Cristo en el Centro 2/6

Titulo: “Cristo en el Centro” 2/6
  

Autor: NorbertLieth 
Nº: PE1142

¡Tener a Cristo en el centro, provoca abnegación! ¿Estamos de tal manera bajo el dominio de Jesucristo, estamos tan cautivados por El que podemos soltar todo lo demás? ¿Existe aún hoy esto? ¡Sí, gracias a Dios!


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“Cristo en el Centro” 2/6

Querido amigo, ¿Ha oído de Asaf?Asaf fue un hombre de Dios, que era abnegado, porque amaba la comunión con el Señor sobre todo. En el Salmo 73:25 el ora: “¿A quién tengo yo en los cielos? Aparte de ti nada deseo en la tierra.” Esto era para él no sólo una linda expresión, sino que era su vida real: El amaba al Señor de todo corazón.

También lo que a continuación juntamente queremos observar, no es ninguna falsa devoción. No, se trata de personas, que realmente han vivido esto: 

En la Biblia nos es relatado de un hombre, que renunció a toda su fortuna, para poder vivir solamente en la presencia del rey: Mefiboset. Era un hijo de Jonatán, del amigo de David. Pero Jonatán era un hijo de Saúl.

La amistad de David hacia Jonatán era tan estrecha, que David le prometió a Jonatán poco antes de su muerte, que no haría ningún daño a sus hijos, a pesar de que el rey Saúl, el abuelo de Mefiboset, era el enemigo mortal de David.

Cuando después de la muerte de Saúl y Jonatán, David había sido hecho rey sobre Judá, pero el hijo de Saúl Isboset, rey sobre Israel, se produjo una exasperada lucha entre ambos ejércitos. Finalmente el ejército de David vence a todos los enemigos, y el también fue hecho rey sobre Israel.

Un día David pregunta: “¿Hay todavía alguno que haya quedado de la casa de Saúl, a quien yo muestre bondad por amor a Jonatán?” (2 Samuel 9:1). La respuesta del siervo Siba que había sido llamado dice: “Aún queda un hijo de Jonatán, lisiado de ambos pies… El rey David envió a traerlo (Mefiboset)…” (v. 3b.5a).

Cuando Mefiboset finalmente fue llevado ante David, seguramente pasó angustias de muerte, porque tenía que decirse: ¡Ahora David también me mata! Sin embargo, David lo acoge con todo amor. En lo que David dice a Mefiboset, oímos la voz neotestamentaria del Señor Jesús. Es bueno ver cuántas veces se menciona: “haré contigo misericordia”, y cuantas veces está escrito, que Mefiboset siempre comería a la mesa del rey, una expresión de profunda comunión: “David le dijo: No tengas temor, porque ciertamente yo te mostraré bondad por amor a tu padre Jonatán. Te devolveré todas las tierras de tu padre Saúl, y tú comerás siempre a mi mesa. Entonces el rey llamó a Siba, siervo de Saúl, y le dijo: Yo he dado al hijo de tu señor todo lo que pertenecía a Saúl y a toda su casa. Labrarás para él la tierra, tú, tus hijos y tus siervos, y almacenarás los productos para que el hijo de tu señor tenga provisiones. Pero Mefiboset, el hijo de tu señor, comerá siempre a mi mesa. Siba tenía quince hijos y veinte siervos. Y Siba respondió al rey: Tu siervo hará conforme a todo lo que mande mi señor el rey a su siervo. Y Mefiboset comía a la mesa de David como uno de los hijos del rey. Mefiboset tenía un hijo pequeño que se llamaba Micaías. Todos los que habitaban en la casa de Siba eran siervos de Mefiboset. Pero Mefiboset habitaba en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey. El era cojo de ambos pies” (2 Samuel 9:7.9-13)

Deberá haber sido imponente para Mefiboset, permanentemente comer en la mesa del rey y poder tener comunión con él. Porque como un nieto de Saúl, el enemigo mortal de David, él debería haberlo matado según las costumbres de aquel entonces.

Más tarde se produjo el caso de que David debía huir de Absalón, y perdió todo. Entonces se encuentra con Siba, el siervo de Mefiboset, el cual debería administar los bienes de Mefiboset. Pero Siba era un mentiroso, y el calumnió a Mefiboset ante David. Como resultado David le entregó a Siba todo lo que le pertenecía a Mefiboset (comp. 2 S. 16:1-4).

Cuando David más tarde recuperó nuevamente su reinado, se encuentra con Mefiboset, exigiéndole una rendición de cuentas. Leo en 2 Samuel 19:25-31: “Cuando él vino a Jerusalén al encuentro del rey, éste le preguntó: Mefiboset, ¿por qué no fuiste conmigo? El respondió: Oh mi señor el rey, mi siervo me engañó. Pues tu siervo había dicho: Aparéjame el asno; montaré en él e iré con el rey. Porque tu siervo es lisiado. El ha calumniado a tu siervo ante mi señor el rey, pero mi señor el rey es como un ángel de Dios. Haz, pues, lo que te parezca bien. Porque toda mi casa paterna no era sino digna de muerte delante de mi señor el rey; sin embargo, tú has puesto a tu siervo entre los que comen a tu mesa. ¿Qué derecho tengo yo aun de clamar al rey? El rey le dijo: ¿Por qué hablar más de tus asuntos? Yo he determinado que tú y Siba os repartáis las tierras. Y Mefiboset dijo al rey: ¡Que él las tome todas, porque mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa!”

Quedémonos pensando en esto mientras escuchamos unos compases musicales.

¿Ha pensado en la acción de Mefiboset?¿También habría yo dicho esto? ¿O me habría enojado y pensado: “¿Qué sólo la mitad? ¡A mí me corresponde todo!”? ¿O mas o menos así: “Y bueno, por lo menos la mitad, mismo así otra vez estoy con el rey”? Nada de esto. Mefiboset renunció a todo. ¿Qué habrá llevado a este hombre a hablar así, a renunciar a todas sus posesiones. La respuesta ya la hemos leído en el versículo 28b: “Pero mi señor el rey es como un ángel de Dios.” Le bastaba plenamente a Mefiboset, de poder sentarse a la mesa del rey y tener comunión con él.

Otra vez decimos: ¡Tener a Cristo en el centro, provoca abnegación! ¿Estamos de tal manera bajo el dominio de Jesucristo, estamos tan cautivados por El que podemos soltar todo lo demás? ¿Existe aún hoy esto? ¡Sí, gracias a Dios!

Hace algunos meses Norbert Lieth y Peter Malgo estuvieron en la misión en Bolivia, por causa de una situación crítica algunas cosas debían ser nuevamente puestas en regla, entre otras cosas sucedieron las siguientes. Antes la pre-historia: Allí está una pareja brasilera con diez hijos: Enio y Ersi Sipp. Ambos se convirtieron hace muchos años a través del servicio del misionero Werner Beitze. Enio Sipp era un agente ejecutivo de la justicia y ganaba muy bien. Pero entonces le alcanzó el llamado del Señor a servirle por tiempo completo. Enio Sipp renunció a su trabajo, dejó todo, y se trasladó con toda su familia hacia Porto Alegre al terreno de Llamada de Medianoche, “Gilgal”. Alrededor de 14 años el trabajó, y esto a base de una remuneración bastante más inferior que antes. El Señor dispuso, que la familia Sipp después de muchos años pudieran adquirir una casita a reparar en un lugar muy bonito junto a la orilla del río. Por meses el reparó esta casa, parte por parte.

Ahora, Peter y Norbert sabían interiormente que debían llamar a los Sipp a Bolivia. Pero pensaban: Después de tanto trabajo de renovación los Sipp tienen una bonita casa. Quizás piense Enio Sipp, que ya es de edad de 60 años, en un descansado ocaso de la vida. ¿Si a pesar de esto igual acudirán a este llamado? Cuando le preguntaron concretamente, él sólo dijo: “En esto vemos la dirección del Señor. ¡Aún este mes vamos a Bolivia!”

El que tiene a Jesús en el Centro, sólo tiene un único deseo: 

¡Vivir sólo para Jesús!

¿Qué tal en su vida, estimado amigo? Qué sea así que Jesús esté en el centro de su vida, que viva su vida sólo para Jesús, porque así tendrá bendición en abundancia en su vida.

Acerca de lo que significa – ¡vivir sólo para Jesús! escucharemos en la siguiente transmisión y esperamos que usted pueda compartirla con nosotros.

Cristo en el Centro 1/6
Cristo en el Centro 3/6

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