Confianza en medio de la angustia (3 de 3)

Título: Confianza en medio de la angustia

Autor: Marcel Malgo PE1430
¡Vivimos en un tiempo turbulento! Amenazas de guerra, criminalidad creciente, altas tasas de desempleo y otras dificultades caracterizan nuestros días. Muchos son afligidos por problemas personales, como enfermedad, soledad, culpa, etc. El autor de este mensaje analiza algunas de esas dificultades, y sin menospreciarlas nos anima a confiar de manera total y completa en el Dios Todopoderoso.

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Queridos amigos, nos habíamos preguntado en el programa anterior: ¿Qué significa invocar al Señor, a través de la oración, cuando estamos en angustia? Dijimos que no es cuestión de hacer una sencilla oración, sino que debemos clamar y suplicar si es necesario. Y nos decidimos a tomar como ejemplo las oraciones de Jesús y Su confianza en el Dios Todopoderoso.
En Hebreos 5:7, leemos: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente”. Si tomamos esta afirmación de manera literal, llegamos entonces a la irrefutable conclusión de que el Señor, verdaderamente, gritó, clamó y llegó al llanto de manera tal, que se le podía escuchar. Pero, hay algo interesante que llama nuestra atención: Con excepción del texto citado, no se dice en ninguno de los Evangelios que el Señor comenzara a clamar o a gritar en oración. Solamente Lucas hace alusión a esto utilizando la expresión: “oraba más intensamente”. Mateo 26:39, 42 y 44, nos relata la situación de la siguiente manera: “Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Y dejándolos, de fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras”. Y en Marcos 14:35, 36, 39 y 41 dice así: “Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú. Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras. Vino la tercera vez…” .  Vemos aquí con mayor claridad el significado de la oración del Señor, ya que dos puntos llaman nuestra atención. Y ahora sí, entonces vamos a sacarnos la intriga de cuáles son esos dos puntos que mencionamos ya en el programa anterior.
El primero es que: Jesús pronunció esta oración en tres ocasiones, no solamente en una.
Y el segundo, que: El oró tres veces, pero no olvidó someterse a la perfecta voluntad del Padre en cada una de las oportunidades.
¡Qué gran misterio hay escondido en estas oraciones!
Queda claro para nosotros que el Señor oró tres veces. Por lo tanto: Cuando Hebreos 5:7 dice que el Señor “… en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas…”  no se trata entonces de la forma de la oración. No se trata del tema si el Señor clamó o gritó estridentemente, sino más bien… ¡de que Él hizo esta oración tres veces! Dicho de otro modo: Cristo tuvo perseverancia en la oración. El se encontraba en la mayor angustia de Su vida, y la misma le llevó a orar. Su oración no se limitó a un corto y aislado alarido al Padre. No. El Señor oró tres veces, de manera consciente y lúcida, usando siempre las mismas palabras. ¡Cuán bueno sería si aplicáramos esto a nuestra vida personal de oración!
Son muchas las oportunidades en que nos enfrentamos a todo tipo de angustias y tensiones ¿Y qué es lo que hacemos cuando somos tentados de esa manera? En ese preciso momento enviamos un fervoroso pedido de ayuda al cielo. Pero, apenas logramos reponernos un poco, continuamos con nuestra rutina diaria. No debería sorprendernos, entonces, que al poco tiempo seamos sorprendidos -una vez más- por el mismo mal. La oración pronunciada por el Señor -de manera consciente y en tres oportunidades- nos muestra de manera muy clara que nosotros -si realmente queremos tener victoria sobre la angustia y sentimientos afines que se repiten- no debemos orar sólo de vez en cuando. Se hace necesario que lleguemos a tener una vida de oración perseverante y regular. Solamente de esta manera seremos hijos de Dios capaces de lidiar de manera correcta con nuestras angustias. Solamente así venceremos nuestras tribulaciones. Tres claros testimonios de las Escrituras, nos exhortan a orar de esta manera:
Romanos 12:12 nos dice: “Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración”.
Colosenses 4:2 nos exhorta: “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias”.
 Y en Efesios 6:18 leemos: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.
Cuando la Biblia nos dice en Hebreos 5:7 que la oración del Señor fue oída y que, en consecuencia, Él recibió pronto socorro y liberación de la angustia, podemos estar seguros que esto sólo aconteció después de Su perseverante e insistente oración.
En cuanto al segundo punto, el cual aún resta mencionar, y que es de vital importancia, podemos ver que: nuestro Señor vivía en una permanente entrega a la voluntad de Su Padre. En Marcos 14:35 y 36 leemos: “Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. Y decía Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú”. Nosotros no alcanzamos a comprender la importancia de esto. No era el mero acto de repetir en tres oportunidades la misma oración, si no que lo realmente trascendente era Su sumisión a la voluntad del Padre, demostrando así una confianza tan grande que jamás otra podrá asemejarse a ella. ¡Fue algo magnífico! En Su angustia, se presentó tres veces ante el Padre con el fin de orar las mismas palabras. Mas por el hecho de someterse sucesivamente a la voluntad de Dios, nos dio prueba de la absoluta confianza que tenía en el Padre celestial. Cristo era consciente: Yo puedo orar para que esta copa pase de mí, pero si mi Padre celestial lo quiere de otra forma, entonces lo acepto y me entrego totalmente en Sus manos. ¡Esto es total confianza en el Dios Todopoderoso! Debemos siempre tener esto en mente, puesto que a pesar de que vamos a Dios en oración muchas veces, clamando y llevando a Él nuestra angustia, en última instancia siempre esperamos que Él haga aquello que nosotros queremos.
Reflexionemos sobre aquello que estaba en juego allí en Getsemaní: O moría el Señor allí mismo, dejando de salvar a la humanidad, o moría en el Calvario, como estaba previsto, salvando así al pecador y asumiendo en Sí mismo la maldición del pecado. A pesar de que Su obra redentora estaba peligrando, El no llevó a cabo Su propia voluntad, sino que se sometió totalmente a la de su Padre.
¿No le gustaría a usted convertirse en una persona así, que supiera lidiar con sus propias angustias y pudiera vencerlas? Entonces, deposite su confianza en el Dios Todopoderoso, y comience a llevar una vida de oración regular y perseverante. Pero, nunca olvide someterse en forma total a la voluntad del Señor Jesús mientras habla con Él. Esa entrega de su parte, sea cual sea, debe siempre dejarla de manifiesto en cada una de sus oraciones. Si usted sigue por esta senda, se convertirá en un creyente que -a pesar de seguir sintiendo angustias y penas por estar inmerso en este mundo- será capaz de permanecer tranquilo ante toda circunstancia adversa. Se sentirá seguro en las manos del Señor, pase lo que pase. ¡Lo que hace el Señor siempre es bueno! En Juan 16:33 dice: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Éstas son palabras de Cristo. ¿Cree usted en ellas? Si es así, ¡viva entonces de acuerdo a esa fe – aun cuando el miedo quiera apoderarse de sus emociones -, confiando en el Dios Todopoderoso, e invocándole en oración!

Confianza a pesar de la angustia (2 de 3)
Confianza frente a los grandes desafíos (1 de 3)

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