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¿Cómo obtener la victoria sobre el pecado?
(4ª parte)

Autor: Eberhard Hanisch

¿Cómo debemos enfrentar la tentación a pecar?
¿Cómo podemos experimentar la victoria sobre el pecado? ¿Es Dios, realmente, quien nos mete en tentación?
Éstas y otras preguntas serán analizadas en este mensaje.

 


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PE2040 – Estudio Bíblico
¿Cómo es posible obtener la victoria sobre el pecado? (4ª parte)



Hola, amigos! Habíamos concluido en el programa anterior, en que: Todo depende de si, después de arrepentirme, permito que mis viejas estructuras, costumbres e inclinaciones sean intercambiadas por una mente nueva, y si practico una nueva vida espiritual, nacida del Espíritu Santo. Esto significa renovar la vieja manera de pensar, reemplazando los valores aprendidos por valores nuevos, aceptables a Dios. Eso significa establecer nuevas prioridades.

En la práctica, eso tiene el siguiente aspecto:
— Por ejemplo, un entendimiento nuevo, más elevado, del matrimonio y la sexualidad. Dios los inventó y Él pensó en muchas cosas hermosas al hacerlas, pero el diablo se está aprovechando ilegítimamente de la sexualidad, para que las personas vivan según sus ideas, y no según las ideas de Dios. «Honroso sea en todos el matrimonio” (nos dice He. 13:4). Otras traducciones dicen: “Honren el matrimonio, y manténganse la fidelidad entre los cónyuges.” “Hónrese el matrimonio en todos.” De modo que la actitud correcta, comienza con una gran valoración de aquello que Dios desea. Nuestra forma de pensar, entonces, tendrá sus consecuencias.
– O, por ejemplo, tener una comprensión más elevada de la posesiones: ser administradores, tener en cuenta las necesidades de los demás, compartir, ser fieles. En el Salmo 24, dice: “De Jehová es la tierra y su plenitud.” Las cartas neotestamentarias nos alientan: «Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis” (He. 13:16). «El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad” (Ef. 4:28).

Dicho de manera más general: «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Fil. 4). O sea, que no existe ninguna receta sencilla de la fe ni ningún automatismo para obtener la victoria, sino que eso exige nuestra colaboración y decisión, y se extiende a nuestra vida entera.

La renovación debe comenzar en el espíritu, y tiene que ser motivada por la gracia de Dios (como vemos en Ef. 4:22 y 23), siendo consolidada en la voluntad: Romanos 12:1 y 2, nos dice: «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

El tema es así: si lo nuevo, lo positivo, lo obrado por el Espíritu, no gana terreno en usted, caerá una y otra vez en las tentaciones, porque la vida espiritual de Jesús aún no puede actuar.
– Efesios 5:1 y 2 muestra una motivación superior, espiritual: somos hijos amados de Dios, y por eso debemos y podemos andar en amor.
– Efesios 5:4 muestra una actitud transformada, caracterizada por la gratitud. Ya no pienso que me falte algo que el pecado me ofrecería más que la vida con Dios, o que Dios me estuviera privando de algo. Doy gracias, en lugar de rebelarme.
– Efesios 5:8 muestra una nueva sinceridad (luz y verdad).
– Efesios 5:9 muestra una nueva búsqueda de lo que es provechoso.
– Efesios 5:10 muestra una vida que quiere guiarse por la buena voluntad de Dios.
– Efesios 5:16 muestra una vida que quiere servir activamente, que toma responsabilidad, y que no es malgastada en cosas sin sentido y en holgazanería.
– Efesios 5:18 muestra una vida que busca y comprende la voluntad del Señor.
– Efesios 5:19 muestra una vida que se deja llenar por el Espíritu de Dios, que busca la comunión con los hermanos y hermanas (entre vosotros), y que conoce la comunión con el Señor.
Efesios 5:20 y 21 muestra una vida de agradecimiento, vivida en el temor del Señor.

De modo que debemos reemplazar las acciones pecaminosas por aquellas de la nueva vida (o de la justicia). La clave para la santificación está en contentarnos en Dios. «Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (nos dice el Sal. 16:11). ¡Dios no nos priva de nada! Tomando esto en cuenta, eso nos mantiene cerca de Él y lejos del pecado. Con lo bueno, obrado por el Espíritu, lo loable y santo, y la comunión unos con otros, podemos vencer los valles del pecado. Pero, cuando no se practica la nueva vida, una y otra vez habrá terribles derrotas. Gálatas 6:7 al 9 nos advierte: «No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos (o: si siendo vencidos nos entregamos)”.

El cómo poder fomentar la vida espiritual práctica, lo delineó Joshua Harris en una lista que me gustaría reproducir aquí:
– Concédale al Señor un tiempo diario para la lectura y la meditación en Su palabra y para la oración; quizás también para llenar su espíritu con versículos bíblicos memorizados, de modo que usted aprenda a pensar como Él. «¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (leemos en Sal. 119:9). Muchas veces usted volverá a olvidar la palabra memorizada, pero aun así, la misma tendrá una acción purificadora: En 2 Ti. 3:16, leemos: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”, y He. 4:12 nos dice que «penetra hasta partir el alma y el espíritu”.
– En momentos cuando el pecado está ante la puerta, la memorización de un versículo bíblico o el recordar una palabra puede ser una gran ayuda para resistir. La Biblia dice, en Col. 3:16, que dejemos morar la Palabra abundantemente entre nosotros.
– Comunión: Reúnase responsablemente con otros creyentes en una iglesia para juntos adorar a Dios, y animarse unos a otros a seguirle. Participe en eventos, como ser cultos, “cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (como nos exhorta Col. 3:16). Usted necesita de otros creyentes que hablen con usted, canten, repitan las verdades bíblicas y le testifiquen, que oren por usted, adoren juntos al Señor y le animen cuando usted está en peligro de rendirse. La iglesia es el cuerpo de Cristo, y Él es la plenitud de aquello que todo lo llena. Manténgase firme en una iglesia donde también pueda relacionarse con los demás, donde aprenda a servir, y donde juntamente con otros experimente el crecimiento, donde sus hijos estén en buenas manos, y donde no se fijen sólo en ellos mismos.
– Participe activamente en alguna tarea y sirva a los demás.
– Lea literatura que le ayude espiritualmente.
– Escuche canciones espirituales que capten su atención.
– Escuche programas cristianos de radio y televisión, u otras emisiones con contenidos positivos.
– Dé al Señor el primer lugar.
– Viva conforme a su llamado a la comunión con Jesucristo (1 Co. 1:9), y su vida diaria cambiará. Permita que la gloria de Jesucristo le ilumine, y el pecado ya no tendrá más poder sobre usted.
– En lugar de buscarse a sí mismo, sirva y haga el bien. En la medida en que usted siembre en el Espíritu, estará armado contra las tentaciones y experimentará la victoria de Jesucristo. Eso hará que sea cada vez menos atacado por las cosas que provienen de la naturaleza pecaminosa, ya que lo espiritual será más fuerte y eso le hará fuerte a usted.
– Si a pesar de todo esto usted ha fracasado, pida perdón, y permita que el Espíritu de Dios le vuelva a sensibilizar para escuchar Su voz.
– Despójese de la vieja naturaleza, vistiéndose de la nueva, una y otra vez.
– Cuando se encuentre en situaciones de tentación, luche para poder obedecer por la fe, y dirija su atención a cosas puras.
– Y, para finalizar, una sugerencia de Charles Swindoll: En el temor de Dios, piense también en las consecuencias de sus acciones.

Y, para finalizar, 1 Ts. 5:22 al 24 nos exhorta y nos anima, diciendo: «Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”.

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