuro” (parte8).

NACIDO EN BELEN

Estimado amigo, leamos primeramente la profecía que encontramos en Miqueas 5;2,4 y 5: 

“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.

Y él estará, y apacentará con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra. Y éste será nuestra paz.”

Y en MATEO 2:4-6 leemos: 

“Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel.”

Una vez al año, en Navidad, le es dado al mundo un significativo recuerdo de lo que Dios es capaz de hacer para mantener una promesa, y cumplir una profecía al pie de la letra.

El profeta Miqueas, un contemporáneo y amigo de Isaías, fue usado por Dios para adherir algunas piezas estratégicas al rompecabezas de la profecía mesiánica, la cual él venía desarrollando a través de los siglos de la historia judía. En el capítulo cinco de su libro, Miqueas registra una de las predicciones más específicas acerca de la venida del Mesías. Su lugar de nacimiento sería en un diminuto pueblito, en la provincia de Judea, en Palestina; la ciudad en la que había nacido el rey David, Belén.

Esta profecía del Mesías es comparable con la famosa profecía de “la vara del tronco de Isaí” de Isaías 11:1. Para animar a la gente en su situación desesperada, Miqueas les predice la venida de aquél que vendría de Belén (o sea, de la casa de David) quien, en la fuerza del Señor, restauraría a Israel a su tierra y reinaría sobre ellos en el nombre del Señor y en una paz eterna.

Los Hombres Sabios lo Buscaron en Aquel Entonces y Aún lo Hacen Hoy!

Era tan sabido que este pasaje de la Escritura predecía el origen del Mesías, que cuando los sabios gentiles, algunas veces llamados magos, vinieron de Mesopotamia a la corte de Herodes procurando encontrar el lugar de nacimiento del Mesías judío, Herodes llamó a los teólogos de Israel. Cuando él inquirió de estos líderes judíos donde nacería su Mesías, sin titubear dijeron: “En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta” y, entonces, continuaron citando la profecía de Miqueas a Herodes.

¡Todo está en las Manos de Dios!

Por 2000 años no ha habido duda sobre el lugar de nacimiento de Jesús. Todos saben que fue en Belén. Pero las circunstancias por las que su madre llegó allí, justo a tiempo para que él naciera, son asombrosas en verdad. Hasta poco antes de su nacimiento, María estaba viviendo en Nazaret, el cual era tanto su pueblo como el de José. Cuatro años antes, el emperador romano, César Augusto, decidió imponer un impuesto especial en algunas de sus provincias conquistadas. Esto se llevó a cabo al forzar un censo que requeriría que cada persona retornara a la ciudad tradicional de sus ancestros.

A los judíos no les gustó la idea de un impuesto especial, así que enviaron una comisión a Roma para protestar porque Quirinius, el gobernador local de Siria, no tenía autoridad para resolver el problema. En aquellos días, la comunicación y los viajes eran lentos. Finalmente, esta comisión fracasó y los judíos tuvieron que someterse al censo y al impuesto. Para el tiempo en que los cobradores de impuestos hubieran hecho su trabajo hacia el este, pueblo tras pueblo y provincia tras provincia, se habría provocado el atraso necesario, todo en el curso normal de los eventos, para que cuando el censo fuera aplicado en Judea y María y José fueran obligados a ir a su ciudad ancestral, Belén, hubiera llegado el tiempo exacto para que María diera a luz al niño Jesús.

Ni María, ni el César, ni los cobradores de impuestos romanos controlaban el tiempo, no estando tampoco en condición de hacerlo. El Dios que gobierna el mundo y tiene la sartén por el mango, literalmente “movilizó a los pueblos del mundo y cronometró todo hasta el día preciso, para que María y José fueran a Belén justo a tiempo para que Jesús, el Mesías escogido, naciera en el lugar preciso, el lugar designado por el infalible dedo de la profecía!”

Vamos a la segunda profecía que queremos estudiar hoy: 

NACIDO DE UNA VIRGEN.

También aquí leemos dos pasajes de la Biblia: 

ISAIAS 7:14

“Por lo tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.”

Y LUCAS 1:30-35

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”

Quizás la declaración más cuestionada que hace el Nuevo Testamento acerca de Jesús es que nació de una virgen, de acuerdo con la predicción de Isaías (Isaías 7:14). No es su nacimiento lo que es cuestionado.

Es algo coherente con todos los otros fenómenos sobrenaturales asociados con el Mesías prometido, que su entrada a este mundo fuera también de una manera única. Isaías predijo específicamente que una virgen tendría un hijo y que su nombre sería “Emanuel.” Ese nombre significa, “¡Dios con nosotros!” El también escribió a su nación, Israel, “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6).

Ese niño que sería llamado Dios Poderoso y Padre Eterno es el mismo hijo que nacería de una virgen en Belén. Y ese hijo de una virgen no era otro que el Mesías mismo.

No hay duda de que esta profecía es por lejos la más disputada de todas las denominadas profecías mesiánicas. Los estudiosos que desacreditan esta profecía lo hacen en base al hecho que la palabra hebrea “almah”, que se traduce como “virgen”, en español puede ser traducida también como “soltera.” Eso es cierto. El término “almah” puede significar a veces “una joven soltera” pero siempre se refiere a una jovencita “no casada”. Acerca de esto Martín Lutero dijo: “Si un judío o un cristiano puede probarme que en algún pasaje de la Escritura “almah” significa 'una mujer casada,' le daré cien florines…”<V>*<V>

Como el propósito principal de este pasaje acerca del nacimiento virginal tenía que ver con la promesa de una señal “milagrosa” dada a la casa de Judá de que sus enemigos no la aniquilarían, sería una señal vacía y sin significado si una “joven soltera” fuera simplemente a tener un hijo y, especialmente, un hijo ilegítimo. El dar a luz hijos sucede diariamente a mujeres casadas y desafortunadamente a mujeres no casadas también. Sin embargo, sería realmente una señal milagrosa para la casa de David si una “virgen” diera a luz un hijo.

A pesar de que muchos hombres disputen la declaración de Jesús de ser el cumplimiento de la profecía de Isaías, de un hijo nacido de una virgen, y que el pasaje hable de una virgen, no se puede menospreciar el hecho de que 250 años antes de que Jesús naciera, la traducción hebrea del Antiguo Testamento al griego (La Septuaginta) traduce la palabra “almah” como la palabra griega “parthenos”, la cual significa únicamente “virgen.” ¡Aquellos escribas judíos estaban esperando a un Mesías nacido de una “virgen”!

Y así fue, así aconteció, porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquél que en El cree, no se pierda sino tenga vida eterna. ¿Cree usted esto, estimado amigo?

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