El Cristiano y la Ley (3ª parte)

El Cristiano y la Ley 
(3ª parte)

Autor: Ger de Konning

 Que no se puede ganar la salvacióncumpliendo los mandamientos, es algo que, en general, lo reconocen todos loscristianos. Pero qué pasa cuando se trata de la pregunta de qué tiene que verla ley en la vida diaria de un cristiano. Esto y mucho más es lo que veremos eneste instructivo mensaje de Ger de Konning: “El cristiano y la ley”.


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PE1964 – Estudio Bíblico
El Cristiano y la Ley (3ª parte)



Queridos amigos, habíamos dicho que: Vale la penaestudiar más a fondo la palabra “ayo”, que Pablo utiliza en este pasaje sobrela Ley (en el v. 24 de Hch. 15). Un “ayo” es alguien que cuida de un niño quele ha sido confiado, y también cuida de su bienestar físico. Ésta es la funciónde la Ley. La Ley es un ayo hacia Cristo. Esto, sin embargo, no significa quemuestra el camino hacia Cristo. Más bien caracteriza un período de la historiade la salvación, en la cual Dios regula la vida de su pueblo Israel a través deella. Esta etapa finalizó con la venida de Cristo.

Al realizar el Señor Jesús Su obra en la cruz, hizo posibleque Dios pudiera justificar a un ser humano sobre la base de la fe. Esto esposible sólo por la fe, nunca por la Ley, ni por cualquier esfuerzo humano.Desde que la obra de Cristo fue consumada, Dios ya no trata con el ser humanosobre la base de la Ley, sino sólo sobre la base de la fe.

Por eso, el versículo 25 dice:“Perovenida la fe, ya no estamos bajo ayo.Eltérmino “la fe” se refiere a la etapa de la fe. La Ley tuvo su tiempo. Losgálatas tuvieron que aprender esto muy a fondo, y en ese aprendizaje ellos tuvieronque deshacerse de las enseñanzas de los falsos maestros judíos. También paranosotros, como cristianos, es importante comprender esto. La Ley es una prisiónque quita toda libertad al ser humano que se pone bajo de la misma. Por la feen Cristo, el ser humano es liberado de esa prisión.

Si alguien después de esto vuelve a tomar la Ley como reglade vida, eso significa para él un regreso a la etapa de la Ley y un volver a laprisión. Quien regresa a esto pierde la libertad que recibió a través de la feen el Señor Jesús, y pierde toda la bendición en Cristo, que le pertenece através de la fe en Él (como menciona Gá. 5:4). En la segunda parte de esteversículo, Pablo les dice a los gálatascreyentes, que ésa es la consecuencia por querer ser justificados porla Ley. Lo que, al mismo tiempo, significa que ellos caen de la gracia. Aquídice que el creyente que desea cumplir la Ley, lo hace para ser justificado porla misma, aun cuando quizás sinceramente declara lo contrario. El hecho es queno se trata de los motivos que tiene el creyente para cumplir la Ley, sino delo que la Ley es y para qué Dios la ha dado.

De modo que nadie pudo, ni puede, cumplir la Ley. De ahí quehaya sido, y sea, imposible ser justificado por ella. Ahora, vemos que cuandoun creyente quiere cumplir la Ley, ante Dios vuelve a hacerlo sobre esta mismabase: para ser justificado por ella. Pero, eso no cambia el hecho de quealguien que en alguna forma quiera cumplir la Ley, se coloca bajo maldición.Pablo ya lo había dicho en la carta a los gálatas, cap. 3, v. 10:“Porque todos los que dependen de las obras de la Ley estánbajo maldición”. Quientoma la Ley de Dios en serio, confirmará esto.

El cristiano ya no vive en conexión con la Ley, sino enconexión con Cristo. Él ya no está bajo la Ley, sino bajo la gracia (como dieRo. 6:14). Gracia significa no esperar nada de sí mismo y entregarse totalmentea Dios. Sólo bajo la gracia se encuentra el poder de vivir para Dios.

Preguntémonosahora: ¿Cómo es posible que el cristiano ya no esté bajo la Ley?Primeramente, aclaremos que Pablo no dice en ninguna parteque la Ley no fuera buena. Al contrario, en Ro. 7:12 dice:“De manera que la Ley a la verdad es santa, y el mandamientosanto, justo y bueno”. Porque,¿cómo podría algo que viene de Dios ser malo? ¿Qué es, entonces, lo que no esbueno? No es bueno usar la Ley para ser justificado. Quien lo intenta descubresu pecaminosidad, y tiene que darse cuenta que merece la muerte.

Justamente esto es lo que Pablo dice en Gálatas 2:19:“…yo… soy muerto para la Ley.”Élreconoce la pena de muerte sobre sí mismo, contenida en la Ley. De este modo,vemos que él toma la Ley en serio. Él reconoce su autoridad. La Ley le hadejado en claro lo que es pecado, porque la Ley produce reconocimiento depecado (como vemos en Ro. 3:20; y 7:7). Él reconoce también la paga del pecado:la muerte (mencionada aen Ro. 6:23). Quien desecha la Ley, muere sinmisericordia (He. 10:28, y podemos ver también Ro. 4:15; y Stg. 2:10 y 11). Noen vano la Ley es llamada“ministeriode muerte”y“ministerio de condenación”(en 2Co. 3:7 y 9).

Pablo confirma la sentencia justa sobre sí mismo comopecador, pero él dice, al mismo tiempo, que la Ley, de ese momento en adelante,ya no tiene nada que decirle a él. Porque, ¿qué efecto puede tener la Ley sobrealguien que ha muerto? A una persona muerta, ¿se le puede decir aún “debes” y“no debes”?

En Gálatas 2:19 y 20, Pablo explica cómo él murió a la Ley ycómo se encuentra ahora:“Porqueyo por la Ley soy muerto para la Ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristoestoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo queahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y seentregó a sí mismo por mí.”Conesto, él está diciendo: En lo que tiene que ver con mi viejo hombre, con miviejoyo, he sido crucificado con Cristo. Pero, también tengo unnuevo yo, que es mi nueva vida que vive por la fe. Por eso, dice también:“[Esto] lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a símismo por mí.” Cuando uno mira al Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, entoncessiempre hay fuerza para vivir para Dios.

Que la muerte libera de la Ley, también está claramenteexplicado en Romanos 7:1 al 6. Allí, el argumento es que todos saben que unaLey sólo puede reinar sobre una persona mientras ésta vive. No tiene sentidoimponer una multa a alguien que, por ejemplo, ha infringido contra las Leyes detránsito, pero que, al hacerlo, ha perdido la vida. Una multa se le impone aaquél que puede ser hecho responsable por una transgresión cometida y que puedepagar por la misma. En el caso de un muerto, esto es imposible. En lajurisprudencia deja de existir toda acusación contra una persona, si la mismaha fallecido.

Pablo ilustra esto en Romanos 7:1 al 3, con el ejemplo de unmatrimonio. Él dice que, según la Ley, una relación matrimonial tiene validezmientras ambos cónyuges viven. Esa relación sólo es anulada cuando muere uno delos dos cónyuges. Recién ahí la mujer está libre de la Ley que la ataba a sumarido; recién entonces ella puede casarse con otro. Ella es adúltera, si llegaa ser la mujer de otro hombre mientras su primer esposo aún está vivo.

Cuando Pablo aplica este ejemplo en los versículos 4 al 6, ala conexión entre un creyente y la Ley, lo dice de la siguiente manera: Segúnla Ley, el pecador debía morir. Esto es lo que sucedió con el creyente. Él hamuerto para la Ley a través del cuerpo de Cristo (v. 4). Es decir, cuandoCristo murió, también murió el creyente. Pero, Cristo resucitó de entre los muertos.De ahí, que el creyente ya no está atado a la Ley sino al Cristo resucitado,quien tampoco tiene ya nada que ver con la Ley, ya que la Ley ha sido ejecutadaen Él en toda su extensión. Es por esa razón que el creyente ya no está atado ala Ley, sino al Cristo resucitado, y por eso puede traer fruto para Dios. Esefruto es obra del Espíritu Santo en el creyente (según Gá. 5:22), en quientiene morada después de que éste ha aceptado el evangelio de la salvación (comomenciona Ef. 1:13).

El Cristiano y la Ley (2ª parte)
El Cristiano y la Ley (4ª parte)

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