Confianza en la Eternidad (2/2)

Título: Confianza en la Eternidad (2ª Parte)

Autor: Marcel Malgo
PE1438

¡Vivimos en un tiempo turbulento! Amenazas de guerra, criminalidad creciente, altas tasas de desempleo y otras dificultades caracterizan nuestros días. Muchos son afligidos por problemas personales, como enfermedad, soledad, culpa, etc. El autor de este mensaje analiza algunas de esas dificultades, y sin menospreciarlas nos anima a confiar de manera total y completa en el Dios Todopoderoso.


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Estimados amigos, en el programa anterior nos preguntamos: ¿Por qué razón nos falta alegría cuando pensamos en el cielo? La primera respuesta es muy sencilla: Porque nosotros no nos preocupamos de este tema.

Y la segunda respuesta fue: Porque conocemos muy poco a quien es el más glorioso allí: Al propio Señor Jesús.

Pero, existe aún una tercera razón para que muchos cristianos no sientan felicidad y expectativa por el cielo: Que poco o nada conocen sobre el tema.

Por un lado, esto es la consecuencia lógica de la escasa lectura bíblica y, por otro lado, es que la Biblia no hace grandes revelaciones respecto a nuestra morada celestial. Muchas cosas solamente las podemos deducir a partir del texto bíblico. Pero, a pesar de eso, contamos con puntos de referencia que, de ahora en más, pueden ayudarnos y embargarnos de alegría: 

– Mateo 6:9 nos dice que el hogar celestial es el lugar donde vive el Padre:“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos”.

– En Juan 6:38 podemos ver que el cielo es el lugar donde vive el Hijo:“Porque he descendido del cielo…”.

– De Apocalipsis 2:7 deducimos que en el hogar celestial tendremos gozo:“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”.

– Apocalipsis 22:5, dice muy claramente que en el cielo no existen las tinieblas:“No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará…”.

– Y ese mismo pasaje, continúa diciendo que en el hogar celestial reinaremos con Cristo:“… y reinarán por los siglos de los siglos”.

– Apocalipsis 14:13 afirma que en el cielo tendremos descanso:“Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen”.

– En Apocalipsis 7:16 y 17 se nos manifiesta que en el hogar celestial ya no habrá hambre, sed, ni calor:“Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de agua de vida…”.

– Filipenses 3:21 dice que en el cielo seremos semejantes a El:“el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya…”.

– Y, finalmente, 1 Juan 3:2 proclama que en el cielo le veremos tal como El es:“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.

Estas afirmaciones sobre el cielo, sumadas a otras que encontramos en la Biblia, más la expectativa de la vida eterna; deberían provocar en nosotros la máxima felicidad.

Pongamos nuestra atención en otro punto muy importante: El Señor se alista para el día en que tomará a Sí mismo a los que le pertenecemos. Ya hemos citado Juan 14:1-2:“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. Jesucristo, el novio, está preparando mansiones celestiales en Su reino para Su novia, la Iglesia.

Tal conocimiento debería fortalecer nuestra alegría y nuestra expectativa del cielo. Pero, nuestro Señor se alista de varias maneras. El hermoso relato del siervo de Abraham -que busca y encuentra una novia para Isaac, el hijo de su patrón- nos ilustra de una forma gloriosa tal preparación, y por eso implica un profundo significado espiritual. Vemos así, en Abraham, una figura del Padre celestial. El siervo nos ilustra al Espíritu Santo, e Isaac nos muestra la figura de Cristo. La tarea especial que debía llevar a cabo el siervo de Abraham, nos habla de la función y el ministerio del Espíritu Santo. Y parte de esa función consiste en buscar y encontrar, entre todos los pueblos del mundo, una novia (la Iglesia de Jesús) para el Isaac celestial (Jesucristo). De hecho, aquel siervo encontró en Mesopotamia una esposa para Isaac, quien cumplía con las exigencias de Abraham.

El punto culminante de este relato es cuando Rebeca -la novia- se pone en camino, junto al siervo, para encontrar a su novio, quien la tomaría como esposa. Este relato está escrito de una manera muy hermosa en Génesis 24:61:“Entonces se levantó Rebeca y sus doncellas, y montaron en los camellos, y siguieron al hombre; y el criado tomó a Rebeca, y se fue”. Las palabras “siguieron al hombre”, indican las muchas personas de entre todas las naciones que escuchan el cortejar del Espíritu Santo, y que son parte de la Iglesia, quien es la novia del Cordero. Y las últimas palabras del versículo: “… y el criado tomó a Rebeca, y se fue”, nos hablan del último tramo antes del arrebatamiento, cuando el Espíritu Santo conduce a la Iglesia de Jesús hacia el Novio celestial.

Apocalipsis 22:17 nos habla de la última y gran función del Espíritu Santo en esta tierra, o sea, del arrebatamiento de la Iglesia de Cristo:“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven”. Cuando el siervo de Abraham va en camino, junto a Rebeca, y se van aproximando a su objetivo, de repente, a la distancia, distinguen a Isaac. En aquel preciso instante Isaac esta ocupado con algo de suma importancia: Él estaba orando. En Génesis 24:63 y 64 leemos:“Y había salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde; y alzando sus ojos miró, y he aquí los camellos que venían. Rebeca también alzó sus ojos, y vio a Isaac, y descendió del camello”. ¡Qué palabras tan impresionantes! Si decimos que Isaac es una figura del novio celestial, Jesucristo, entonces logramos ver también de qué manera se alista el novio celestial para la llegada de Su novia. Isaac oró por el encuentro con su novia. Nuestro Señor actúa también de la misma manera. El arrebatamiento sucederá en cualquier momento, y Jesucristo está orando por Su novia antes de encontrarse con ella.

Él intercede delante de Su Padre. Pero, cabe la pregunta: ¿Por qué hace Él esto? La respuesta es sencilla. En 2 Timoteo 3:1 está escrito:“… en los postreros días vendrán tiempos peligrosos…”, y en estos “tiempos peligrosos” dice 1 Timoteo 4:1 que“algunos apostatarán de la fe”. ¡El desarrollo de estos acontecimientos extremadamente perjudiciales, conmueve el corazón del Señor pues se da justamente en la última etapa, anterior a Su unión con aquellos comprados por Su sangre! Cada vez que hablamos acerca de la santificación, tenemos la inclinación a dar énfasis a una cara de la moneda, o sea, aquella que enseña que un hijo de Dios tendrá gran perjuicio si no despierta del sueño y se arrepiente. Naturalmente, es bueno y correcto predicar de esta manera, pero ¿será que alguna vez nos hemos detenido a pensar cuán grande es el dolor del Señor cuando alguno de los que fueron comprados por Su sangre son salvos, pero solamente “… como por fuego”, como lo menciona la Biblia en 1 Corintios 3:15? Lamentablemente, esto sucederá un día.

Existen muchos creyentes que en verdad son salvos, gracias al nuevo nacimiento que han experimentado, pero debido a su vida liviana, a su tibieza, perderán muchas cosas en la gloria de la vida futura. En este sentido, la Palabra nos aclara en 2 Corintios 5:10:“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ente el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”. ¡Ay de nosotros si -cuando llegue el momento de hacer públicas nuestras obras como cristianos- ellas son malas! Porque, entonces, se aplicará inexorablemente a nuestras vidas, lo que dice 1 Corintios 3:15:“Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”.

Esto será trágico para la persona. ¡Pero será peor aún para el Señor! Pues el texto nos dice que aquí se trata de uno de los redimidos por Su sangre que, si bien ha llegado al cielo, igualmente sufre daño por no haber sido completamente fiel. Este hecho no deja indiferente a nuestro Señor, por esta razón Él intercede en oración por los Suyos. En la oración sacerdotal de Juan, capítulo 17, vemos que Él intercede en tres oportunidades por sus discípulos (en los versículos 9, 15 y 20). Además de éstos, existe otro pasaje bíblico que nos demuestra que Jesucristo intercede, de manera especial, por aquellos que están en peligro de apostatar de la fe. En Lucas 22:31-32, Él le dice a Pedro:“Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte”.

Se podría argumentar que el Señor hizo esta oración, y también la oración sacerdotal, cuando aún estaba en la tierra, pero que ahora, una vez en el cielo, no intercede más de esta forma. Este pensamiento no es del todo equivocado, pero tampoco corresponde a toda la verdad. Pues nuestro Señor aun hoy representa a los hijos de Dios delante del Padre, aunque ya se encuentre a Su diestra:“… el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”(Romanos 8:34). Esta realidad también se nos confirma en Hebreos 7:25:“Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”. No es solamente la oración que Jesús hizo por Pedro la que nos demuestra que Él intercede por los pecadores y los derrotados. También en 1 Juan 2:1 podemos ver esta verdad, sin sombra de duda:“… y si alguno hubiera pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. ¡Qué mensaje animador! ¡Qué privilegio significa saber que nuestro Señor se prepara en oración para el gran día de reunión con Su novia! Nunca sabremos cuantos cristianos – fríos o desanimados – en todo el mundo, encontrarán una vez más el camino al primer amor, gracias a la intercesión personal de Jesús y, así, no perderán su corona.

Naturalmente, queda sin respuesta la pregunta de por qué Jesús ha elegido el camino de la intercesión para traer de vuelta a los creyentes tibios. Puesto que Él podría utilizar maneras muy distintas. No podemos responder a esta pregunta. Con nuestra mente humana y limitada sencillamente no lo comprendemos. Tampoco necesitamos comprender, sino más bien debemos alegrarnos por el hecho de que, en el cielo, el Señor se prepara en oración para el encuentro con Su novia. Ésta es una verdad tan preciosa, que casi, tampoco, podemos entenderla.¡Pero podemos y debemos creer en ella!

Esta realidad debería fortalecer de manera especial a aquellos que tienen creyentes tibios o fríos en su propia familia. Ésta es una situación que casi puede llevarnos a la desesperación. Pero, aún así, debemos confiar totalmente, como un niño, en el ministerio de nuestro gran Intercesor. Pues, Él intercede ante el Padre por dichas personas. Y en Juan 10 28, vemos que Él mismo dice:“… nadie las arrebatará de mi mano”.

¡Qué el Señor nos conceda que, basados en este tema, “Confianza en la eternidad”, nos alegremos de una manera totalmente nueva por el cielo que está abierto para nosotros, y que rebosemos de júbilo por el hecho de que tenemos un hogar celestial esperándonos!

Confianza en la Eternidad (1/2)
El Evangelio de Dios (1/2)

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