Caleb – Su valor y su prueba (3/3)

Título: Caleb – Su valor y su prueba (parte 3)

Autor: Esteban Beitze
Nº   PE1462

En medio de la noche oscura de la incredulidad, desazón y cobardía, aparece una luz que ilumina el camino, que da confianza y seguridad. Es un hombre que, en medio de la oposición y grandes retos, demostró ser un líder íntegro, capaz y perseverante. Ese hombre fue Caleb. Hoy, como nunca antes, la mies del Señor requiere de creyentes y, sobre todo, de líderes firmes, íntegros, que sirvan de ejemplo para otros. Caleb lo fue, tú también lo podrás ser. ¿Estarás dispuesto a ser usado por Dios?


DESCARGARLO PARA TENER O COMPARTIR CON OTROS:pe1462.mp3



El que busca hacer la voluntad del Señor, indudablemente, encontrará oposición. A esto, hay que añadir que es muy común que después de grandes bendiciones le sigan las más duras pruebas. ¿Estamos preparados para ellas, o nos arrollan irremediablemente? Después de la experiencia de comprobar que la tierra prometida era fértil y del cuidado de Dios en estos cuarenta días de espionaje, Caleb y Josué con palabras llenas de fe que buscaban animar al pueblo a enfrentar al enemigo, en vez de recibir el reconocimiento obtienen oposición.

En vez de colaboración, reciben odio. Pero no sólo oposición en palabras que, evidentemente, eran muy convincentes sino que, para colmo, hasta querían matarlos, así lo leemos en Nm. 14:10: “Entonces toda la multitud habló de apedrearlos…” La fidelidad de Caleb estuvo a punto de costarle nada menos que la vida.

Imaginémonos un poco la situación. Caleb vuelve cansado de un viaje de cuarenta días. Cuarenta días alejado de su pueblo, de su familia, de la seguridad. Tuvo que recorrer centenares de kilómetros, siempre con el temor de ser reconocido como espía, atrapado y enjuiciado. Se da cuenta que la tierra es como Dios había dicho. Asombrado y gozoso ayuda a cortar y cargar el enorme racimo de uvas que encontraron en Escol. Vuelve con un tremendo entusiasmo, sabiendo que Dios había confirmado Su palabra y había dado éxito para su viaje. La oposición de los enemigos no lo atemorizaba, porque sabía que el Dios que los había sacado de Egipto con grandes maravillas y prodigios estaba con ellos. Dios les había prometido la tierra como posesión y les ordenó tomarla. ¿Qué más se necesitaba? Quería correr a casa y testificar de la buena mano de Dios y enseguida levantarse a tomar la tierra. Pero cuando regresa, en vez de poder animar al pueblo a seguir la orden de Dios, a confiar en Sus promesas y tomar por posesión la tierra prometida, sólo encuentra desánimo, oposición y hasta un intento de linchamiento.

La crítica viene de aquellos que no están dispuestos a actuar y destruye las posibilidades de avanzar. El que critica, generalmente, es aquel que no hace nada. Por otro lado, si estamos dispuestos a avanzar valientemente, a involucrarnos en la obra del Señor, tenemos que tener presente que aparecerá la crítica, y sobre todo de aquellos que no hacen nada. ¡Qué daño ha hecho y seguirá ocasionando la crítica! ¡Cuántos hay que con toda buena voluntad y alegría decidieron involucrarse en la obra del Señor, hacer algo bueno, pero que enseguida fueron “bajados a tierra” por los criticones de siempre! Lógicamente no estoy hablando aquí de la crítica constructiva, que se hace con amor y verdad, buscando la optimización de la tarea y la gloria de Dios. Esta es hecha por hermanos espirituales, a los que realmente les pesa la obra, y que lógicamente también están involucrados en ella. Hablan de la experiencia práctica con una visión espiritual. Pero la crítica gratuita, sin identificación, sólo destruye. Si se les pide a estos hermanos que se involucren, tendrán infinidad de excusas para no hacerlo.

¿Cuántos se habrían desanimado en una situación semejante? ¿Cuántos hubieran “tirado la toalla”? Habrán dicho: “Esto es demasiado para nosotros. Seguro que no puede ser la voluntad de Dios. Mejor me dedico a lo mío y que los demás se arreglen solos. Si existe tanta oposición, ¿para qué me voy a involucrar?”. ¿No es esto lo que vemos por todos lados en la obra de Dios? Venimos con un proyecto que nos parece estupendo y no somos recibidos con el entusiasmo y reconocimiento que imaginamos, y ya empezamos a discutir o guardamos rencor. No se nos saludó, y pronto crece una raíz de amargura; se nos cometió una injusticia e inmediatamente abandonamos la iglesia y vamos en busca de otra. La verdadera espiritualidad se demuestra en el momento de la oposición, de la prueba y del conflicto. ¿Cómo reacciono si no aceptan mis propuestas o ideas, si me tratan mal, me ignoran o cometen injusticias contra mí?

Lo más triste era que Caleb y Josué estaban a punto de ser linchados, no por un mal que hubiesen hecho, no por ser traidores, sino porque confiaban en el Señor y decían la verdad.

Caleb estaba pasando una gran prueba.

A veces uno se pregunta por qué ciertas cosas, ideas o proyectos no son aceptados, a pesar de tener la certeza que son la voluntad de Dios. Una de las cosas que más frustra a un hijo de Dios consagrado es cuando ve que algo que podría servir para bendición a un hermano, a una iglesia u obra no es aceptado. Fácilmente uno puede quedar desanimado e inclusive abandonar la tarea. Pero tenemos que tener presente, en primer lugar, que nuestros tiempos no son los tiempos de Dios. A veces es la voluntad de Dios, pero todavía no es el tiempo de Dios. En segundo lugar, algunas veces es necesario que la idea, el proyecto o aún los hermanos, maduren un poco más. Tal vez se carezca de visión y planificación eficaz. En otros casos, lamentablemente, Dios tiene que quitar primero algún factor distorsionante, pecado entre el pueblo de Dios o aún al pecador mismo, para que luego se pueda realizar el proyecto bajo la bendición del Señor.

Justamente este último fue el caso del pueblo de Israel. Moisés mismo le dice al pueblo más tarde, que fue Dios quien los había llevado al desierto para probarlos, para saber lo que había en sus corazones, si iban a obedecer los mandamientos de Dios o no. Lamentablemente, esta generación fracasó. Dios tuvo que elegirse otra para llevar a cabo sus planes. Los únicos que fueron hallados dignos de todo este pueblo justamente fueron Caleb y Josué. Pero ver dilatada la bendición, la promesa, la recompensa por varias décadas más, seguramente no fue fácil para Caleb. Tuvo que aguantar estar en medio de un pueblo rebelde, dando vueltas en el desierto, esperando que se cumplieran los cuarenta años de estadía en este lugar y la muerte de toda su generación. Pero a pesar de todo, siguió siendo fiel.

Por otro lado, la verdad es odiada por la gente del mundo. La verdad de Dios nunca es amada en este ámbito. Y es también real que, lamentablemente, muchas veces es dejada de lado por el creyente carnal. Éste quiere seguir sus propios deseos y razonamientos, que también serán opuestos a Dios y a la verdad. Por esto, el cristiano espiritual muchas veces es dejado de lado aún en círculos cristianos. Suena muy desalentador. Pero en ningún lugar Jesús nos dice que el camino con Él va a ser fácil. Todo lo contrario. Es un camino de cruz y llevando la cruz. Hay que crucificar el YO (como dice en Gá.2:20). Es un camino de abnegación. “Golpeo mi cuerpo”, decía el apóstol Pablo. Y no sólo esto, sino que también es un camino de oposición y sufrimiento. La mayoría de los creyentes no quiere escuchar. En algunos círculos, el sufrimiento hasta es visto como algo proveniente del diablo. “El creyente no debe sufrir”. Pero éste es un concepto que le hace violencia a toda la enseñanza del NT, empezando con Jesús que sufrió toda Su vida y la entregó sufriendo en el madero. Todos los discípulos de Jesús sufrieron, fueron perseguidos, y la mayoría murió por el nombre de Cristo. En todas las épocas de la iglesia, incluyendo nuestros días, los creyentes en algunos lugares del mundo eran, son y serán perseguidos por el nombre de Cristo.

Por lo tanto, es normal que los hijos de Dios tengan que pasar por pruebas y oposición desde afuera; pero lamentablemente aún también desde dentro de sus propias filas. Si en nuestra vida personal existe un constante conflicto: “carne versus espíritu”, también lo habrá dentro de la iglesia. Leemos en 2 Ti. 3:12 que Pablo dijo: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución“.

Pero todo esto no nos debe desanimar. Tenemos que poner nuestros ojos en Cristo, nuestro ejemplo supremo, y aún en medio de las pruebas y dificultades seguirle siendo fiel. Y aunque a nuestro alrededor la verdad no se quiera escuchar, tenemos que seguir firmes. Justamente es una señal del tiempo final, como lo afirma el apóstol Pablo en 2 Ti. 4:3 al 5, enseñándonos la forma de actuar al respecto: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio

Caleb - Su valor y su prueba (2/3)
Fuera de la puerta 3/3

Déjanos un mensaje!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>