Pero tú, Belén Efrata…

Lugares donde se escribió la historia de la salvación

“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2).

¿Dónde exactamente nació el Señor Jesús? La mayoría de la gente visita la Basílica de la Natividad en Belén. Pero en general, los cristianos fieles a la Biblia creen, que este lugar repugnante con su culto idolátrico de apariencia cristiana, seguramente no puede ser el lugar correcto. No obstante, existen buenos argumentos a favor de que realmente se trate del lugar correcto. El hecho es que los judíos mesiánicos de comienzos del siglo dos aún sabían, exactamente, que el nacimiento de Jesús había acontecido en la cueva de pastores que actualmente se encuentra dentro de dicha basílica. En el año 135 d.C., cuando el Emperador Adrián reprimió de forma brutal y sangrienta la segunda revuelta judía (más de un millón de judíos perdieron la vida en esa oportunidad), él quiso impresionar y atormentar a los judíos donde le fuera posible; y como medida contra los judíos mesiánicos, hizo construir un templo para el “dios” Adonis en el lugar de la Cueva de la Natividad. Esto, no obstante, ayudó a que, en la tradición, se mantuviera el conocimiento del lugar exacto. Y cuando Helena, madre del emperador, hizo construir la Basílica de la Natividad en el siglo cuarto, la puso en el exacto lugar del templo de Adonis. De este modo, se conservó esta tradición en cuanto al lugar correcto.

Muy cerca de Belén se encuentra el Herodión. No se trata en este caso de un volcán, aunque tenga la apariencia, sino del palacio de Herodes, el asesino de los niños de Belén. Originalmente esta colina fue sólo una pequeña elevación, como todas las otras colinas en el desierto de Judá. Con la ayuda del trabajo de esclavos, Herodes hizo levantar la colina hasta parecer un tipo de cono de volcán, dentro del cual se construyó un palacio de seguridad. Él tenía muchos palacios, porque constantemente vivía en el temor de que alguien pudiera quitarle el trono. Es justamente por eso, que Herodes estuvo profundamente espantado al escuchar de los sabios de oriente, que el rey de los judíos había nacido (Mt. 2:3). Por esa misma razón, también, había ocasionado el asesinato de niños, esa espantosa masacre (Mt. 2:16-18). Ese constante temor por la pérdida de su poder era parte de su forma de vida.
En el extremo sur del Mar Muerto, de la llanura, se levanta la Roca de Masada. Se trata de un macizo montañoso prácticamente inconquistable. Allí Herodes también había construido un palacio de seguridad, ya que nadie debía quitarle su reinado. El palacio de Herodes cuelga allí en la roca como si fuera un nido de águila. Aun en el día de hoy se puede visitar este lugar. Existen incluso pinturas de ese tiempo, y también se puede mirar el cuarto de baño de Herodes. Esto nuevamente nos muestra lo cercano que puede estar a nosotros el tiempo bíblico, aun cuando ya hayan pasado dos mil años.

Los padres del Señor Jesús, María y José, debieron huir a Egipto (Mt. 2:13-14). Recién después de la muerte de Herodes pudieron regresar (Mt. 2:19-21). De este modo se cumplió Oseas 11:1, donde Dios dice de antemano: “… de Egipto llamé a mi hijo”. José, primeramente tuvo la intención de radicarse en Judea, posiblemente en Belén. Quizás haya pensado que ese sería el lugar correcto para la niñez y juventud del Mesías. Pero, entonces se le informó que Herodes, en un ataque de ira, poco antes de su muerte, nuevamente había cambiado su testamento, dejando como sucesor a Arquelao, uno de los peores de sus hijos. Éste era sanguinario como su padre. Por esta razón, José fue a la región de Galilea, a su ciudad natal Nazaret (Mt. 2:22-23), donde creció el Señor Jesús. Uno podría pensar: ¡Qué lástima! ¿Por qué no en Belén? Pero los profetas lo habían predicho, como por ejemplo Zacarías, quien dijo: “He aquí, yo traigo a mi siervo el Renuevo” (Zac. 3:8). Nazaret significa algo así como “renuevos”. La palabra viene de la raíz nezer y significa “renuevo” o “rama”. Como el Señor Jesús creció allí, no se le llamó “Jesús de Belén”, sino “Jesús de Nazaret” o “el nazareno”. El significado de “nazareno” es el mismo: el renuevo. De este modo, se cumplió maravillosamente la profecía. Dios utilizó el ataque de ira de un hombre maligno para realizar Sus planes (cp. Salmo 76:11).

El Señor Jesús aprendió el oficio de carpintero (Mr. 6:3), trabajando mucho con madera y clavos. Eso se transforma en algo notable, cuando recordamos que Él vino a este mundo para, finalmente, ser clavado en un madero de maldición y morir allí como sacrificio.

Dr. Roger Liebi

Déjanos un mensaje!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>