Discipulado Mano a Mano y Entrenamiento de Líderes

Discipulado Mano a Mano y Entrenamiento de Líderes 

Autor: William MacDonald

  La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.


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PE2019 – Estudio Bíblico
Discipulado Mano a Mano y Entrenamiento de Líderes



¡Qué gusto estar con ustedes nuevamente, amigos! En el capítulo previo de este estudio, hablamos acerca del crecimiento de la iglesia por medio del evangelismo guiado por el Espíritu. Ahora la pregunta es la siguiente, “¿qué vamos a hacer con los nuevos convertidos? ¿Cuál es la mejor manera de asegurarles un crecimiento que les permita madurar espiritualmente?”

Rick Belles dice que: Un método común es animar al nuevo creyente a asistir fielmente a todas las reuniones de la iglesia y que de esta misma manera sea instruido. Pero, este método tiene algunas desventajas: Es incompleto, no ofrece la garantía de que todos los temas importantes sean tratados, y no le enseña al convertido cómo comprometerse con el servicio cristiano práctico porque sólo cubre el aspecto académico. Jesús no enseñó sólo doctrina; Él llevó a los discípulos a ver cómo tenían que hacer el trabajo.

Tan pronto como alguien sea salvo, un creyente espiritualmente maduro debería tomar la responsabilidad de discipularlo. Si se trata de una mujer o una muchacha, entonces su maestra debería ser una hermana mayor (esto lo podemos ver en Tito 2:3 al 5).

En lugar de seguir el mismo programa estereotipado para cada persona, quien esté encargado del discipulado debería buscar la guía del Espíritu Santo para cada caso individual. Luego debería preguntarse: “¿cuáles son los temas que se deberían contemplar para que este convertido sea un creyente bien fundamentado y equilibrado?” La siguiente es una lista de algunos temas característicos: La seguridad de la salvación; seguridad eterna; el bautismo; la adoración y la Cena del Señor; el tiempo diario de reflexión; la santidad personal; el estudio de la Biblia; la oración; la guía de Dios; la memorización de la Escritura; la administración del tiempo, los talentos y el dinero; el evangelismo personal. Todo esto tendría que estar suplementado por un estudio consecutivo y sistemático de las Escrituras.

Es de gran importancia encontrarse con el convertido semanalmente, durante no menos que una hora. En estas instancias, el maestro no sólo abarcará la verdad del bautismo del creyente, sino que además animará al discípulo a dar dicho paso de obediencia. El maestro explicará el significado del Partimiento del Pan, y la necesidad de cumplir con el pedido del Salvador,“Haced esto en memoria de Mí.”Le enseñará al bebé cristiano a orar haciéndolo con él, y a estudiar la Biblia mostrándole cómo hacerlo, usando las ayudas de las que disponga (concordancia, diccionario bíblico, comentarios, etc.). Le guiará en la selección de libros para su biblioteca, y contestará las preguntas que puedan surgir, ofreciendo su ayuda en problemas personales. El maestro elogiará cualquier evidencia de progreso en el discípulo, y dará su consejo respecto a áreas del carácter cristiano que necesiten mayor atención. Cuando salga a testificar, llevará a su discípulo con él, así como cuando vaya a visitar enfermos. Le abrirá su hogar y lo entrenará prácticamente respecto al matrimonio cristiano, el hogar cristiano y la crianza de los hijos. Compartirá su vida con el que está buscando entrenar tanto como le sea posible.

Las congregaciones vivas hoy saben que es importante brindar atención especial a cada creyente nuevo, además del entrenamiento que pueda recibir en las reuniones. Es más costoso, pero es más efectivo. Es el método que usó el Señor, por tanto tiene que ser el mejor.

Es importante que la predicación del evangelio esté en la misión de la iglesia, pero si enfocamos nuestra visión sólo en ver que se salven las almas o en tener como meta final la conversión de los no creyentes para que sean fieles asistentes de la iglesia, entonces somos culpables de tener una vista corta, y a la postre nos veremos enfrentados con el prospecto de una iglesia espiritualmente débil e impotente.

Debemos poner la mira en nada menos que la transformación de los creyentes inmaduros que tengan el potencial de ser líderes de la iglesia, si es que queremos compartir la visión de Aquel que declaró“edificaré mi iglesia.”De hecho, la clave que asegura la continuidad de Su edificio viviente es el levantamiento de líderes espirituales de generación en generación, una estrategia con la que el mismo Maestro estaba comprometido cuando pronunció la declaración antedicha.

Pero, si de verdad vamos a compartir la visión del Señor Jesús respecto al liderazgo de la iglesia, entonces debemos también adoptar su método para poder tener éxito. Dicho método era el discipulado personal – la elección de ciertos hombres para que estuviesen con Él. Si el propio Señor entrenó a sus hombres a lo largo de tres años de atención constante y personal, ¿cómo podemos pretender ver que se levanten líderes contando únicamente con clases bíblicas y ministerio de púlpito?

Una ilustración del método del Señor se ve en su trabajo con Pedro. Estudie las declaraciones y preguntas que le dirigió a Pedro y comenzará a captar imágenes de la relación personal entre él y su Señor. Verá al Salvador trabajando en la vida de su discípulo – confrontándolo, desafiándolo, animándolo – transformando un pescador tosco e ignorante en un fiel pastor del rebaño de Dios. Podemos suponer que el método del Salvador no era diferente con el resto de los discípulos. Para cuando el entrenamiento se hubo completado, Él había levantado hombres que, cuando fueron llenos del Espíritu Santo, pusieron al mundo de cabeza.

Por supuesto, podemos pensar en todo tipo de objeciones para no seguir esta estrategia en nuestras propias vidas. A veces nos parece que cuanto mayor es el número en la relación de entrenamiento, mayores dividendos son producidos al final. Es por eso que preferimos enseñar en grandes clases y predicar a cientos, esperando afectar varias vidas de una sola vez, cuando casi siempre el resultado de eso es cientos de cristianos superficiales. No se puede discipular a las multitudes. Aun cuando consideremos la opción de pasar tiempo regularmente con uno o dos hombres clave, llegamos a pensar, “¿por qué este desperdicio?” y preferimos esparcir nuestros esfuerzos entre las masas. Pero esta no era la intención que tenía el Señor al dejar un legado de líderes fuertes.

Otra dificultad que hay que superar al adoptar la proximidad de nuestro Señor es el costo de la transparencia. Corremos el riesgo de ser conocidos por nuestro discípulo de una manera que no podría ser realidad en una clase o desde un púlpito. El Señor no hizo menos que mantener este tipo de intimidad, pues permitió que lo observaran, oyeran y trataran doce hombres todos los días durante tres años. Cuando ese tiempo terminó, a excepción de uno, todos habían adquirido el mismo amor desinteresado por el prójimo que habían visto y experimentado en Él.

Con esto no insinúo que los hombres carismáticos, especialmente dotados, no puedan tener una fuerte influencia en las vidas de otros únicamente a través de ministrar multitudes. Pero tales hombres representan un pequeño porcentaje del cuerpo de Cristo, y esperar que este método sea la fuente principal del liderazgo de la iglesia es tan poco realista como antibíblico. El resultado de este método es una iglesia que prospera durante el ministerio activo de un hombre, y que se desvanece cuando éste se acaba – esto por falta de hombres fieles que sigan adelante en su lugar. Compare esta situación con las últimas palabras del Señor a Pedro (en Jn. 21:15) y aquellas que le dijo Pablo a Timoteo (en 2 Ti. 2:2).

El discipulado persona a persona no requiere líderes especialmente dotados o carismáticos para que pueda ser efectivo, porque su verdadero éxito depende de una persona llena del Espíritu Santo y que ame a Dios, su Palabra y su pueblo, y además que esté dispuesto a abrir su vida a otra persona. Dada la estrategia, las tácticas son simples:

-Reúnanse a menudo para estudiar la Biblia y orar.

-Enseñe con su ejemplo. Permita que el discípulo observe de cerca su vida y su carga por las personas. Jesús lo hizo.

-Enseñe a través de la experiencia práctica. Lleve a su discípulo con usted cuando visiten a los hermanos y cuando testifiquen a los no creyentes, y luego de eso explique lo que hicieron y por qué lo hicieron. Jesús lo hizo.

-Trabaje en el carácter. Piense cómo el Señor le recordaba constantemente a Pedro sobre su impulsividad y su confianza en sí mismo. ¿Qué hay en tu discípulo que pueda impedir que los adjetivos “santo e irreprensible” sean aplicados de manera práctica en su vida?

-Exhorte y anime a su discípulo en la Palabra, y ore por él. Eso es lo que hizo Jesús.

Si alguien tuvo visión para el crecimiento de la iglesia, ése fue el Señor Jesucristo, quien se dio a sí mismo por ella. Si vamos a compartir con Él esa visión en su plenitud, significará ver más que almas salvadas, que se levanten líderes en el rebaño y que ellos a su vez sean capaces de enseñar a otros, y entonces debemos adoptar sus métodos como propios. Si el mismo Hijo de Dios encontró necesario concentrarse en unos pocos hombres fieles, cuánto más deberíamos hacerlo nosotros.

 

La Base para la Segunda Venida del Mesías (2ª parte)
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