Caleb – Su Excelencia y Su Trayectoria (1ª parte)

Caleb

Su Excelencia y Trayectoria

(1ª parte)

Autor: Esteban Beitze

En medio de la noche oscura de la incredulidad, desazón y cobardía, aparece una luz que ilumina el camino, que da confianza y seguridad. Es un hombre que, en medio de la oposición y grandes retos, demostró ser un líder íntegro, capaz y perseverante. Ese hombre fue Caleb. Hoy, como nunca antes, la mies del Señor requiere de creyentes y, sobre todo, de líderes firmes, íntegros, que sirvan de ejemplo para otros. Caleb lo fue, tú también lo podrás ser. ¿Estarás dispuesto a ser usado por Dios?


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¿Cómo están amigos? Es un placer escribir estas líneas para continuar reflexionando acerca de este importante y enriquecedor tema, como lo es el del Liderazgo Espiritual. El título del mensaje de hoy es: 

Caleb – Su exelencia

Abramos la Palabra de Dios en Números 14:24. Allí leemos lo siguiente:“Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión”.Un líder verdadero, un creyente consagrado se destaca por la excelencia con la cual lleva a cabo sus tareas. El testimonio que Dios mismo da de Caleb es impresionante. Pero contiene una frase que quisiera destacar:“por cuanto hubo en él otro espíritu”. La Nueva Versión Internacional, traduce esta expresión así: “que ha demostrado una actitud diferente”.Se refiere al deseo de Caleb de buscar la excelencia, confiando en el Señor y lleno de Su presencia, en contraposición con el espíritu derrotista y la mediocridad de los otros diez espías. Caleb, confiado en el Señor, estuvo dispuesto a hacer lo mejor para la gloria de Dios. Luego, cuando quiso conquistar Hebrón, fue otra vez en contra de lo que hacía la mayoría. Cuando leemos la historia de la conquista de la tierra prometida, sorprende la indolencia, incredulidad, desobediencia y falta de dedicación con la cual se realizó. Al describir los límites de cada tribu en la tierra prometida y su conquista, constantemente aparece la frase:“no pudieron arrojarlos”.La conquista siempre quedó sin completar. Tenían la orden de Dios de conquistar toda la tierra y la promesa de la victoria, pero no la siguieron y, por lo tanto, no la encontraron. El único que se destacó otra vez fue Caleb. A pesar de sus 85, años lidera la conquista del mayor exponente enemigo, justamente aquél por el cual la generación anterior se había acobardado: la tierra de los gigantes. La mediocridad, el conformismo y la autocomplacencia no eran su estilo.

Como creyentes también debemos buscar la excelencia en todo. Esto no significa ser perfeccionistas, porque éstos nunca estarán totalmente conformes y lastimarán a muchos en su entorno. Si Caleb hubiera sido perfeccionista, los interminables años extra en el desierto lo hubieran llevado al suicidio o, al menos, a profundas depresiones causadas por la frustración de no poder llegar a la tierra en el menor tiempo posible. La excelencia tampoco es creerse superior a los demás. Simplemente es el deseo y el esfuerzo aunados para hacer todo lo mejor posible con la plenitud de la presencia de Dios en nuestra vida. El líder, el creyente que busca la excelencia, no está conforme con la forma en cómo van las cosas. Pero en vez de criticar o deprimirse y quedarse con los brazos cruzados, está dispuesto a dar todo de sí para que las cosas mejoren.

Este empuje personal, unido a la guía del Señor, puede causar un impacto impresionante.

Lamentablemente, hoy en día en nuestras iglesias se encuentran muchos hermanos que se conforman con lo mínimo indispensable. No se les puede pedir compromiso o participación plena. Siempre encontrarán alguna excusa. Y si hacen algo, muchas veces será para complacer a alguien o para ser vistos. Maestros de clases bíblicas para niños se conforman con leer cinco minutos antes la historia que les enseñarán a sus alumnos. Hermanos que arman los programas de las diferentes reuniones, lo hacen sin preparación previa en oración ni elección específica de lo que se va a cantar, decir o leer. Inclusive predicadores y enseñadores, muchas veces, confían en su supuesta experiencia y facilidad de palabra sin dedicarle tiempo al estudio profundo de la Biblia junto a mucha oración. Entonces ¿es de extrañar que no haya más fruto o más crecimiento?

Una característica típica de nuestra sociedad actual es la mediocridad, el nivelar para abajo e inclusive burlarse de los que anhelan la perfección. Vemos cómo los adolescentes se burlan y desprecian a los compañeros que buscan alcanzar las mejores calificaciones. Ya es casi un orgullo el hecho de tener que recuperar varias materias a fin de año.

El Dr. Martin Luther King decía:“Si un hombre es llamado a ser barrendero, debería barrer las calles de la misma manera que Miguel Ángel pintaba, que Beethoven componía música, o que Shakespeare escribía poesía. Debería barrer las calles tan bien, que todas las huestes del cielo y de la tierra se detengan a observar y decir: Aquí vivió un barrendero que hizo bien su trabajo”.El joven Daniel y sus tres amigos, habían sido deportados juntos de su tierra y apresados en Babilonia. Los obligaban a estudiar mucho y a adaptarse a la cultura, aún en su comida y religión. A pesar de su situación, buscaron la excelencia frente a la gente, mientras tanto no fuera en cosas que fueran contra los mandamientos de Dios. Así fueron reconocidos como los más sabios del reino (como leemos en Dn.1:19 y 20). Luego, en su trabajo, Daniel también buscó la excelencia, pues vemos en el cap. 6, vers. 3 y 4 que aún los enemigos tuvieron que reconocer:“Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino. Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él”.

También frente a Dios buscaron la excelencia, a pesar de poner su vida en peligro de muerte. Tanto en Caleb como en Daniel, observamos que tenían“un espíritu superior”. Era el deseo continuo de buscar hacer lo mejor. Esto fue aprobado por Dios. Daniel se convirtió en el principal líder después del rey en diferentes reinos. Caleb se convirtió en el líder más destacado al lado de Josué. Dios bendice la excelencia.

Deberíamos volver a analizar continuamente nuestra forma de servir en la obra del Señor, y ver si lo hacemos de la mejor forma posible, porque lo hacemos para el“Rey de reyes y Señor de señores”.

Por lo tanto, como dice Col. 3:23 y 24: “todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.

Completo y Feliz en él
Caleb – Su Excelencia y Su Trayectoria (2ª parte)

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