Cambio de la Ubicación de la Casa de Dios (4ª parte)

Cambio de la Ubicación de la Casa de Dios

(4ª parte)

Autor: Wim Malgo

En Ex. 33:7, leemos: “Y Moisés tomó el tabernáculo, y lo levantó lejos, fuera del campamento, y lo llamó el Tabernáculo de Reunión”. El propósito original de Dios de vivir en medio de Su pueblo fue cambiado. Veremos en este mensaje que esto tenía un significado profético de juicio, pues el conflicto entre la misericordia de Dios por un lado, y Su justicia y santidad por el otro, todavía no se había resuelto. Todavía no estaba decidido si el pueblo iba a ser perdonado o juzgado por su terrible apostasía e idolatría. .



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PE1751 – Estudio Bíblico
Cambio de la Ubicación de la Casa de Dios (4ª parte)



Estimados amigos oyentes, observando más de cerca el camino del mediador, Moisés, hacia el tabernáculo de reunión (en el v. 8 de Ex. 33), nuestra vista se desprende, como la de todo el pueblo, de las tiendas y sus puertas, y somos atraídos, como por una fuerza magnética, en pos de aquel hombre que sale del campamento:“…Todo el pueblo se levantaba, y cada cual estaba en pie a la puerta de su tienda, y miraban en pos de Moisés.”Aquí tenemos tres expresiones que nos muestran el compromiso de su corazón y anhelo hacia el Señor: Ellos“se levantaban… se ponían en pie… miraban en pos”.Todo su ser interior está incluido.

La meta a la cual se levantan, dirigen y miran, sin embargo, no es a ese hombre, sinola puertaa la cual él se dirige y por la cual entra:“… hasta que él entraba en el tabernáculo.”Ésa es la única puerta que era de importancia, la cual entonces era inalcanzable para ellos.

Ese pasaje se refiere a las dos entradas – hacia Dios y hacia nosotros – de las cuales también trata el discurso de Jesús en Juan 10:7 y 9:“Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. (…) Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo…”Lo desastroso en Éx. 33 es que estas dos puertas no eran inmediatamente contiguas (como en Jesús), sino que estaban separadas. El tabernáculo ya no se encontraba en el campamento. Y, a pesar de que la puerta de este lado estaba abierta, la puerta del tabernáculo permanecía inalcanzable para los que habían sido llamados, escogidos y que estaban unidos con Dios, estaban bajo la protección de Dios y por Él eran guiados – y, sin embargo, no eran uno con Él!

Esto también sucedió en los tiempos de Noé. Si lo observamos desde la perspectiva que estamos estudiando, entendemos algo más de la comisión de Dios a Noé con respecto a la construcción del arca. En Génesis 6:16, leemos:“Y pondrás la puerta del arca a su lado”. Esta única puerta del arca de salvación se encontraba allá para que entrasen por ella. Nos llama la atención que sólo Noé y sus familiares hayan entrado por ella en el arca, pues ninguno de sus contemporáneos pudo entrar. ¿Y por qué no? ¡Porque no quisieron! Esto también se puede ver de otra manera: El mismo mensaje que a un individuo le proporciona avivamiento, en otro sólo provoca crítica y rechazo.

Pablo dice en 2 Corintios 2:15 y 16:“Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida.”La puerta abierta afuera del campamento era de libre acceso para todos. Israel anhelaba entrar, pero no podía. Estaba tan cerca y, a la vez, tan lejos del Señor porque, en realidad, no quería la comunión.

Esta contradicción caracteriza el estado interior de ese pueblo, obcecado por la revelación y la ley, seguro de su elección en el pacto, de la dirección y de la tierra prometida, y, a pesar de todo, separado de Dios y sin comunión con Él.

Existen muchas de estas personalidades divididas. Por un lado, eres un renacido; alguien que ha tenido la maravillosa vivencia de conocer al Señor; alguien que ha gustado que el Señor es bueno y benévolo. Por otro lado, no estás en condiciones de cambiar tu estado actual; a pesar de que reconoces que tu fiel Salvador ya no es el centro de tu vida, sino que Él ahora es una figura marginal, y sientes que el Señor se ha distanciado de ti porque te has alejado de Él. Justamente, eso le había sucedido a Israel.

Las palabras son insuficientes para aclarar la situación. Por un lado, el estar parados en sus puertas, es un testimonio revelador de estar separados de Dios, de estar en reserva y, al mismo tiempo, muestra el anhelo de ellos de entrar en la comunión nuevamente, indicado a través del hecho de tener su mirada fijamente dirigida hacia Él, hasta que Su puerta se abra.

Pero ¡he aquí lo maravilloso!: La puerta se abrirá nuevamente de par en par, si tú te diriges de todo corazón a Él!

Así está escrito en Romanos 6:16:“¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?”Uno se vuelve esclavo de la situación a la cual uno se somete. ¡Ah, si supieras cómo el Señor te anhela; cómo desea tu obediencia, tu completo amor y tu entrega completa a Él! ¡Ah, si sólo pudieras imaginar cuánto Él te ama, a ti que eres un (o una) apóstata!

Mientras el versículo 8 de Éxodo 33 dice:“… Cuando salía Moisés al tabernáculo”, el versículo 9 comienza así:“Cuando Moisés entraba en el tabernáculo…”Si el versículo anterior nos conduce, a través de la mirada anhelante de los hijos de Israel, desde sus tiendas al tabernáculo, el versículo 9 nos revela la anhelante espera de Dios detrás de la puerta del tabernáculo:“Cuando Moisés entraba en el tabernáculo, la columna de nube descendía y se ponía a la puerta del tabernáculo, y Jehová hablaba con Moisés.”Así que, mientras los hijos de Israel seguían con sus miradas anhelantes a Moisés, hasta que éste entraba en el tabernáculo, de la misma manera Dios, por Su lado, observaba con anhelo el andar del mediador.

Jesucristo, el Mediador del Nuevo Pacto, es la expresión del anhelo de Dios hacia ti y hacia mí. El Dios que rehusó subir en medio de Su pueblo para no consumirlo, todo el tiempo esperaba la entrada de Su Mediador por la puerta, a fin de tener comunión con él a través de la palabra.

Esto es: Hablar con él, como un hombre habla con un amigo. La entrada de Dios por la puerta, por Su lado, es la declaración del que estaba apartado buscando el regreso, la expresión de Su voluntad de no reinar para sí en lo oculto, sino de mantener, por medio del mediador, un enlace con Su pueblo. Ésta es la confirmación de que Él reconoce a Moisés como mediador del pueblo en el Antiguo Pacto. En el Nuevo Pacto, leemos en Lc 9.35 que el Señor se refiere a Jesús, y dice: “Este es mi Hijo amado; a él oíd”.

El versículo 10 de Éxodo 33, nos pone otra vez entre la puerta y las puertas. Nos muestra la columna de nube que estaba en la puerta, y el pueblo que se postraba en sus puertas. Si el descenso de la columna de nube era la declaración de Dios a Su mediador, confirmando su intercesión por el pueblo, entonces, el postrarse del pueblo en sus puertas, al divisar la columna de nube, era la declaración del pueblo de Israel de que, en la fe, aceptaba el encuentro y el hablar de la Majestad de Dios con el mediador, en la columna de nube, con referencia a ellos. Entonces, ellos se postran ante Él como su Rey y lo adoran.

¡Así, Dios el Señor, a través de Su Mediador del Nuevo Pacto, Jesucristo, Su hijo amado, encontró el camino para Su maravilloso amor hasta nuestros corazones! ¡Ven, arrodíllate en espíritu y ríndete nuevamente a Él, porque Él te espera!

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