Caleb – Su Servicio (2ª parte)

Caleb

Su Servicio

(2ª parte)

Autor: Esteban Beitze

En medio de la noche oscura de la incredulidad, desazón y cobardía, aparece una luz que ilumina el camino, que da confianza y seguridad. Es un hombre que, en medio de la oposición y grandes retos, demostró ser un líder íntegro, capaz y perseverante. Ese hombre fue Caleb. Hoy, como nunca antes, la mies del Señor requiere de creyentes y, sobre todo, de líderes firmes, íntegros, que sirvan de ejemplo para otros. Caleb lo fue, tú también lo podrás ser. ¿Estarás dispuesto a ser usado por Dios?


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PE1468 – Estudio Bíblico – Caleb – Su Servicio.mp3


 


Continuamos estudiando el “Verdadero Liderazgo Espiritual”. Como seguramente han estado leyendo lo estamos desarrollando con la vida de Caleb. En esta oportunidad tocaremos el punto: La fidelidad del siervo

En Caleb no sólo vemos a un siervo, sino a alguien que también es fiel. Siervos puede haber muchos, pero que sean fieles, es otro tema. Y lo que busca Dios es la fidelidad.

Caleb fue elegido para una tarea. Era una tarea riesgosa que requería planificación, organización, mucha prudencia y discernimiento. Evidentemente ya se había destacado en estas áreas, ya que luego fue elegido para cumplir esta tarea, y realmente la realizó con diligencia en todos los aspectos. El análisis que trajo era perfecto. Mostraba con toda claridad la situación de la tierra en cuanto a su fertilidad – de la cual trajeron muestras – pero también dio un relato detallado de la fuerza del enemigo, de los pueblos y las ciudades, sin olvidar, mientras tanto, testificar del poder divino.

Muchos han hecho de su vida un caos sin rumbo ni dirección. Muchos jóvenes van de un lado al otro, empiezan un estudio, luego se dan cuenta que no les gusta o no están dispuestos a dedicarle el tiempo necesario, y dirigen su atención a otra carrera universitaria, o inclusive dejan todo. Hay quienes toman un trabajo y pronto lo dejan, porque simplemente tienen que realizar tareas que no les gustan. No significa que para superarse no se pueda cambiar. Pero nuestra sociedad se caracteriza cada vez más por ser una en que cada cual sigue sus deseos. Si le gusta, si le da placer lo hace; si no, lo deja.

El hedonismo, la búsqueda del placer a toda costa, es la característica distintiva de la sociedad moderna. Lamentablemente esto se refleja en todas las áreas, incluyendo el noviazgo y el matrimonio. ¡Qué tragedia cuando la pasión que unía a la pareja se apaga! Ya no tiene más valor el novio o la novia. El matrimonio, simplemente, se anula. ¿Dónde quedó el compromiso de amor, dónde quedó la fidelidad?

Esta filosofía de vida también se ve reflejada tristemente, en el ambiente cristiano. Hoy en día, en la obra del Señor, encontramos de todo. Existen algunos que actúan a medida de cómo vengan surgiendo las cosas, sin un plan, principios u organización. Empiezan algo y al poco tiempo lo dejan. Se dedican a una tarea, luego ven otra que les agrada más y siguen en esa dirección. Si una iglesia ya no gusta, se buscan otra, etc., etc. Algunos, inclusive, tienen un llamado repentino para servir al Señor en algún lugar y, cuando surgen los problemas, ya su llamado es para otro lado. En muchas decisiones de cristianos, el dinero juega un rol fundamental.

Cada vez son menos los creyentes que dedican su vida al servicio del Señor, ya sea una parte de su tiempo o tiempo completo. Y los pocos que lo hacen, muchas veces, buscan los lugares donde puedan ser vistos y reciban aplausos. Pero donde no sucede esto, simplemente deja de existir el llamado de Dios para trabajar. Otros se dejan llevar como las olas del mar, de un lado para el otro por el viento que los mueve. No encuentran el rumbo de sus vidas, el lugar donde Dios los quiere tener. Esto los llena de frustración y angustia, y genera muchos conflictos. Porque en vez de reconocer sus errores y fracasos, siempre encuentran un chivo expiatorio en quien cargar la culpa.

Un verdadero siervo de Dios, aquél que quiere agradar a su Señor, buscará también servirle con fidelidad. Hará todo lo posible para reconocer claramente en qué y dónde lo quiere el Señor. Buscará Su guía en todas las decisiones, llevará una vida ordenada, en toda humildad y entrega. Y aún, cuando el Señor permita fruto de la obra, no buscará el aplauso humano sino que, de acuerdo a la palabra de Dios, tendrá que reconocer que simplemente cumplía con su obligación – como lo leemos en Lucas 17:10: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”. Si en la obra de Dios actuáramos más de esta forma, Dios podría bendecir muchísimo más y nos ahorraríamos infinidad de problemas (producto de nuestro orgullo y deseo de ser reconocidos). Si actuáramos así, no nos afectaría tanto si nuestro trabajo no es reconocido. De todas formas, era nuestra obligación hacerlo y lo hemos hecho para la gloria del Señor.

Dice Pablo a los corintios, en el cap. 4, vers. 1 y 2, y de esta manera también a nosotros: “Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel”.

Llegamos al tercer punto: La expectativa del siervo

A todo lo que vimos, se le suma el hecho que el Señor pronto vendrá y nos pedirá cuentas. Puede regresar en cualquier momento. En Marcos 24:42, y 44 al 47, leemos que Jesucristo dijo: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor… Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá”. Este concepto también lo podemos aplicar al creyente. La responsabilidad del siervo es servir con fidelidad y con la expectativa constante del regreso del Señor. De hecho, si tuviéramos presente que el Señor podría venir hoy, quizás habría algunas cosas que no haríamos y otras que haríamos urgentemente. Ahora bien, el hecho es que Jesucristo podría venir hoy, ¿y entonces…?

En algún lugar escuché la historia de un jardinero que tenía perfectamente cuidado el jardín de una inmensa mansión. Una vez, un hombre que pasaba empezó a conversar con él. Le felicitó por lo bello que tenía el jardín y le preguntó si su patrón venía a menudo a ese lugar. El jardinero le contestó que no, pero que podría venir en cualquier momento. El hombre, intrigado, le volvió a preguntar cuándo había sido la última vez que su patrón había venido. El jardinero le contestó: “Hace 34 años”. El visitante no podía creer lo que escuchaba. Le dijo: “¿Por qué sigues haciendo tu trabajo con tanta fidelidad, sin tener reconocimiento, y sin que tu patrón venga a este lugar y lo aprecie?”. El jardinero le contestó: “No importa cuánto hace que no viene mi patrón. Lo que sé es que puede venir en cualquier momento, y entonces debe encontrar todo en perfecto estado”.

¿Es esta la expectativa que tenemos de la venida del Señor? ¿Es también de este modo como servimos a Cristo, frente a la seguridad que Él pronto nos vendrá a buscar?

Caleb – Su Servicio (1ª parte)
Caleb – Su Servicio (3ª parte)

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