Cuerdas de Amor (3ª parte)

Cuerdas de Amor

(3ª parte)

Autor: Marcel Malgo

El mensaje del profeta Oseas es el del increíblemente paciente amor de Dios. Usted quedará asombrado con los aspectos personales, que tienen que ver con nuestra vida, que serán mencionados en este estudio. Se tratarán temas específicos que nos conducirán, cada vez, a un nuevo desafío.


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PE1580- Estudio Bíblico – Cuerdas de Amor (3ª parte)



Queridos amigos, en el programa anterior vimos que las cuerdas que el Señor pone en nuestra vida son el camino hacia una vida fructífera, y que no se trata de cuerdas de tortura, sino de cuerdas de amor, las cuales fueron colocadas para nuestro bien. Por lo general, las mismas únicamente son colocadas sobre aquellos que de todo corazón desean parecerse más a Jesús. Muchas veces, Dios utiliza estos métodos para que una persona acepte ser cambiada con disposición y docilidad.

Queremos seguir viendo hoy que: Dios lucha por nosotros

Sí, es muy importante que entendamos que Dios lucha por nosotros, y es que las cuerdas de amor, hacen referencia a algo más en lo cual, probablemente, pensamos muy poco. Leemos sobre lo que, posiblemente, fue el acontecimiento más importante en la vida de Jacob, en Génesis 32:22 al 26: “”Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. Los tomó pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices’’.


El Señor mismo luchóen esta ocasión contra Jacob; de esto surge una gran pregunta: ¿Por qué el Señor luchó contra Jacob? Tal vez el Señor quiso mostrarle a Jacob cómo había transcurrido su vida hasta ese momento, en lo concerniente a su relación con Dios. Él quiso abrir los ojos de Jacob. Por cuanto Jacob siempre tomaba su destino en sus propias manos, en vez de poner su confianza en el Señor, se mostraba rebelde, luchando en cierto modo contra Él. ¡Éste fue el motivo por el cual el Señor luchó contra Jacob!

Isaías 63:9 y 10 nos revela esta verdad claramente. Vemos en este pasaje el relato de un acontecimiento del pueblo de Israel: “”Y (Dios) los levantó todos los días de la antigüedad. Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo Espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos’’. Dios daba todo por Israel, pero ellos lo rechazaban. ¡No confiaban en Él; es por esta razón que el Señor comenzó a luchar contra ellos!


Lo mismo había sucedido con Jacob: Dios hacía todo por él. Él le ofrecía grandes bendiciones, pero Jacob no quería aceptarlas y, por lo tanto, toda su vida se convirtió, en cierto modo, en una continua lucha contra el Señor. Esto exactamente es lo que Dios pretendió mostrarle a Jacob aquella noche de violento duelo. ¿Y Jacob? ¿Entendió el mensaje de Dios? ¡A la perfección! Esto está claramente demostrado en sus palabras, al final de la lucha: “”No te dejaré, si no me bendices’’.

Cuán diferente es el Jacob que se nos presenta luego de este magnífico acontecimiento; porque – ¿qué pretende testificar Jacob con estas palabras? ¡Qué necesita al Señor y que no quiere seguir viviendo sin Él!


Veamos ahora: Las consecuencias de la lucha contra Dios

Prestemos atención a las consecuencias generadas en esta lucha; ya que antes de dar este maravilloso testimonio que encontramos en Génesis 32:26: “”No te dejaré, si no me bendices’’, ¡sucedió algo muy extraño! En el versículo 25 de Génesis 32 dice: “”y cuando él (el Señor) vio que no podía con él (Jacob), tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba’’. Luego, en el final de este acontecimiento, leemos en el versículo 31: “”Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera’’.

Para Jacob, la consecuencia de la lucha resultó en una cadera dislocada. Quedando cojo por la herida, abandonó el lugar de la lucha. Es de presumir que tuvo que sufrir este defecto el resto de su vida.


No tiene sentidoque nos preguntemos si el Señor no podía vencer a Jacob. Está claro que podía vencerlo. La temática en que debemos enfocarnos es la cadera dislocada de Jacob. Este acontecimiento cumple con la función de ser ejemplo y alarma. Cuando un hijo de Dios comete algún pecado, entonces (gracias al Señor) puede ser perdonado, si reconoce su pecado de manera franca y de todo corazón. Pero muchos cristianos se olvidan que el pecado en la vida de un hijo de Dios tiene sus consecuencias.

Muchas veces hemos recibido el perdón de Dios tiempo atrás; pero igualmente seguimos confrontados con las consecuencias de ciertos pecados en nuestra vida. Pensemos en David, cuyo pecado con Betsabé había sido perdonado. Éste debió enfrentarse por el resto de su vida con las consecuencias del pecado. Primero falleció el primer hijo nacido de su unión con Betsabé, y luego tuvo que sobrepasar otras calamidades directamente relacionadas con este pecado. En resumen: El pecado como tal había sido perdonado; pero las consecuencias permanecían.


Así también sucede con algunosde nuestros pecados: a pesar de que hayan sido perdonados, los mismos pueden generar algunas consecuencias. Éste fue el caso en la lucha de Jacob. El Señor le mostró cómo, a causa de su terquedad, se revelaba contra Él, pero además le hizo saber que está lucha le traería consecuencias, las cuales le harían recordar este acontecimiento el resto de su vida.

El Señor no destruyó a Jacob. Hasta fingió que no podía vencerlo; pese a que le mostró en forma clara que pelear contra Él le traería consecuencias. ¡Él es más fuerte! Por este motivo le descoyuntó la cadera. A partir de ese día, Jacob tuvo que confrontar las consecuencias de luchar contra Dios; quedando cojo por el resto de su vida. Esta consecuencia le hacía recordar su lucha interna con Dios.


Y, también, lo haría estar: Dispuesto para nuevas bendiciones

Porque, veamos: ¿El Señor dislocó la cadera de Jacob para desquitarse, como castigo o venganza? ¿Qué fue lo que precisamente Dios quiso mostrarle a Jacob? ¿Acaso pensaba castigarlo: “”¡Aquí tienes tu merecido, hombre rebelde!’’? Por supuesto que esto también fue una especie de castigo. ¡Pero decir que ésta fue la intención principal de Dios, sería muy injusto para con nuestro Señor! Para entender otro posible motivo, volvamos al concepto antes visto con respecto a las cuerdas del amor.

Seguramente, más adelante, los dolores de Jacob producidos por su cadera dislocada le recordarían las consecuencias que trae el pecado. Pero, ¿qué sucedía, también, cuando transcurría por estos dolores? Seguramente, significaban la renovación de su promesa: “”No te dejaré, si no me bendices’’. ¿No vemos aquí las cuerdas de amor de parte de su Dios? Mediante ellas, Dios y Jacob se sujetaban mutuamente.

También podemos ver esto en otro sentido. Probablemente, usted sabrá mejor que nadie que determinadas situaciones en su vida, en las que hoy se encuentra, son consecuencia de algún pecado. ¡Si es así, por favor deje de resignarse y renueve sus pensamientos! Arroje su carga sobre el Señor. Su Salvador no lo quiere castigar. ¡No! ¡Él le ama!

En la práctica, esto se vería de la siguiente manera: ¡Si algo me hace acordar de algún pecado en mi vida, en primer lugar me asusto! Pero, ¿qué sucede luego? De todo corazón me aferro a mi Señor y digo: “”¡Señor, esto no debe volver a pasar!’’ Con esto, Dios me sujeta a su cuerda de amor y puedo tener una comunión más íntima con Él. ¡Qué maravilloso es el Señor que convierte la maldición en bendición!

Jesús, en Su misericordia, pretende edificar, precisamente, sobre una montaña de escombros. Pero, lamentablemente, no siempre puede hacerlo, ya que muchos creyentes a causa de que continuamente ven las consecuencias de su pecado de manera falsa, se hunden en sus tristezas y depresiones.

Si usted está confrontando las tristes consecuencias de sus pecados, entonces intente descubrir las cuerdas de amor que pretenden sujetarlo a su Señor. De esta manera, estará listo para nuevas bendiciones.

Piense en David y en Betsabé: ¡su primer hijo falleció; pero el segundo hijo nacido de esta unión, fue el magnífico rey Salomón! Visto desde otra perspectiva: ¡Salomón proviene de la montaña de escombros más grande en la vida de David!

Pensemos nuevamente en Jacob, del cual se dice en Génesis 32:31: “”Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera’’.

Jacob estaba cojo por las consecuencias de su vida pasada, pero a pesar de todo, “”le salió el sol’’; ¡y esto no sólo literalmente, sino también en un profundo sentido espiritual! Jacob no se fue de ese lugar con la “”mano trabada al calcañar’’ ni como “”estafador’’, cosas que definen el nombre de Jacob, sino como “”Israel’’, que significa “”luchador por Dios’’. Génesis 32:28 dice: “”Y el varón le dijo: no se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido’’.

No se aflija más a causa de las eventuales consecuencias que puedan tener los pecados en su vida, sino más bien piense en que, en el mismo momento en que se acuerde de ellos, se fortalecerá la atadura de la cuerda de amor entre usted y Dios. ¡Esto, al mismo tiempo, significa que está dispuesto a recibir algo nuevo del Señor! De esta manera, ¡el sol saldrá sobre su vida!

 


Cuerdas de Amor (2ª parte)
A los que Aman a Dios

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