De la mano del Eterno (3 de 3)

Título: De la mano del Eterno

Autor: Marcel Malgo
PE1403

“De la mano del Eterno” es el título del mensaje, en el cual Marcel Malgo continúa ayudándonos a descubrir los tesoros escondidos en el salmo 23. Estamos viendo que no es así no más, sino “por amor de Su nombre” que el Señor guía a los suyos por “sendas de justicia”


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Queridos amigos, en el primer programa vimos que no es así nomás que el Señor nos guía por estas “sendas de justicia”, sino “por amor de Su nombre”. Que somos colmados de dones celestiales por Jesucristo, para que éstos sean para la honra del nombre de nuestro gran Dios, para que Él sea glorificado. ¡Y cuánto es honrado el Padre en el cielo cuando realmente puede guiar a Sus hijos, si es que ellosquierenser guiados por Él! Cuando se manifiesta, cuando se hace visible, en la vida de un hijo de Dios que el Buen Pastor tiene las riendas en Sus manos, y lo puede guiar por sendas de justicia, esto es para alabanza y gloria del santo nombre de nuestro Señor.

Luego comenzamos a analizar las características de esta sendas de justicia. Vimos que es un camino de misericordia y verdad. Así lo dice el Salmo 25:10: “Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, para los que guardan su pacto y sus testimonios.”

Que es un camino de justicia. En Proverbios 4:11 leemos:“Por el camino de la sabiduría te he encaminado, y por veredas derechas te he hecho andar.”

Y que es un camino de rectitud. Los hijos de Dios tienen esta promesa infalible en Isaías 26:7:“El camino del justo es rectitud; tú, que eres recto, pesas el camino del justo”.

Pero, ¿cómo se transforma en un camino recto la senda de tu vida? Andando al lado del Buen Pastor y fijando tus ojos en Él. Si practicas esto, te pasará como a los creyentes del Antiguo Testamento:“Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados.”En otras palabras: No tropezarás con los problemas, sino que caminarás con gozo por la senda de tu vida, a pesar de las asperezas, las piedras y los agujeros que hay en ella.

Continuamos entonces ahora viendo como la carta a los Hebreos nos confirma esta verdad del Antiguo Testamento, y lo expresa como una exhortación, en Heb. 12:1 y 2:“… despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”. Nuestra lucha de fe, justamente, no consiste en concentrarnos temerosamente en no caer a causa de las asperezas de la vida, sino en fijar nuestros ojos continuamente en Jesucristo, el gran Héroe y Vencedor de Gólgota, el Resucitado. Solamente esta actitud de fe podrá transformar en una senda de vida derecha y recta el camino, muchas veces áspero, por el cual nos toca andar.

Veamos tres citas de Salmos más y una afirmación del Nuevo Testamento al respecto: 

En primer lugar, el Sal. 25:15 dice así:“Mis ojos están siempre hacia Jehová…”.

En segunda instancia, leemos en el Sal. 123:2, allí dice lo siguiente:“He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores, y como los ojos de la sierva a la mano de su señora, así nuestros ojos miran a Jehová nuestro Dios…”.

Ahora veamos lo que está escrito en el Sal. 141:8“Por tanto, a ti, oh Jehová, Señor, miran mis ojos…”.

Y, por último, la afirmación del Nuevo Testamento, que está en Mt. 17:8:“Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo”.

¡Quiera Dios que a partir de este momento vivamos sin dejarnos impresionar por las asperezas de nuestro camino de vida, sino“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”!

La cuarta característica de la senda de justicia, es que es “el camino de la vida”. Ya en el Antiguo Testamento, el salmista oró confiadamente, diciendo:“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”(esto lo podemos leer en el Sal. 16:11). Estas palabras nos muestran que aquí se trata de mucho más que solamente del camino de vida terrenal. Pues el salmista habla de plenitud de gozo en la presencia de Dios y de delicias a la diestra de Dios para siempre o eternamente. Se habla aquí del gozo eterno, el cual todos los redimidos por la sangre de Jesús podrán disfrutar en la presencia de su Buen Pastor.

Ahora, algunos se preguntarán: Pero, ¿ya tenían la esperanza de la eternidad las personas del Antiguo Pacto? La tenían, con toda certeza. No solamente se ve eso en este Salmo, sino que ya Job en su extremo sufrimiento exclamó:“Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí”(así lo dice Job 19:26 y 27). Se habla allí de una esperanza de la eternidad que no podría ser más gloriosa.

Pero, volvamos al Salmo 16:11. Dice:“Me mostrarás la senda de la vida”, e inmediatamente después habla del gozo eterno. Para nosotros, esto significa que cada senda por la cual nos guía el Buen Pastor,“por amor de su nombre”, siempre tiene que ver con la eternidad. O para decirlo con otras palabras: ¡Cada camino por el cual andamos aquí en la tierra con el Señor, cada senda que seguimos obedeciéndole, tiene una meta gloriosa: la morada eterna en los cielos! Los hijos de Dios tienen la maravillosa esperanza de que cada día que vivimos conscientemente con el Señor – a veces con muchos problemas y luchas – nos lleva más cerca de la meta. ¡Cada hora que vivimos nos lleva hacia el cielo! Esto mismo es lo que nos quiere decir Proverbios 4:18:“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.”El “día perfecto” es una expresión profética de lo que aún vendrá: la eterna patria celestial. Y es vedad: El creyente obediente, que ha sido justificado en Cristo, camina por su senda con el Señor, día a día, hasta el “día perfecto”, es decir, el día en que estará por fin con su Salvador. Y cada día que vive de esta manera, con su Buen Pastor y Señor, le deja experimentar y disfrutar un poco más de la luz celestial. Por eso, su camino brilla“como la luz de la aurora, que va en aumento”.

Analicemos un poco más profundamente la senda de la eternidad.

De una u otra manera, la “senda recta” sobre la cual el Buen Pastor guía a los suyos“por amor de su nombre”, va en dirección al cielo. Encontramos una ilustración profética de esto en Juan 6:16-18, cuando Jesús, el Buen Pastor, manda a Sus discípulos que entren a un bote y naveguen por el lago de Genesaret hasta Capernaúm. A pesar de la oscuridad y del fuerte viento que agita las olas, y que hace el viaje muy fatigoso, alcanzan la meta propuesta con la ayuda del Señor. Llegan a Capernaúm, que en aquel momento era el hogar de Jesús – y esto es una imagen de la meta celestial, donde el Señor Jesús vive ahora. Así también, los hijos de Dios pueden saber que – pase lo que pase – siempre están en el camino que los lleva a casa, al hogar del Buen Pastor. Tendríamos que meditar aún mucho más en nuestros corazones en esta maravillosa verdad, hasta llegar a la firme convicción que Pablo expresa en 2 Co. 4:17 y 18:“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”.

En el Salmo 119:35, David dirige un encarecido ruego al Señor:“Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad.”Si realmente quieres conocer en primer lugar la voluntad del Señor y hacerla, caminando por el camino de Su santa voluntad, entonces dile a tu Buen Pastor: “¡Señor, de corazón quiero dejarme guiar por ti por el camino recto, por amor de tu nombre, pues esto es mi voluntad y mi deseo!”

De la mano del Eterno (2 de 3)
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