“El encuentro con el Señor, un encuentro que hace posible lo imposible” (1 fe 3)

Título: EL encuentro con el Señor, un encuentro que hace posible lo imposible

Autor: Norbert Lieth Nº PE1364

Un acontecimiento muy especial: Eliseo hace flotar el hierro que había caído al río a través de un palo que había cortado de un árbol. Queremos tratar de aprender de este acontecimiento, allá al lado del río Jordán, primeramente con respecto a Israel y, luego, a todos los seres humanos.


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Estimado amigo, al comenzar quiero leer con ustedes en el segundo libro de los reyes, en el capítulo 6, los versos 1 a 7: 

“Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: — He aquí que el lugar en que habitamos contigo es demasiado estrecho para nosotros. Permite que vayamos al Jordán, que tomemos de allí cada uno un tronco y que nos hagamos allí un lugar donde podamos habitar. El dijo: — Id. Luego uno dijo: — Por favor, dígnate venir con tus siervos. Y él respondió: — Yo iré. Entonces fue con ellos; y cuando llegaron al Jordán, cortaron los árboles. Pero sucedió que cuando uno de ellos estaba derribando un tronco, se le cayó el hierro del hacha al agua, y dio voces diciendo: — ¡Ay, señor mío! ¡Era prestada! El hombre de Dios preguntó: — ¿Dónde cayó? Le mostró el lugar. Y él cortó un palo, lo echó allí e hizo flotar el hierro. Entonces dijo: — Tómalo. Y él extendió la mano y lo tomó”.

Estos hijos de los profetas, llamados en otras traducciones alumnos de los profetas, o también discípulos de los profetas, probablemente aprendían la Palabra de Dios, más que nada, en forma teórica. Por medio del acontecimiento con el hierro del hacha, que se había caído al agua, y que Eliseo hiciera flotar usando un trozo de madera, ellos debían ser introducidos, en forma práctica, a toda la verdad del obrar profético de Dios con Israel y con el mundo. Allí se les mostraba en que consistía, desde sus comienzos, la verdadera misión de Israel en este mundo. El Dios todopoderoso hizo acontecer algo delante de sus ojos, que no solamente nunca más olvidarían y que no solamente les mostraba la grandeza y el poder de Dios, sino que tenía el deber de aclararles Sus profundos pensamientos de salvación en Cristo para con este mundo. Dios, en cierta forma, con esto les presentaba, unos 600 años antes de Cristo, la meta salvadora de la cruz del Gólgota y sus enormes consecuencias, y que la solución y el futuro de Israel, y de toda la humanidad, consiste sólo y únicamente en esa cruz.

En Hebreos 9:14b está escrito: “¡Mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios.” ¡Jesucristo es la gran meta de Dios!

A los alumnos de los profetas se les demostró, por medio del madero milagroso, cuál era la verdadera meta de su existencia y cuál su tarea. Con respecto a esto, Pedro escribe en su primera carta, 1,9-11: “… obteniendo así el fin de vuestra fe, la salvación de vuestras almas. Acerca de esta salvación han inquirido e investigado diligentemente los profetas que profetizaron de la gracia que fue destinada para vosotros. Ellos escudriñaban para ver qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, quien predijo las aflicciones que habían de venir a Cristo y las glorias después de ellas”.

Queremos tratar ahora de aprender de este acontecimiento, allá al lado del río Jordán, primeramente con respecto a Israel y, luego, a todos los seres humanos.

Israel – una meta sin cruz

Israel es un pueblo profético — lo que ocurre en y con él es profético. De esta manera, Israel también es la señal más grande de los últimos tiempos y el indicador de la venida de Jesucristo.

En Israel se encontraba la cruz del Gólgota. De este pueblo salió el Cristo. De él provienen los profetas. Allí fue creada la Biblia, allí se hicieron visibles las revelaciones divinas de la salvación. Y, en Israel, también se cumplirá la última profecía. Así lo dijo Pedro, en su prédica de Pentecostés. Desde este punto de vista, el obrar y el acontecer, con respecto a los hijos de los profetas de nuestra historia, de hecho, es de índole profético. Y nos preguntamos si ese acontecimiento no es una manera de mostrar, con anticipación, los acontecimientos de los actuales hijos de los profetas (Israel). Si bien ellos tienen una meta que es buena y que corresponde a la voluntad de Dios, les falta algo decisivo. Con respecto a esto, veamos los siguientes cuatro puntos: 

1. Se trata de fortalecer y ampliar el país, con una moderna política colonizadora. “Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: — He aquí que el lugar en que habitamos contigo es demasiado estrecho para nosotros. Permite que vayamos al Jordán, que tomemos de allí cada uno un tronco y que nos hagamos allí un lugar donde podamos habitar. El dijo: — Id.”

Desde que los judíos (hijos de los profetas) han regresado a su tierra, ellos están ocupados en establecer su país. Con mucho sudor y esfuerzo, como también con pérdidas, han conquistado, construído y ampliado la tierra.

2. Dios, a través de las muchas promesas de la Biblia, (demostrado en el actuar de Eliseo) estaba con ellos. Continúa diciendo: “Luego uno dijo: — Por favor, dígnate venir con tus siervos. Y él respondió: — Yo iré. Entonces fue con ellos; y cuando llegaron al Jordán, cortaron los árboles” (vs. 3-4). Instado por el Espíritu de Dios, Eliseo acompañó a sus alumnos al Jordán.

No es necesiario citar aquí la muchas promesas de las Escrituras que indican, claramente, que Dios ha prometido a los judíos la tierra de Israel también para los últimos tiempos. A través de todos los años de conquista y de reconstrucción del país, el Señor ha estado con los judíos que han regresado. Ellos tuvieron que mantenerse firmes durante las guerras por su existencia, contra la gran superpotencia de enemigos árabes, y siempre, por medio de muchos milagros obrados por Dios, salieron victoriosos. Todos estos años, desde la fundación del Estado de Israel en el año 1948 — solamente tres años después del holocausto — son prueba de la fidelidad de Su infalible Palabra.

3. Por buena que sea la meta y la tierra que les fue prometida, les falta lo decisivo. En nuestra historia sigue diciendo: “Pero sucedió que cuando uno de ellos estaba derribando un tronco, se le cayó el hierro del hacha al agua, y dio voces diciendo: — ¡Ay, señor mío! ¡Era prestada!” (v. 5).

A pesar de todos sus esfuerzos y fatigas, a Israel solamente le queda desesperación. En vez de estar ganando más y más terreno, está constantemente perdiendo poder, medios económicos y el apoyo de este mundo para poder ampliar, realmente, la tierra para sí. En medio de la reconstrucción de su país, el mundo y su política se vuelve en contra de ellos, le quita fondos económicos y tierras. Están, en cierto sentido, perdiendo el hacha. A los israelíes de nuestros días todo se les está cayendo de las manos. ¡Sin embargo, pareciera que tiene que ser así!

¿No está pasando una exclamación de terror por el pueblo de Israel porque tiene miedo de perderlo todo?! “Pero sucedió que cuando uno de ellos estaba derribando un tronco, se le cayó el hierro del hacha al agua, y dio voces diciendo: — ¡Ay, señor mío!” Porque a uno de los hijos de los profetas se le cayó el hierro del hacha al agua, todos sus demás esfuerzos estaban destinados a fracasar. El pueblo de Israel reconocerá, o mejor dicho tendrá que reconocer, que todos sus esfuerzos propios no pueden llevarlo a nada. Y, eso, a pesar de que las promesas proféticas están de su lado y que era el camino de Dios hacer regresar a los judíos de todo el mundo a su propia tierra.

A causa de la pérdida del hierro del hacha, la construcción fue parada en aquel tiempo. Así también sucede en la actualidad: Todo el fruto de los esfuerzos propios de cultivar la tierra y de ampliarla, repentinamente parece estar perdiéndose.

4. Tiene que suceder así, para que Israel alcance su meta.

Leemos: “El hombre de Dios preguntó: — ¿Dónde cayó? Le mostró el lugar. Y él cortó un palo, lo echó allí e hizo flotar el hierro.” Con la pérdida del hierro del hacha había llegado la hora del milagro. ¡Ahí fue cuando Dios intervino!

¿No es verdad que la actual situación de Israel nos enfrenta a la hora de la segunda venida de Jesús? Israel necesita su experiencia del Gólgota — a eso debe ser guiado el pueblo. Solamente por intermedio de la cruz, Israel llegará a la paz y a la meta final, y eso está ilustrado proféticamente en esta historia.

Israel, hoy, se encuentra frente a la catástrofe más grande posible: Este pueblo todavía será despeñado a los raudales de las aguas de la muerte, es decir a la gran tribulación; y así, entonces, se encontrará frente a su mayor milagro. La cruz, que ya fue levantada sobre esta tierra hace 2000 años atrás, por medio de segunda venida de Jesucristo, será puesta ante los ojos de Israel para su salvación. ¡Entonces se hará posible lo que para este pueblo ha sido imposible! La exclamación del joven profeta: “¡Ay, señor mío! ¡Y eso que era prestada!”, en cierto sentido, es una exclamación profética del Israel de estos últimos tiempos. La “buena misericordia” es la cruz del Gólgota, donde el rey de los judíos, Jesús, consumará la solución de todos los problemas de Israel (y del mundo entero). El vendrá como el Mesías de Israel y volverá Su gran misericordia hacia ese pueblo. Así, Israel será liberado de en medio del mayor sufrimiento y será resucitado a una vida nueva

“El encuentro con el Señor” (4 de 4)
“El encuentro con el Señor, un encuentro que hace posible lo imposible” (2 de 3 )

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