El Esposo real y su boda 1/3

Titulo: “El Esposo real y su boda” 1/3
  

Autor: NorbertLieth 
Nº: PE1204

En general, las poesías y las canciones se dirigen a la esposa. Pero el Salmo 45, que es mesiánico, canta particularmente al Esposo. ¿Por qué? Descúbrelo en este programa.

 


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“ElEsposo real y su boda” 1/3

Estimado amigo, para comenzar este estudio bíblico quiero leer para usted el Salmo 45. Dice así:”Al músico principal; sobre Lirios. Masquil de los hijos de Coré. Canción de amores. Rebosa mi corazón palabra buena; dirijo al rey mi canto; mi lengua es pluma de escribiente muy ligero. Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre. Ciñe tu espada sobre el muslo, oh valiente, con tu gloria y con tu majestad. En tu gloria sé prosperado; cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia, y tu diestra te enseñará cosas terribles. Tus saetas agudas, con que caerán pueblos debajo de ti, penetrarán en el corazón de los enemigos del rey.

Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de tu reino. Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros. Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos; desde palacios de marfil te recrean. Hijas de reyes están entre tus ilustres; está la reina a tu diestra con oro de Ofir. Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; y deseará el rey tu hermosura; e inclínate a él, porque él es tu señor. Y las hijas de Tiro vendrán con presentes; implorarán tu favor los ricos del pueblo. Toda gloriosa es la hija del rey en su morada; de brocado de oro es su vestido. Con vestidos bordados será llevada al rey; vírgenes irán en pos de ella, compañeras suyas serán traídas a ti. Serán traídas con alegría y gozo; entrarán en el palacio del rey. En lugar de tus padres serán tus hijos, a quienes harás príncipes en toda la tierra. Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones, por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre.

Quien ha estado enamorado, seguramente alguna vez escribió una carta de amor. Estando embarcado, durante mi servicio en la marina, nos tocaba estar en alta mar por largo tiempo, y sólo recibíamos correo cada vez que nos abastecía un barco de aprovisionamiento. Generalmente recibíamos muchas cartas. Algunos de su esposa, otros de su amada novia o prometida. Estas cartas se habían apilado en el puerto mientras estábamos en alta mar, y luego habían sido enviadas en el barco de aprovisionamiento. A bordo nunca reinaba tanto silencio como en esos momentos, en los que cada uno recibía sus cartas y descendía aprisa al camarote para poder leerlas. Cada carta era leída con la mayor atención y nada era más importante. Casi podría decirse que en ese momento no había nada más sagrado que las cartas de la persona que uno amaba.

El Salmo 45 es una carta de amor en forma de canción, y merece toda nuestra atención. Abunda en sentimientos, estímulos y pensamientos, que apenas se pueden describir con palabras. El escritor está verdaderamente emocionado: “Rebosa mi corazón palabra buena; dirijo al rey mi canto; mi lengua es pluma de escribiente muy ligero” (Salmo 45:2).

Esta canción de amor tiene que ver con la descripción de una fiesta de bodas al estilo oriental. Describe al esposo real y su belleza perfecta, su excelsa majestad, su pureza y su realeza; al igual que el amor dirigido hacia él, el anhelo del día del casamiento y los pensamientos acerca del transcurso de la fiesta de bodas. Pero la novia no es el centro de atención aquí, sino el novio.

La novia y el novio en un casamiento judío, aún hoy, son vistos como el rey y la reina.

Lo hermoso de esta canción de amor es que no se trata de una canción de moda pasajera, sino de una realidad llena de esperanza. En primer lugar, la novia es llamada a las bodas y presentada al novio. Luego entra a sus aposentos y se alegra con su amor eternamente. Este amor nunca declinará, sino que irá en aumento por los siglos de los siglos.

La hermosura del Esposo real

Veamos los dos primeros versículos del Salmo 45: “Al músico principal; sobre Lirios. Masquil de los hijos de Coré. Canción de amores. Rebosa mi corazón palabra buena; dirijo al rey mi canto; mi lengua es pluma de escribiente muy ligero” (v. 1-2). ¿Quiénes describen esta profunda relación amorosa? ¡Justamente los hijos de Coré! Y eso por sí solo ya es un mensaje.

Durante la marcha del pueblo de Israel a través del desierto, el levita Coré fue el líder de la sublevación contra Moisés y Aarón, junto a otros hombres influyentes. Empujado por la insatisfacción, los celos y la envidia, Coré puso a muchas personas del pueblo en contra de los líderes establecidos por Dios. Al hacerlo, se rebelaron directamente contra el Señor: “Por tanto, tú y todo tu séquito sois los que os juntáis contra Jehová…” (Números 16:11).

Su rebelión y sus palabras fueron tan graves, que Dios abrió la tierra debajo de sus pies, y ésta tragó a Coré y a los otros rebeldes junto con sus pertenencias, y la mayoría de sus familias. De esa forma cayeron vivos al Seol (v. 31-33). Pero en la Biblia también dice: “Mas los hijos de Coré no murieron” (Números 26:11).

Y justamente a estos hijos de Coré se les atribuye la autoría de once Salmos de la Biblia, entre los cuales también se encuentra el Salmo 45, en el cual se refleja su íntima relación con Dios. Si bien sus padres fueron rebeldes, ya que lucharon contra Dios, los hijos se convirtieron en servidores de Dios, expresaron su amor al Señor y depositaron toda su confianza en Él. Son mencionados como “hijos de Coré”, lo que demuestra la infinita gracia de Dios. En los versículos 11 y 17 está escrito: “…olvida tu pueblo, y la casa de tu padre” y “En lugar de tus padres serán tus hijos…” Eso significa que Dios no juzga a los hijos de los padres que se rebelaron contra Dios, sino que por medio de un verdadero arrepentimiento se produce una división, y puede haber un comienzo completamente nuevo. Dios no es rencoroso. De esta forma, por ejemplo, el gran profeta Samuel es un descendiente de Coré (1 Crónicas 6:16-23). En el Nuevo Testamento eso significa: 

· “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

· “…sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (2 Pedro 1:18-19).

· “…el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Colosenses 1:13). Este “ha” es un tiempo llamado “aoristo” en el texto original griego, el cual se usa para una acción ya concluida.

El Salmo 45 continúa diciendo: “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre” (v. 3). Sus corazones rebozan, intentan expresar sus sentimientos con palabras, pero quedan atónitos ante la belleza del rey. ¿De quién se trata? ¿De quién hablan los hijos de Coré? Sin duda, se trata de Jesucristo, el Mesías de Israel.

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