El hombre que no estaba vestido de Boda 3/3

Titulo: “El hombre que no estaba vestido de Boda” 3/3
 

Autor: MarcelMalgo 
Nº: PE1066

Tal como está, con su impureza, con su vestido sucio, venga y entre en la presencia del Señor. No se avergüence de derramar ante él toda su mugre.

Si lo hace recuperará su completa libertad y gozo de cristiano renacido.-

 


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“El hombre que no estaba vestido de Boda”  3/3

¡Ay también de las personas que una vez experimentaron un verdadero nuevo nacimiento y hoy en día nuevamente viven en algún pecado! Como ya se ha mencionado, estimado amigo, en el programa pasado, por su exterior no siempre es fácil reconocerlos, pues estos cristianos hoy como ayer tienen apariencia piadosa. Sin embargo, de hecho, han manchado la “vestidura de la salvación” y el “manto de la justicia”. En su interior mora un entristecido Espíritu de Dios, cuya obra está reducida a un mínimo. Pero aún cuando ninguna persona pueda distinguir su pecado, ante el “rey” se encuentran totalmente descubiertos: “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13). El ve quién de nosotros se mueve con vestidos manchados entre muchos otros cristianos. A través del profeta Jeremías pregunta: “Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?”.

Querido amigo, querida amiga, le formulo una pregunta muy personal: ¿Vive usted de tal manera que pueda permanecer ante Cristo si en este preciso instante él viniera para llevarlo a casa? ¿O con este encuentro saldría algo a la luz que le incomodaría porque usted creía que nadie sabía al respecto?

Si usted tuviera que admitir que la “vestidura de la salvación” y el “manto de la justicia” en usted están manchados ¿qué es lo que debería hacer entonces?

¡Venga a la luz!

Tal como está, con su impureza, con su vestido sucio, venga y entre en la presencia del Señor. No se avergüence de derramar ante él toda su mugre.

Si lo hace, le garantizo que recuperará su completa libertad y gozo de cristiano renacido. Para visualizarlo veamos un ejemplo bíblico. El profeta Zacarías escribe: “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle.

Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie” (Zacarías 3:1-5).

El hombre que aquí estaba con vestiduras viles ante el ángel del Señor no era ni más ni menos que el sumo sacerdote Josué. Pero, cuando se expuso a la luz del Señor, pudo escuchar dos tremendas declaraciones: 

En primer lugar, estimado amigo, Con relación al acusador: “Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?” (Zacarías 3:2).

Cuando Satanás estaba delante del Señor para acusar a Josué, desde el punto de vista jurídico estaba en lo correcto, pues Josué ciertamente vestía “ropas viles”. Pero había algo aún mayor que estos pesados hechos, es decir el llamado de Dios y elección de Josué como sumo sacerdote para Israel. Sin embargo, lo decisivo no fue su alta responsabilidad espiritual; ésta de ninguna manera lo colocaba por encima del hecho de que usara “ropas viles”. Lo decisivo fue que con toda su inmundicia se paró directamente en la luz del Señor. Por eso pudo escuchar las palabras que el Señor le dirigió a Satanás: “¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?”

Es grave vivir en pecado siendo un cristiano renacido, nadie debería subestimarlo.

Cobre ánimo y párese con todo su pecado (también pensamientos) en la directa luz del Señor Jesús. Allí quedará de manifiesto que sus “ropas están manchadas”, pero al mismo tiempo también se manifestará que hay algo contra lo cual el diablo no tiene ningún poder: ¡Su eterno llamamiento y elección en Cristo Jesús! Esta elección basada en la fe en la sangre redentora de Jesucristo es más poderosa que cualquier pecado. Si un cristiano persiste en su pecado está debilitado y es sumamente vulnerable.

Sin embargo, si con este pecado el cristiano se acerca al Señor, la redención lograda en el Gólgota adquiere una nueva fuerza. Y entonces esas preciosas palabras también resonarán sobre su vida: “¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?” En la carta a Judas se exhorta a los hijos de Dios: “A otros salvad, arrebatándolos del fuego” (Judas 1:23). Quien haya aceptado al Señor Jesús en su corazón y en su vida es “un tizón arrebatado del incendio”.

En segundo lugar, Con relación a sí mismo, dice la palabra: “Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala” (Zacarías 3:4).

Querido amigo, querida amiga, ¿por qué duda tanto en llevarle al Señor aquello que en su vida no está en orden? ¿No se da cuenta de que en este momento usted es sumamente vulnerable? ¿No advierte que el enemigo está jugando con usted y que usted vive en derrota a pesar de conocer al vencedor? Le suplico: ¡Anímese, vaya hoy, ahora mismo, con sus pecados a Jesús!

Si lo hace algo tremendo acontecerá: Al diablo se le presentará un documento firmado con la sangre de Jesús, en el cual dice: [Jesús perdonó todos los pecados] “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Colosenses 2:14).

Mientras permanezca en cualquier pecado se encontrará en una terrible condición. Pero si emprende su marcha y le presenta su pecado a Jesús, repentinamente se manifestará que hoy, como ayer, usted es su posesión, un hijo de Dios. La salvación apropiada por la fe, que se obtuvo por la entrega de Jesucristo en la cruz del Gólgota, ya no puede revertirse pues permanecerá por siempre. Pero no llevará fruto mientras la persona salva persista en el pecado.

Venga a la luz de su Redentor y arrepiéntase de corazón. Tal vez para esto ya no tenga demasiado tiempo.

Si lo hace hoy mismo, en este instante también escuchará las palabras: “¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? … Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala” (Zacarías 3:2.4).

Y si entre nuestros amigos hay alguien que nunca se ha entregado realmente al Señor lo animo: Si usted no se convierte hoy de todo corazón al Señor Jesús, puede llegar el momento en que para usted sea demasiado tarde y “el rey” le dirá a sus “siervos”: “Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 22:13).

Cada persona es llamada a participar de la fiesta de bodas. Pero quien nunca se ha convertido, realmente no será de los escogidos. Por eso, vuélvase hoy mismo, arrepiéntase de sus pecados, y acepte al Señor Jesús en su corazón y en su vida.

El Señor se lo conceda por gracia.

El hombre que no estaba vestido de Boda 2/3
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