El Mesías, esperanza para el futuro (parte 23).

Titulo: “El Mesías, esperanza para el futuro” (parte 23).

Autor: Hal Lindsey
Nº: PE905

El rey venidero, anunciado por los profetas y Jesucristo mismo, es la historia que nos relata la Biblia, de punta a punta. El prometido de Dios se convirtió en el centro de la esperanza.

 

Jesús prometió que El vendrá personalmente a nuestra vida, a través de la puerta de nuestra voluntad, si tan sólo le invitamos a hacerlo.


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“El Mesías, esperanza para el futuro” (parte 23).

Estimado amigo, me alegro poder compartir con usted hoy el tema: 

EL REY VENIDERO

Leemos en Salmos 2:11-12: 

“Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían.

Y en Apocalipsis 3:20 el Señor Jesús dice: 

“He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

El primer libro de la Biblia, Génesis, da comienzo a la historia de un hombre en el paraíso terrenal, y el último libro del Nuevo Testamento, Apocalipsis, tiene al hombre en el paraíso nuevamente. Pero la historia de lo que sucede entre estos dos episodios es una epopeya de amor y de odio, de bien y de mal, de luz y de tinieblas, de esperanza y de desánimo, de triunfo y de derrota. Ahora bien, Dios, quien tuvo la“primera palabra” para con la humanidad, tendrá también la“última“.

El hombre siempre ha sido el blanco del amor y la preocupación de Dios, aún después de pecar y rebelarse contra él. De hecho, eso fue lo que hizo que él pusiera en acción lo que podría llamarse como Operación Promesa. Dios le prometió a Adán y a Eva que llegaría el día en el cual la simiente de la mujer habría de deshacer el daño hecho por Satanás a la humanidad“y” rectificaría los perjuicios de ese mal para con la tierra misma.

Esta es la historia que nos relata la Biblia, de punta a punta. El prometido de Dios se convirtió en el centro de la esperanza y los sueños de una raza humana especial que él había formado de la simiente de Abraham, Isaac, y Jacob; el pueblo conocido como la raza escogida, los judíos. A través de ellos, la esperanza del libertador (el cual fue prometido con frecuencia) y su reino de amor y paz fue esparcida alrededor del mundo hasta que muchos pueblos comenzaron a anhelar inconscientemente que tal reino de paz llegase un día.

Sin embargo, cuando hace 2000 años, en Jerusalén, apareció un hombre en el escenario proclamando ser el Mesías, y presentó las credenciales de las profecías cumplidas en su vida, las personas que habían esperado tan ansiosamente que Dios enviara a su ungido, le rechazaron a él y a su oferta de establecer el reino de Dios en ese entonces. Sin embargo, debe ser notado aquí, que no fue el promedio de los hombres de Israel que rechazó la proclamación de Jesús de que él era el Mesías. Miles y miles de judíos sí creyeron su mensaje y experimentaron un renacimiento espiritual al aceptar, en forma gratuita, el ofrecimiento de Jesús de perdonar sus pecados e impartirles la vida eterna de Dios.

La verdadera resistencia hacia Jesús y el rechazo de su persona como rey debería depositarse, directamente, a los pies de los líderes religiosos que eran los custodias de la Palabra de Dios y quienes conocían las profecías referentes a la prometida liberación. Ellos permitieron que la tradición, los prejuicios, el orgullo y el favoritismo les cegaran a la verdad de sus propios profetas. Cuando rechazaron a su rey, el reino de Dios fue pospuesto en la tierra. ¡No al rey! ¡No al reino!

Como Jesús mismo profetizó, cuando la nación no le recibió como su Mesías, se colocaron bajo la más severa disciplina que hubieran tenido en su historia, por parte de Dios, hasta ese momento. En un período de cuarenta años su ciudad fue destruida, y el templo, que había sido más significativo para ellos que su Mesías, fue derribado piedra por piedra, y no ha sido reconstruido hasta el día de hoy. La gente fue muerta y esparcida a lo largo de la faz de la tierra. No conocieron otra cosa que no fuera aflicción de corazón y oposición durante los siguientes diecinueve siglos.

Pero el que hayan rechazado su reino, realmente sirvió para el bien de los gentiles, ya que Dios tomó su reino rechazado y lo ofreció a todos aquellos, tanto judíos como gentiles, que acepten a Jesús como salvador ahora y como rey venidero próximamente.

Muchos profetas de la Biblia han denominado a los eventos finales de la raza humana, según los tiempos de Dios: Los postreros tiempos. Este es un término que incluye muchos eventos específicos, los cuales llevan a la culminación natural de la historia humana en este planeta y que son precursores del reluciente mundo nuevo que ha de venir.

Los profetas bíblicos no son los únicos que han predicho que este mundo, tal cual lo hemos conocido por tantos siglos, no seguirá por mucho tiempo así. Economistas responsables, hombres de estado, científicos y ecologistas, predicen el juicio final del planeta y de todo lo que hay en él.

Uno de esos científicos, el Profesor George Wald, biólogo de la Universidad de Harvard, ganador del premio Nobel, dijo recientemente: La vida humana está siendo amenazada como nunca antes, no por uno sino por muchos peligros, cada uno capaz de destruirnos por sí solo, pero a la vez están todos relacionados, y se nos vienen encima en conjunto. Yo soy uno de los científicos que no ve la manera de hacer que la raza humana viva mucho más allá del año 2000.1

El hombre se está aproximando a lo que Dios llamó “Los postreros tiempos”, pero el final mismo no estará determinado por los caprichos de los hombres que activen con sus dedos las bombas nucleares. Dios tiene un plan preciso de acción que ya ha comenzado a poner en práctica.

Como en los Días de Noé

Cuando los discípulos de Jesús le preguntaron cómo es que sabrían cuándo él iba a retornar a ellos, él dio su respuesta usando una alegoría histórica (Mateo 24:32-44). El dijo que su venida sería similar a los días de Noé. La gente estaría con sus negocios como de costumbre — comiendo, bebiendo, casándose — pero sin prestar atención a las advertencias de Noé acerca del inminente juicio de Dios. Entonces Dios puso a aquellos que creyeron en la predicación de Noé en una barca y fueron librados del terrible juicio que cayó sobre los incrédulos. El patrón de acción establecido aquí fue que Dios, primero, dio“una advertencia profética“, luego, su“pueblo fue quitado” y, luego,“cayó el juicio“.

Lo que Jesús nos muestra con esta ilustración es el patrón de cómo los eventos se han de dar al final de los tiempos. La gente irá de aquí para allá sin darle importancia a Dios y a todas las advertencias proféticas respecto a su juicio venidero sobre el pecado. Entonces aquellos que han creído en él como su salvador y son, por tanto, verdaderos hijos de Dios, serán quitados del mundo y, luego, caerá un gran juicio sobre aquellos que queden.

Este gran tiempo de tribulación durará siete años en los cuales Dios procurará, al quitar cualquier otra esperanza, acercar al hombre a sí mismo. Millones creerán el mensaje de los 144.000 judíos evangelistas que proclaman que Jesús es su Mesías. Estos siete años en los cuales ellos procurarán volver el corazón de los hombres a Dios, son aquellos siete años que se le quitó a la nación cuando crucificaron a su Mesías. En ese momento tendrán la oportunidad de hacer algo más que reivindicarse por haber fallado en ser testigos de Dios durante su historia.

El Salmo 2:11,12 es el solemne consejo que David da, proféticamente, a aquellos que estarán viviendo en la tierra durante los terribles siete años de tribulación anteriores al regreso del Mesías a la tierra para establecer su reino. En el resto del Salmo, David habla de este momento en el cual su Hijo más Importante vendrá a la tierra y encontrará que las naciones estarán amotinadas tratando de cortar todo vínculo con Dios.

Cuando el Mesías, que fue el“Cordero de Dios” pero que ahora se ha tornado en el“León de Judá“, venga en su gloria al final de estos siete años de purificación de la tierra, él enviará desde Sión la vara de su poder y dominará en medio de sus enemigos. Quebrantará a los reyes en el día de su ira, juzgará entre las naciones (Salmo 110).

A la luz de esta terrible manifestación de la ira de Dios sobre los hombres pecadores que le rechazan, David suplica en su Salmo: “Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, y alegraos con temblor. HONRAD AL HIJO, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían” (Salmo 2:10-12).

En Apocalipsis 3:20 se nos presenta a Jesús en su rol de rey. Lleno de gracia, en esta oportunidad, promete que él vendrá, personalmente, a nuestra vida, a través de la puerta de nuestra voluntad, si tan sólo le invitamos. No necesitamos esperar hasta que el reino de Dios venga a la tierra y que el Mesías esté reinando con justicia sobre el mundo nuevo que ha prometido. Podemos experimentar la paz y el gozo interno de su reino en nuestros corazones mientras esperamos la llegada del rey.

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