¿Cuál Jesús? (1 de 2)

Título: ¿Cuál Jesús?


Autor: Dave Hunt
PE1447

El evangelio es simple y preciso, no dando margen a interpretaciones erróneas ni concesiones. No puede ser negociado, ni cambiado a gusto de los tiempos y las culturas. No existe otra esperanza para la humanidad, ni ninguna otra manera de ser perdonados y llevados de nuevo a la presencia de Dios, excepto por esta puerta estrecha, y por este camino angosto. Pues el mismo Señor Jesús nos dice que cualquier camino más largo lleva a la destrucción.


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Hola, ¿cómo están amigos ? Para comenzar con este muy interesante tema titulado: ¿Cuál Jesús?, leeremos en 2 Corintios 11:1 al 4: 

“¡Ojalá me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme.

 Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis”. Y ahora en Marcos 8:29 que dice así: 

“Entonces él (Jesús) les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy?

Alguien dijo: “”Hermano, no estoy interesado en ningún aspecto de tu enseñanza doctrinal. Lo único que me importa es saber si la persona con la que hablo ama a Jesús. Si alguien me dice eso, no interesa a qué iglesia asiste, es mi hermano en Cristo.’ Después de oír esto, no me pareció ni el tiempo ni el lugar para discutir con este individuo. No obstante, sentí que antes que la conversación terminara debía por lo menos presentarle la siguiente pregunta: “”Cuando habla con alguien que le dice que ama a Jesús, alguna vez le pregunta, ¿Cuál Jesús?’ Luego de pensarlo rápidamente, este veterano caballero me hizo saber que él nunca haría tal pregunta. “”No sería cortés.’

Cuando visito algunos amigos que tengo en Pensylvania, siempre me hago un tiempo para visitar a una persona en especial. Es un gozo estar con él, es uno de los hombres más amistosos que conozco. Pese a que es un musulmán comprometido, él se considera a sí mismo como ecuménico. Está orgulloso del hecho que comparte algunas de las creencias tanto de los judíos como de los cristianos. En ocasiones asiste a la iglesia presbiteriana con mis amigos y realmente disfruta la experiencia y la comunión. Una vez, en un restaurante, nos estaba expresando (a mí y a mis amigos creyentes) su amor por Jesús. De hecho, terminó su pensamiento con estas palabras: “”Si pudiera abrir mi pecho para que todos ustedes pudieran ver en lo profundo de mi corazón, sabrían cuánto amo a Jesús.’ Las emociones que conllevaban cada palabra eran impresionantes; no es nada común escuchar una declaración tal, incluso en los círculos cristianos.

Pero, volviendo a la historia, me sentía bien con respecto a las expresiones de amor de mi amigo, cuando un perturbador pensamiento me sobrevino:¿Cuál Jesús?De pronto, mi mente debatía si debía o no hacerle esta pregunta. Sin embargo, mis palabras salieron de mi boca antes que mi mente pudiera resolver la cuestión.

“”Háblame sobre el Jesús que amas”, le dije. Mi amigo musulmán no dudó: “”Es el mismo que tú amas’. Antes de ponerme “”doctrinal’ con mi amigo, pensé que debía mostrarle por qué era importante estar seguros que hablábamos del mismo Jesús.

Tomé como ejemplo a su vecino, el cual es un gran amigo de los dos. Tanto él como yo apreciamos a esta persona. Luego de expresar que estamos de acuerdo en nuestros sentimientos hacia él, comencé a describir los atributos físicos de nuestro amigo en común: “Mide 1,60; es totalmente calvo; pesa 95 kilos; y usa un arete en el lado izquierdo de su nariz.” En realidad, no llegué demasiado lejos hasta que él hizo algunas objeciones. “”Espera un minuto…, fácilmente mide 1,75; desearía yo tener tanto cabello como él; y es la persona más delgada que conozco.’ Mi amigo agregó que era obvio que no estábamos hablando de la misma persona.

“”¿Acaso eso importa?’ Le pregunté. Él me miró totalmente asombrado. “”Por supuesto que sí. Yo no tengo un vecino que se parezca a tu descripción. Debes conocer aotra personaque es así, pero no esmibuen amigo y vecino.’ Entonces le dije que si yo realmente creía en la descripción que acababa de darle, no podíamos estar hablando de la misma persona. Él estuvo de acuerdo.

Lo que hice a continuación, fue describir al Jesús que yo conozco. “”Fue crucificado y murió en la cruz por mis pecados. ¿El Jesús que tú conoces hizo eso?’

“”No, Alá lo llevó al cielo antes de la crucifixión. Judas murió en la cruz.’

“”El Jesús que yo conozco es Dios mismo, el cual se hizo hombre. ¿Es ése tu Jesús?’

Él negó con su cabeza. “”No, sólo Alá es Dios. Jesús fue un gran profeta, pero sólo un hombre.’ Luego continué describiendo muchas otras características que la Biblia le atribuye a Jesús. Casi en cada caso, mi amigo musulmán tenía una perspectiva diferente. Pese a que él siguió convencido que tenía la perspectiva correcta, nuestras convicciones eran tan contradictorias que no podían ser reconciliadas, lo cual hizo que su celo al proclamar su amor por Jesús ya no pareciera tal.

Algunos podrán ver mi obrar como un procedimiento que carece de amor, como una prueba de la división que causa el discutir sobre las doctrinas. Yo lo veo como un intento para ayudar a mi amigo a tener una genuina relación con el único y verdadero Salvador, nuestro Señor Jesucristo, y no con alguien que él u otros hombres han imaginado o creado.

Es bien sencillo. Las doctrinas son enseñanzas, y las mismas o son verdaderas o son falsas. Una doctrina verdadera no puede causar división en una forma dañina; esa característica sólo se aplicaría en el caso de las enseñanzas falsas. En Romanos 16:17 dice: “”Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezosen contra de la doctrinaque vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos'; podemos ver también Ro. 2:8 y 9). Jesús, quien es la verdad, sólo puede ser conocido enverdadpor aquellos que buscan la verdad (que se menciona en Jn. 14:6; 18:37; 2 Tes. 2:13; y Dt. 4:29). Cristo mismo causódivisiones(como vemos en Mt. 10:35; Jn. 7:35, 9:16, y 10:19), la división entre la verdad y el error (de lo cual habla Lc. 12:51).

“”¿Cuál Jesús?’, es una pregunta clave para todo creyente en Cristo. En primer lugar, deberíamos preguntarnos esto a nosotros mismos, poniendo a prueba nuestras propias creencias sobre Jesús (como nos alientan los pasajes de 2 Cor 13:5; y 1 Tes. 5:21). Los malos entendidos con respecto a Su persona, inevitablemente se transforman en obstáculos para nuestra comunión con Él. La pregunta también puede ser vital en nuestra comunión con aquellos que proclaman ser cristianos.

Recientemente, en un viaje corto por avión, un amigo mío se preocupó por preguntarle a la persona que estaba a su lado algunas cosas cruciales sobre su comunión con Jesús. Pese a que el joven profesaba haber sido cristiano por cuatro años, y que participaba en una confraternidad cristiana de atletas profesionales, en realidad no conocía a Jesús ni entendía el evangelio de la salvación. Mi amigo le guió al Señor antes que el avión aterrizara.

A menudo, frases gastadas como “”nos unimos con todo aquel que invoca el nombre de Cristo’ no hacen más que encubrir el ecumenismo. El temor de destruir la unidad invade aquellos que se toman en serio esa propaganda anti-bíblica, al punto incluso que desaniman cualquier vestigio de interés en contender por la fe. Es sorprendente que la “”unidad cristiana’ hoy día incluye el colaborar por el bien de la sociedad, juntamente con sectas que “”invocan el nombre de Jesús.’

Las enseñanzas sectarias sobre Jesús abarcan todas las ideas anti-bíblicas que se puedan imaginar. El “”Jesucristo’ de los Santos de los Últimos Días, por ejemplo, no podría estar más alejado del Jesús de la Biblia. El Jesús inventado por José Smith, y del cual toma nombre esa iglesia, es el primer “hijo espiritual” de Elohim, así como también todos los seres humanos, ángeles y demonios son hijos espirituales de Elohim. Este Jesús mormón, se hizo hombre a través del contacto sexual entre Elohim (Dios el padre, que tiene un cuerpo físico) y la virgen María. El Jesús de ellos es medio hermano de Lucifer. Vino a la tierra para hacerse un dios. Su muerte sacrificial da inmortalidad a toda criatura (incluyendo los animales) en la resurrección. No obstante, si un individuo habrá de pasar la eternidad en el infierno o en uno de los tres cielos, es algo que depende totalmente de él (o ella).

Lamentablemente el tiempo se nos ha acabado. Pero hay mucho más para decir acerca de este tema. Así que los invito a acompañarnos en el próximo programa. ¡Les espero! Hasta entonces y qué Dios les bendiga.

El llamado al disipulado (2 de 2)
¿Cuál Jesús? (2 de 2)

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