Caleb – Su Lucha (2ª parte)

Caleb

Su Lucha

(2ª parte)

Autor: Esteban Beitze

En medio de la noche oscura de la incredulidad, desazón y cobardía, aparece una luz que ilumina el camino, que da confianza y seguridad. Es un hombre que, en medio de la oposición y grandes retos, demostró ser un líder íntegro, capaz y perseverante. Ese hombre fue Caleb. Hoy, como nunca antes, la mies del Señor requiere de creyentes y, sobre todo, de líderes firmes, íntegros, que sirvan de ejemplo para otros. Caleb lo fue, tú también lo podrás ser. ¿Estarás dispuesto a ser usado por Dios?


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PE1471 – Estudio Bíblico – Caleb – Su Lucha.mp3


 


Hemos estudiado ya que Caleb al elegir la tierra montañosa, escarpada y llena de enemigos, buscaba el lugar de la experiencia y la comunión con Dios. Pero también:

Buscaba el lugar de las promesas de Dios
 

Así como Hebrón fue el lugar de comunión con Dios de Abraham, también lo fue de las promesas y del pacto de Dios. Fue en este lugar que Dios hizo el pacto con Abraham prometiéndole una descendencia tan numerosa como las estrellas en el cielo, y también le garantizó esta tierra como heredad (así lo leemos en Gn.15:5 y 7). Era nada menos que la tierra de la promesa. Como ya vimos, Caleb confiaba en Dios y sus promesas.

Y vemos en Dt. 9 que a éstas Dios había añadido una más, la cual se refiere, específicamente, a esta región y al pueblo de gigantes que la habitaba:“Oye, Israel: tú vas hoy a pasar el Jordán, para entrar a desposeer a naciones más numerosas y más poderosas que tú, ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; un pueblo grande y alto, hijos de los anaceos, de los cuales tienes tú conocimiento, y has oído decir: ¿Quién se sostendrá delante de los hijos de Anac? Entiende, pues, hoy, que es Jehová tu Dios el que pasa delante de ti como fuego consumidor, que los destruirá y humillará delante de ti; y tú los echarás, y los destruirás en seguida, como Jehová te ha dicho”.¡Qué promesa tan extraordinaria! Como llama de fuego en medio de un bosque de pinos, así el Señor iba a actuar en contra de estos gigantes. Ésta era la promesa en la cual confiaba Caleb. Él quería ver cumplirse esta promesa. Quería ser partícipe de este cumplimiento. Quería estar en el lugar de la promesa.

¡Nos perdemos tantas bendiciones por no buscar y aplicar las promesas de Dios a nuestra vida! Caleb no las quería perder, y no las perdió. Se aferró a las promesas de Dios como Jacob cuando luchaba con el Señor, y las obtuvo.

Dentro del tema: Su Lucha (la de Caleb), el segundo punto es:


La oposición

Como ya vimos, Hebrón significa: “comunión”, “unión”. Pero antes se llamaba Quiriat-Arba que significa: “ciudad de Arba”, el cual fue el padre de esta raza de gigantes. Fue fundada antes del tiempo de Abraham y se encontraba en la zona montañosa, al oeste del Mar Muerto. Por ahí vivió Abraham un buen tiempo, y también fue allí donde sepultó a su esposa en la cueva de Macpela (esto está narrado en Gn.23:2 al 20). Allí también vivieron cierto tiempo Isaac y Jacob. Era la ciudad más elevada de la zona, con 927 metros sobre el nivel del mar.

Hebrón es un símbolo de lo que Dios puede y quiere hacer en la vida de cada persona que esté dispuesta a enfrentarse en la lucha con los gigantes interiores.

El pueblo había sido rescatado de la esclavitud egipcia y ahora se encontraba en la tierra prometida, disfrutando de sus bendiciones. Pero todavía existían enemigos allí que tenían que ser eliminados, tierras que todavía faltaban ser conquistadas. Caleb recibe el apoyo de Josué para conquistar esta ciudad. La ciudad es conquistada y en vez de ser la Quiriat-Arba – la “ciudad de Arba”, el padre de esta raza de gigantes – pasa a llamarse Hebrón, o sea, “comunión, unión”. ¡Vaya qué cambio! Antes era una ciudad de gigantes, una ciudad que infundía miedo.

Era bélica y, como tal, saturada por la maldad. Pero cuando fue derrotada se convirtió en una ciudad de comunión. Y no sólo esto, sino que se transformó en una “ciudad de refugio”. Las “ciudades de refugio” eran 6 localidades distribuidas estratégicamente por todo el territorio de Israel. Tenían la función de proteger a las personas que, por accidente, habían dado muerte a alguien. Estas personas se podían refugiar allí del vengador de sangre que, como se acostumbraba en aquél entonces, iba detrás del homicida para vengar al pariente muerto. En esa ciudad de refugio estaba protegido hasta que el asunto era juzgado.

Tenemos en esta historia un precioso paralelo con la vida cristiana. Josué significa “Salvador”, al igual que Jesús. Una vez salvos por la sangre de Jesús, ya tenemos la promesa de la vida eterna, ya tenemos una nueva vida. Empezamos a caminar en el camino del Señor y a gozar de las bendiciones de pertenecer a la familia de Dios. Pero, aunque seamos creyentes, pueden seguir existiendo lugares que todavía no pasaron al dominio del Señor. Existen gigantes que nos infunden miedo, nos causan problemas y todavía tienen bajo su domino algunas áreas de nuestra vida. Lógicamente, esto no sólo quita la posibilidad de más bendiciones, sino que es una fuente continua de conflictos, divisiones y deshonra para el nombre de Dios.

¿Quiénes eran estos hijos de Anac que creaban tanta oposición? Eran tres gigantes llamados: “Sesai, Ahimán y Talmai” (según Jos.15:14), y como paralelo, me quisiera referir a tres gigantes que tienen que ser quitados de la vida de los creyentes.


Primero: El gigante del orgullo

Es interesante que Anac signifique:“cuello largo”o“largo de cuello”. Miraban a los demás siempre desde arriba, en sentido literal. Pero lamentablemente, todavía existen muchos creyentes de “cuello largo”, que se ven como superiores a los demás. Demuestran su orgullo y egocentrismo en sus actitudes, palabras, gestos, ropa que usan, amigos que frecuentan, etc. Quisiera hacerte una pregunta bien práctica. De los hermanos de la iglesia, ¿cuáles son con los que buscas tener más cercanía? ¿Son los de mejor posición social, poder adquisitivo, los de mayor influencia, buena presencia o más populares? ¿O son los que tienen lo justo para vivir, los humildes, los que son despreciados por los demás? Está claro que podemos y debemos buscar una buena relación con todos, pero muchas veces nos dejamos llevar por los parámetros que busca el mundo.

Pregúntate, el domingo pasado, después de la reunión, ¿con quién te quedaste hablando? ¿Ya invitaste a tu casa al hermano más pobre de tu iglesia, a ése que no podrá retribuirte el favor? Si todavía no lo has hecho, quizás tengas un “cuello largo”.

No es en vano que Santiago, en su carta, dedique trece versículos para tratar el tema de la parcialidad. Lo introduce en el cap.2, vers. 1, diciendo:“Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas”.Luego pone el ejemplo de la entrada a la reunión de un hombre pobre y de uno rico. Enseguida se busca la cercanía del rico y el pobre es despreciado. El juicio de un Dios que no hace acepción de personas es tajante, y lo leemos en el cap.2, vers. 9 y 13:“si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores… Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio”.

Puede ser también que el orgullo se manifieste en tu carácter irascible o susceptible. Apenas no te tienen en cuenta o te pasan por alto, ya pones el grito en el cielo, o te retraes herido, no queriendo hablar ni ver a nadie. Quizás tu carácter irascible hiera a muchas personas. Entonces, ¡entrégalo al Señor! Así habrá un gigante menos que lastime a los demás.

El orgullo, o la vanidad, es un gigante que a muchos siervos ha hecho perder el fruto de su ministerio. Da tanta pena ver a siervos de Dios alardeando con el tamaño de sus iglesias, el impacto de sus actividades, etc.

Aunque realmente hayan sido bendecidos en éstas u otras áreas, deberían tener presente que el apóstol Pablo decía que no importaba tanto quién haya sembrado o quién haya regado la buena semilla. El que merece todo el honor es el Señor, porque sólo Él da el crecimiento. Una vez, un hombre de ciudad salió a caminar por los campos de trigo con un campesino. Al ver las espigas, observó que había de dos tipos. Unas estaban bien derechas hacia arriba y otras inclinadas hacia abajo. Le dijo al campesino:“Seguro que estas espigas que están inclinadas no sirven, pero sí las que están derechitas”.

El campesino, simplemente arrancó una de cada una. Al frotar la que estaba inclinada, salieron a la luz una gran cantidad de granos. En cambio, la que había estado bien derecha estaba vacía. Así también es con el orgullo y la humildad. La humildad trae fruto, pero la vanidad es juzgada. La Biblia dice en 1 Pedro 5:5:“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”.

Caleb – Su Lucha (1ª parte)
Caleb – Su Lucha (3ª parte)

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