El camino hacia la perfección V (parte 3)

Titulo: “El camino hacia la perfección” V (parte 3)

Autor: Norbert Lieth
  Nº: PE854
Locutor: Gerardo Rodríguez

El caminar independiente de la oscuridad.

Reconozcamos cuán maravillosas bendiciones el Señor produjo justamente en nuestras tinieblas. Ahí El se nos revela como realmente es.

Si nos encontramos en un lugar oscuro y tenemos que atravesarlo, la Palabra de Dios brilla como una lámpara en nuestra senda!


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“El camino hacia la perfección” V (parte 3)

Estimado amigo, durante los últimos dos programas hemos estudiado algo acerca del caminar independiente de la oscuridad. Job es el gran ejemplo. Más o menos veintiséis veces Job se lamenta de las tinieblas por las que tiene que atravesar. ¿Cuál era el objetivo? Por un lado, que el Señor fuese ensalzado delante de Satanás. Pero, por otro lado, también que Job, después de la prueba, en un arrepentimiento más profundo delante de Dios, se despojase del orgullo y de la justicia propia que aún tenía en su corazón a causa de su (auténtica) piedad. Porque antes que viese al Señor, en su mayor apuro todavía decía de sí: “Los oídos que me oían me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían me daban testimonio'' (Job 29:11). Pero cuando fue conducido a través de las profundas oscuridades de la embravecida ira de Satanás, y en ellas vio al Señor, testificó: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza'' (Job 42:5-6).

Cuando vemos al Señor en espíritu, reconocemos lo que somos y quién realmente somos. También Isaías se declaró culpable: “Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios…han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos'' (Is. 6:5).

Retrospectivamente podemos, y puedes tú también, reconocer cuán maravillosas bendiciones el Señor produjo justamente en nuestras tinieblas. Ahí El se te revela como realmente es.¡Esto te hace reconocer, con temor, algún pecado aún escondido, y verlo tal como El lo ve! Y esto, a su vez, produce en ti una verdadera disposición de arrepentimiento como nunca la has tenido, por la cual te dispones a despojarte inmediatamente de todas las obras de las tinieblas. ¡Entonces la luz, el Señor mismo, irrumpe en ti como nunca antes! Isaías describió este maravilloso proceso de una forma muy plástica: “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad; y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan. Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar.'' (Isaías 58:6-12).

Si te despojas de las obras de las tinieblas, se forma un torrente de bendiciones que, a través de ti, comienza a fluir hacia los otros. El Señor no quiere nuestros esfuerzos religiosos. El quiere que nosotros, dejando voluntariamente las obras de las tinieblas, vayamos al encuentro de la luz. ¡Quiere que tu testimonio: “El Señor es mi luz y mi salvación'', llegue a ser una completa realidad, así como también lo será en la nueva Jerusalén celestial! Allí cualquier otra iluminación será superflua, porque entonces el Señor mismo será la luz que lo llenará todo: “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera'' (Ap. 21:23). Esto será una resplandeciente realidad porque entonces, según Apocalipsis 22:15, todo lo malo e impuro quedará afuera: “Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.'' Veámoslo claramente: En la nueva Jerusalén no habrá más nada impuro. ¡Por eso, echa toda impureza de tu corazón! ¡Despójate de las obras de las tinieblas! De esta manera, enseguida desaparecerá de ti el sueño espiritual y, entonces, sucederá algo maravilloso: “Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo!'' (Ef. 5:14).

La palabra del profeta Isaías en el capítulo 60:1-2, que generalmente se aplica a la Navidad, también tiene validez para el futuro de la Iglesia de Jesús, el cual, en realidad, ya ha comenzado. Dice en este pasaje de la Palabra profética: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.'' Esto no quiere decir otra cosa que: Por la fe, ¡sal de las tinieblas y entra en la luz! ¡Busca al Señor y Su luz, pues en ningún otro hay ayuda para ti! Aquí, repentinamente, se nos revela un nuevo y profundo significado de 2 Pedro 1:19: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.'' ¡Nosotros, realmente, nos encontramos en un lugar oscuro y tenemos que atravesarlo, pero la Palabra de Dios brilla como una lámpara en nuestra senda!

Antes hablamos de las tinieblas provocadas por nuestra propia culpa, pero aquí se refiere a las tinieblas de los tiempos finales por las cuales todos nosotros tenemos que pasar. Mas también en estas regiones oscuras, que causan tanto miedo a tu alma, brilla la luz de la firme Palabra profética. Recién ahora entendemos, realmente, la profundidad de las palabras: “Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado'' (1 Jn. 1:7).

La luz de la aurora

A pesar de la oscuridad que nos rodea, andamos en la luz de Su Palabra que nos juzga a fondo, la cual da en el blanco de nuestra vida y lo descubre todo. A la luz de la Palabra profética reconocemos la verdad. Y, entonces, vencemos, cada vez más, las tinieblas en y alrededor de nosotros. La claridad del Señor nos ilumina cada vez más, tal como está escrito: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto'' (Prov. 4:18). ¿Hasta cuando? Hasta la mañana del día en el cual el lucero de la mañana se levante en nuestros corazones. ¡Jesús vuelve!

¿No quieres, a partir de hoy, decidirte a andar en la luz? Si lo haces, el Señor te mostrará toda la verdad acerca de lo que aún está oscuro en ti. ¡Ante esto, muchos retroceden! Pero queremos doblegarnos ante la verdad, si es que hay algo en nosotros, en nuestro andar o en nuestra actitud, que ella condena. La Palabra de Dios tiene que ser veraz y santa para nosotros aunque, así, demuestre que todos los hombres son mentirosos. El que cierra sus ojos ante la verdad, llega (según las leyes naturales y espirituales) a ser ciego para la verdad. ¡Cuán grande es la ceguera espiritual en nuestros días!

“Andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas'' (Jn. 12:35b). Estas eran las solemnes palabras del Señor a los que desviaban sus ojos y oídos de la verdad. Si nos cerramos ante la luz que Dios nos da en Su Palabra, sufriremos graves pérdidas aquí, y allá en la eternidad. Por eso, atengámonos verdadera y fielmente al Señor y a Su Palabra. Así, y sólo así, podremos andar en la verdad, como lo dice la tercera epístola de Juan.

Leamos, una vez más, Proverbios 4:18-19: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. El camino de los impíos es como la oscuridad; no saben en qué tropiezan.'' ¡Esto es estremecedoramente serio! Por lo tanto, no te dejes cautivar por las tinieblas. Y si ya fuiste cautivado, ven ahora a la luz y experimentarás que “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado'' (1 Jn. 1:7b). ¡Entonces, todo se hará nuevo! Tu entendimiento de la Palabra profética aumentará, y la verdad y la gloria de la Persona de Jesucristo resplandecerán en ti. ¡Serás una persona nueva y, lleno de gozo, irás al encuentro de la luz! ¡Jesús viene pronto! “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará'' (Heb. 10:37).

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