Cristo en el Centro 6/6

Titulo: “Cristo en el Centro” 6/6
  

Autor: NorbertLieth 
Nº: PE1146

Hay ciertos peligros que sacan a Cristo del centro de nuestra vida.

Especialmente : – la auto-contemplación

–  la auto-afirmación

– la auto-compasión

 


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“Cristo en el Centro” 6/6

Estimado amigo, el primer punto que queremos ver es la auto contemplación. Volvamos otra vez a Pedro: Cuando tenía puestos sus ojos en Jesús, descendió de la barca, realmente pudo caminar sobre el agua. Tan pronto que dejó de mirar al Señor, dirigiendo sus ojos al fuerte viento, ya no veía la todopoderosidad del Señor, sino sólo su propia imposibilidad. Y cautivado en esta auto contemplación, empezó a hundirse y grita: “¡Señor, sálvame!” (Mt. 14:30b) Enfermiza auto contemplación ocasiona ceguera espiritual y echa al Señor del centro. Allí uno llama desde la mañana a la noche “¡Señor ayúdame!”, pero uno no avanza tan sólo un paso.

Sin embargo también hay una sana auto contemplación, donde nos probamos en base a la Palabra de Dios y nos juzgamos a nosotros mismos, para que no seamos juzgados. Donde reconocemos, que hemos pecado o caminado en caminos errados y pedimos perdón al Señor, todo es echo nuevo a través de Su sangre derramada. De este modo es quitado el elemento que causa la separación, el pecado, y la comunión con el Señor es restablecida. Después sin embargo es necesario, actuar según la palabra de Pablo: “…olvidado lo que queda atrás…”

La enfermiza auto contemplación en cambio es pecado. En tales personas inconscientemente el yo está en su centro. Están esclavizadas observándose a sí mismas; sólo se miran a sí mismas. Sus motivos los analizan una vez, dos veces, y siempre otra vez y no pueden soltarse de sí mismas. Por eso no son capaces de penetrar a la gloriosa libertad en Cristo. Todo en ellas se ha oscurecido. Ellas piensan: “Ah, yo no se hacer nada.” “En nada tengo resultado.” “Conmigo no pasa nada.'' “¡No crezco en la fe. Siempre nuevamente caigo en el mismo pecado. ¡Yo creo, que pronto dejo todo tirado!” Un tal F.B. Meyer dice:”¡No se compare consigo mismo! Las personas más sanas no piensan en su salud; los débiles por la enfermiza auto contemplación se enferman. Cuando comienzan a contar las pulsaciones de su corazón, el ritmo del corazón es perturbado. Si continuamente se imaginan un dolor, entonces realmente lo obtienen. Así también verdaderos hijos de Dios, que por enfermiza auto contemplación ocasionan su propia ceguera. Siempre nuevamente se miran a sí mismos…”

Debemos penetrar a Hebreos 12:1-3, donde dice: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos (Testigos de Hebreos 11, los cuales mirando a Dios hicieron obras de fe), despojémonos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe; quien por el gozo que tenía por delante sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios. Considerad, pues, al que soportó tanta hostilidad de pecadores contra sí mismo, para que no decaiga vuestro ánimo ni desmayéis.”

En vez de hundirte en la auto contemplación, nuevamente tienes que dirigir toda tu atención a Jesús. ¡El debe tornarse otra vez tú centro!

En segundo lugar tenemos, estimado amigo, a laAutosuficiencia

El apóstol Pablo dice en 1 Corintios 10:24: “Nadie busque su propio bien, sino el bien del otro.” Esto se lee tan fácilmente, pero – ¿lo hacemos? Donde Jesucristo es el centro, allí hay una mirada para los demás. Una persona, en la cual Jesús es el punto medio, ya no se busca a sí mismo. No, sino tiene un fervor para las cosas del Señor y otras personas, por su prójimo.

Jesucristo nunca se buscó a sí mismo, sino nuestra salvación. El pudo decir de sí: “De la misma manera, el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos”.

Cada uno de los amigos hágase hoy seriamente la pregunta: ¿Realmente ayudo yo en la edificación del “Cuerpo de Cristo” (esto es la Iglesia de Jesús), o sólo me preocupo por mí propio desarrollo espiritual? Te digo: Si apenas o raras veces piensas en estar dispuesto para Su causa, si generalmente piensas en ti, lo que aún necesitas y te hace falta, entonces no tienes ningún vínculo con Jesús, entonces El no es tu centro. Porque cuanto más Jesús sea tu centro, tanto más Su causa tendrá importancia para ti.

Por lo tanto preguntémonos: 

1. ¿Vivo yo, para complacerme a mí mismo? Pablo habla de tales en Filipenses 2:21: “Porque todos buscan sus intereses personales, no lo que es de Jesucristo.”

2. ¿O vivo para agradarle a El? Juan dice: “…porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de él”.

Querido amigo ahora veamos laAutoafirmación

Donde domina la autoafirmación, Jesús jamás será el centro. Siempre nuevamente nos cruzamos con un cristiano (muchas veces hasta, tales que por décadas siguen al Señor), de los cuales uno tiene la impresión, que no tienen ninguna otra cosa que hacer, de que defenderse y justificarse a sí mismos.

Donde la conciencia de la presencia del Señor ya no está presente, gobierna la autosuficiencia. Mas la autosuficiencia lleva a la autoafirmación y a la autocompasión. Pero esto de ningún modo proviene del Espíritu de Jesucristo. No, El fue totalmente diferente, y nosotros deberíamos ser tal cual El fue.

Al que siempre quiere afirmarse a sí mismo, le oímos decir a menudo: “Yo no soy entendido para nada.” “Este es un caso, por el cual me deberían pedir perdón.” “Pero esta cosa debe ser aclarada.” “Siempre soy la quinta rueda en el vehículo.”

Mis queridos amigos amigos, autoafirmación también produce envidia. Por eso debemos imprescindiblemente combatir la autoafirmación en nuestra vida personal, porque sino nos hundimos en un enfermizo egoísmo.

Indicio de egoísmo es, cuando en casi todo inmediatamente se ve el lado negativo y sin razón piensa, este o aquella tienen algo en contra mío. Así surgen prejuicios, los cuales dañan a la Iglesia de Jesús.

Sólo miramos a través de los lentes de nuestros prejuicios, y actuamos de acuerdo a estos. Si presuponemos, que ciertas personas sean hostiles, inhospitalarios, falsos y no dispuestos a la cooperación, entonces también actuamos según nuestro concepto, antes de haber confirmado de que este sea lo cierto.

Finalmente querido hermano, querida hermana, te quiero preguntar: 

¿Es Cristo aún tú centro?

¿O has perdido la vista sobre Jesús? ¿Te dominan las olas de las dudas y de la poca fe? ¿Vives en la autocontemplación, autoafirmación, autoestimación, en la autocompasión y en el egoísmo? Si es así, te tengo que decir: estas cosas han suprimido al Señor.

¿Te puedo invitar, dejar que Jesús nuevamente sea el centro de tu vida? Yo creo que esto comienza ante todo con la decisión: “Señor se tú nuevamente el centro de mi vida.” Si ahora te decides a esto, entonces ora al Hijo de Dios esta oración: “Señor te pido por perdón, donde te he perdido de vista, donde tu ya no eres el centro de mi vida. En tu lugar las olas de este mundo pasaban sobre mí, dudas, poca fe, auto contemplación, autocompasión y prejuicios con respecto a otros hermanos en la fe, de modo que sólo vivo en mi propio pequeño mundo. Oh, Señor, tu sabes de todas estas cosas, que te han quitado del centro de mi vida. Pero ahora nuevamente he reconocido, cual es la causa. Por esto te pido perdón, porque tu dices, si nosotros confesamos nuestros pecados, tu nos los perdonas. Así quiero poner punto final a todo lo que queda atrás y olvidarlo. Se tu Señor, desde hoy nuevamente el centro de mi vida. Te quiero seguir. Gracias te doy que ahora por medio de la fe puedo aceptar esto.

Cristo en el Centro 5/6
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