Creced en la gracia. 3/3

Titulo: “Creced en la gracia”  3/3

Autor: WimMalgo 
Nº: PE1000

 

¿Cómo podemos crecer en al gracia?

Escuche el último de 3 programas de Wim Malgo en la voz del Pastor Herman Hartwich.

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“Creced en la gracia”.  3/3

Estimado amigo, David no solamente dice a Mefi-boset las palabras restauradoras de la gracia:”…a la verdad haré contigo misericordia”, sino el continúa diciendo a Mefi-boset estas palabras de gracia que exaltan: “…y tú comerás siempre a mi mesa”. La gracia del rey le da a Mefi-boset una de las posiciones más excelentes de la corte.

Come junto con el rey; y aún más: “como uno de los hijos del rey”. El Mefi-boset rechazado experimenta la gracia exaltadora, llega a ser hijo del rey. David le da públicamente el título y la posición de un hijo que ha regresado a su reino.

Esta es la gracia exaltadora por medio de Jesucristo, como nos es descrita en Apocalipsis 1:5 -6: “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén” .

¿Cómo reacciona Mefi-boset a esta experiencia maravillosa? El todavía no lo puede concebir. Dice en el versículo 8 de 2º Samuel 9: “Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?”

Está profundamente conmovido por tal gracia. Para el ojo humano, este Mefi-boset era la imagen propia de la miseria. Incapaz de desplazarse, pobre y sin fuerza, siempre tenía que ser llevado a la mesa del rey. En aquel entonces, todavía no había sillas de ruedas. ¿Qué podían pensar de él los que venían de afuera para tomar parte en una de las fiestas de la corte? ¡Bueno…, podían pensar lo que querían! Para David, Mefi-boset era un hijo, trasladado a la posición más alta que él le podía dar. ¿No hemos experimentado esto también nosotros como nacidos de nuevo, según Efesios? Dice la palabra de Dios “…y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”.

El hecho de que Mefi-boset podía estar como hijo a la mesa de David era mucho más precioso en los pensamientos del rey que el hecho de que era el heredero de las tierras de su padre.

Fijémonos en que, por ser puesto en tales circunstancias sumamente gloriosas, Mefi-boset no experimentó de ningún modo un cambio de su condición. ¡Quedaba mutilado exactamente como antes, pero según su posición, estaba muy exaltado! El capítulo termina con las palabras: “…y estaba lisiado de ambos pies”. En la opinión de otros como en su propia opinión era por eso miserable. Pablo lo dice también de sí mismo en Romanos 7:18: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien”. Sin embargo, en la opinión de David, la situación era muy distinta: Mefi-boset estaba vestido de toda la dignidad de un hijo de rey.

En tanto comía como hijo a la mesa del rey, Mefi-boset experimentaba también la gracia guardadora. Y en la experiencia de esta gracia, llegó a ser semejante a David en cuanto a su humillación. Pues delante de David se calificó a sí mismo de perro, que es impuro y despreciable, una imagen de suciedad; sí, de perro muerto, objeto de asco y repugnancia, que se aparta de un puntapié.

El rey poderoso, delante del cual se encontraba Mefi-boset, un día había ocupado el mismo lugar como él; durante los días de su tribulación había llegado a conocer y respetar lo que eran suciedad, muerte y rechazo. Mefi-boset se puso en este mismo nivel y con esto se hizo semejante a David. Maravillosas perlas proféticas están escondidas en esta historia deliciosa. Con tal salvador tenía que tratar Mefi-boset. ¡Y con tal Salvador tenemos que tratar nosotros! Por declararse Mefi-boset inconscientemente y de manera profética idéntico con David en su humillación, también se hizo participante de él en su gloria, siendo hijo de rey.

Herman: Consideremos, querido amigo, una vez más en otro aspecto el versículo 13 de 2 Samuel 9. Dice: “Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies”.

Contemplándolo objetivamente, tenemos que decir como ya constatamos: Mefi-boset no era ningún adorno para una mesa real. A pesar de esto, tenía su sitio constante en la mesa de David, porque el rey reconocía en su rostro los rasgos de su amado Jonatán. Sí, no somos ningunos adornos, estamos corrompidos en nuestro ser, sin embargo, estamos sentados a la mesa del Rey, y a los ojos de Dios somos Sus hijos e hijas. ¿Qué pues ve El en nosotros? El ve en ti y en mí al Rey de los reyes, El ve los rasgos de Su Hijo amado en nosotros, porque dice Romanos 8:1: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús…”. Tan grande es el amor del Padre que tiene para con Su Hijo unigénito, que por amor de El saca a Sus hermanos más humildes de la pobreza y del destierro y los eleva a tener trato real y a participar en la mesa principesca. “…y a los que justificó, a éstos también glorificó”. Nuestra fealdad no puede robarnos otra vez estos privilegios. La parálisis no nos impide ser hijos de Dios. El mutilado es heredero tan bueno como el que puede correr. Nuestro derecho de gracia no decae, aunque decaiga la fuerza. Una mesa real es un velo muy distinguido para pies mutilados. En el banquete de bodas del Evangelio, llegamos a conocer de qué manera gloriosa la fuerza de Cristo reposa sobre nosotros en nuestra debilidad. Nuestra comunión es con el Padre y el Hijo. Esta es la gracia que guarda.

A pesar de esto, es posible que graves defectos causen daño y oprobio a los santos más amados. Pues la historia de Mefi-boset aún no estaba terminada. Fue alimentado y honrado por David. Pero como estaba mutilado de ambos pies, no podía acompañar al rey cuando éste huyó de la ciudad; por eso fue calumniado y difamado por su siervo Siba. Cuando David huyó delante de Absalón, Siba le trajo una carga copiosa de alimentos que en aquel momento eran de valor inestimable para el rey. Pero Siba no solamente le trajo alimentos de los bienes de Mefi-boset, presentándolo como su propio mérito, sino también imputó a su señor haber puesto esperanzas de alta traición en la huida de David. Leemos en la Biblia: ¿Dónde está el hijo de tu señor? Y Siba respondió al rey: He aquí él se ha quedado en Jerusalén, porque ha dicho: Hoy me devolverá la casa de Israel el reino de mi padre. Entonces el rey dijo a Siba: He aquí, sea tuyo todo lo que tiene Mefi-boset”.

¡Era una grave mentira! – Santos que están débiles en la fe y no han progresado en conocimiento pierden mucho. Están expuestos a muchos enemigos y no pueden seguir al Rey en todos Sus caminos. Muchas veces, esta debilidad viene de una negligencia. A veces es una alimentación inadecuada la que hace que creyentes caigan en apocamiento y desesperación en su niñez espiritual y después nunca más se reponen enteramente. En otros casos es el pecado la causa de miembros quebrados. Pero justamente en esta situación, el David celestial está llamando ahora con voz alta: “¿Ha quedado alguno a quien haga yo misericordia por amor de Jesús?” ¡ El, Jesucristo, quiere hacer todo nuevo hoy en tu vida!

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