Nueve Reglas de Vida Espirituales (4ª parte)

Nueve Reglas de Vida Espirituales

(4ª parte)

Autor: Norbert Lieth

Al igual que el fruto del Espíritu Santo, el cual se muestra en nueve atributos en Gálatas 5:22, en Proverbios 3 encontramos nueve reglas de vida espirituales, muy orientadas a la práctica, que nos ayudan a entrar en un discipulado activo.



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Nueve Reglas de Vida Espirituales (4ª parte)



Amigos, ¡qué gusto estar nuevamente junto a ustedes! Vamos a hacer un repaso del tema, antes de continuar con la última parte del mismo. En Proverbios 3 encontramos nueve reglas espirituales de vida, muy orientadas a la práctica.

La primera, es:La confianza producida por el Espíritu.“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”, leemos. ¿Será que la gente que está a nuestro alrededor ve en nosotros a una persona que confía en Dios? Vivir la confianza y salir airoso, seguramente, deja una impresión más fuerte que simplemente hablar de eso y esperarlo de otros.La segunda regla espiritual de vida es:La preeminencia espiritual.Se nos dice:“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”. La palabra “reconocer” significa poner al Señor por delante en todo. Si en todo lo que hacemos buscamos Su voluntad, si en todo lo que hacemos incluimos al Señor Jesucristo, entonces el Señor nos hará experimentar Su guía, aun cuando no siempre lo sintamos directamente.

La tercera regla espiritual de vida es:Salud espiritual.Leemos lo siguiente:“No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos”. La lectura y el estudio de la Biblia es para el alma lo que es el deporte y el entrenamiento para el cuerpo. Como alma y cuerpo están relacionados entre sí, la salud espiritual, a menudo, también tiene su efecto sobre el cuerpo. En la medicina, se sabe ahora que las cargas emocionales, como ser el estrés, el pecado, el odio, la intransigencia o la aflicción, pueden llevar a enfermedades físicas y, en sentido contrario, la sanidad de esas cargas también puede llevar a la sanidad de las dolencias físicas. Aquello que actualmente es confirmado por los médicos, la Biblia ya nos lo enseña desde hace mucho tiempo. Tener paz con Dios y seguirle de corazón, es mejor que todos los “sabios” consejos humanos acerca de estar en forma físicamente.

La cuarta regla de vida espiritual, es:El manejo espiritual de lo material. Se nos dice:“Honra a Jehová con tus bienes,y con las primicias de todos tus frutos”. Probablemente, no hay ninguna otra cosa en la que se ve mejor por quien somos dirigidos, que en el manejo de las posesiones. ¿Es el Espíritu Santo o la carne, es el Espíritu o la avaricia, es el dar o el retener, son las primicias o lo restante? “Toda posesión temporal puede ser convertida en un tesoro eterno, porque aquello que le damos a Cristo, en el mismo momento, se convierte en inmortal.” Aquello de que dar es mejor que recibir, tiene plena validez hoy en día todavía.

La quinta regla de vida espiritual es:Disciplina espiritual.Se nos dice:“No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección;porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”. No siempre debemos igualar la disciplina y la reprimenda con el castigo y la ira de Dios que nos golpea. Después de todo, el texto que citamos anteriormente no dice que Dios reprende a aquellos en quienes no tiene complacencia, sino justamente lo contrario, en aquellos en quienes tiene complacencia. ¿Quien castigaría a su hijo en base a su complacencia? De ahí, deducimos que se trata de una reprensión de amor del Padre divino y perfecto, de correcciones prácticas, de mantenernos en el camino y de ayudarnos a avanzar, porque, con eso, Él persigue una meta divina.

La sexta regla de vida espiritual es:Sensatez espiritual.Así leemos:“Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la ley y el consejo”. La sabiduría divina que viene de Su Palabra y es inspirada por el Espíritu Santo, es la mejor sabiduría que un ser humano puede alcanzar y la cual debería buscar en primer lugar. Hoy más que nunca se necesitan personas que puedan dar buenos consejos, que con sabiduría, delicadeza y amor puedan testificar de Jesús, personas que tomen a otros de la mano y los guíen a la vida eterna.

La séptima regla de vida espiritual es:Generosidad espiritual.Dice así:“No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle”. Hay tres cosas que debemos tener en cuenta: – Debemos ayudar a aquellos que realmente necesitan ayuda. No debe ser un dar sin sentido, sino un apoyo bien planificado. – Uno debe ayudar de tal manera que no pierda el control, siempre que pueda hacerlo en lo material. – Allí donde uno puede ayudar, debe hacerlo de inmediato, y no andar con dilatorias con el prójimo. Pues, la ayuda no puede ser negada, o dilatada con argumentos piadosos.

Llegamos, entonces, a la octava regla, que es: Sinceridad espiritual. En Proverbios 3:29 y 30, leemos:“No intentes mal contra tu prójimo que habita confiado junto a ti. No tengas pleito con nadie sin razón, si no te han hecho agravio”. Este consejo es especialmente importante en la convivencia familiar, por ejemplo en el matrimonio, o frente a los padres, los suegros, los parientes que conviven en la misma casa. La alevosía, la envidia, el hablar mal de una persona, el calumniar a otros, las acusaciones… todo eso contraría al Espíritu Santo. Por supuesto, eso también es así en cuanto a la convivencia en la comunión de la iglesia. En el Nuevo Testamento, en Romanos 12:18, dice así: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”.

Y, finalmente, llegamos a la novena regla de vida espiritual, que es: Perspectiva espiritual. Así leemos en Proverbios 3:31: “No envidies al hombre injusto, ni escojas ninguno de sus caminos”. Los cristianos miran el éxito de aquellos que lo han adquirido en forma ilegítima, o con medios no del todo limpios, y los admiran. Admiran su éxito, su influencia y su apreciación. Uno mira a ciertos personajes dudosos, en las escenas de las películas y en la música, y desearía tener un poco de su “suerte”. En el mundo del cine y de la televisión se admira a los héroes que cometen adulterio, que cambian constantemente de pareja, que son violentos, que engañan a otros y que hablan cosas indecentes.

William MacDonald escribe: “Nos hemos convertido en víctimas entusiastas de un programa televisivo demente… Con la mejor voluntad, hemos dejado que nos ‘presionen dentro de la forma, o el molde, de este mundo’, adoptando así su manera de vivir, sus métodos de entretenimiento y sus ideas.” Nosotros no deberíamos admirar el bienestar de aquellos que no buscan una relación con el Señor Jesucristo: “Porque Jehová abomina al perverso” (como dice el v. 32); y como leemos en 1 Co. 15:33: “Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”.

Sin embargo, acerca del fruto del Espíritu Santo, que se muestra en nueve atributos, se dice en Gálatas 5:22 al 26: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros”.

Puede que algunos se pregunten cómo hacer para poner eso en práctica en la vida diaria. Spurgeon nos da una buena pista para esto: “Si un trozo de hierro pudiera hablar, ¿qué diría? Diría: ‘Yo soy negro, estoy frío, soy duro.’ Totalmente cierto. Pero, si pones ese trozo de hierro en el fuego, y esperas un poco hasta que el fuego haya demostrado su poder, ¿qué diría entonces? Lo negro se ha ido, el frío no está más, ni tampoco la dureza. Ha habido una transformación. Pero, si el trozo de hierro pudiera hablar, seguramente no se gloriaría de sí mismo, porque el fuego y el hierro son dos cosas muy diferentes. Si pudiera gloriarse, lo haría del fuego, que lo ha transformado en una masa muy diferente. – Del mismo modo, yo en mí mismo soy negro, y frío, y duro; pero cuando el Señor toma posesión de mi alma, cuando su Espíritu traspasa mi manera de ser y soy llenado con su amor, entonces desaparece lo negro, el frío, y la dureza; y, de esa manera, el honor no es para mí, sino para el Señor, quien hace la obra.”

¡Quien se entrega sin reservas al Señor, experimentará una total transformación!

Nueve Reglas de Vida Espirituales (3ª parte)

Nueve Reglas de Vida Espirituales

(3ª parte)

Autor: Norbert Lieth

Al igual que el fruto del Espíritu Santo, el cual se muestra en nueve atributos en Gálatas 5:22, en Proverbios 3 encontramos nueve reglas de vida espirituales, muy orientadas a la práctica, que nos ayudan a entrar en un discipulado activo.



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PE1810 – Estudio Bíblico
Nueve Reglas de Vida Espirituales (3ª parte)



¡Qué gusto estar nuevamente junto a ustedes, queridos amigos oyentes! En la primera y segunda parte de este mensaje, hemos mencionado ya las primeras cuatro reglas de vida espirituales, tomadas de Proverbios 3. Las mismas son las siguientes:

En primer lugar: La confianza producida por el Espíritu.

En segundo lugar: La preeminencia espiritual.

En tercer lugar: Salud espiritual.

Y en cuarto lugar: El manejo espiritual de lo material.

Llegamos entonces a la quinta regla de vida espiritual, que encontramos en Proverbios 3:11 y 12, y que es:Disciplina espiritual.Allí dice así la Palabra de Dios:“No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección;porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”.

Estos versículos también son mencionados en Hebreos 12:5 en adelante, y en Apocalipsis 3:19, y en cada una de esas oportunidades se relacionan íntimamente con el amor del Padre celestial. En el caso de la disciplina y la reprimenda, pueden tener diversos propósitos.

Puede ser una medida divinapara lograr que el ser humano se convierta a Jesús, ya que, a menudo, el ser humano recién nota que necesita a Dios cuando le va mal, y es entonces cuando se abre a Él.

Pero, también puede ser una reprensión contra el pecado, para lograr que un hijo de Dios arregle sus cosas, y para llevarlo al arrepentimiento y protegerlo.

También existe la posibilidad de que el Señor, como en el caso del apóstol Pablo, quiera guardar a una persona de la arrogancia y mantenerla en humildad, para que Su gracia sea tanto más poderosa (como el caso que leemos en 2 Co. 12:7 en adelante). Dios tenía complacencia en Pablo y lo quería mantener así, por eso permitió algo desagradable en su vida.

No siempre debemos igualar la disciplina y la reprimendacon el castigo y la ira de Dios que nos golpea. Después de todo, el texto que citamos anteriormente no dice que Dios reprende a aquellos en quienes no tiene complacencia, sino justamente lo contrario, en aquellos en quienes tiene complacencia. ¿Quién castigaría a su hijo en base a su complacencia? De ahí, deducimos que se trata de una reprensión de amor del Padre divino y perfecto, de correcciones prácticas, de mantenernos en el camino y de ayudarnos a avanzar, porque, con eso, Él persigue una meta divina.

La sexta reglade vida espiritual, la encontramos en Proverbios 3:21, y es:Sensatez espiritual.Allí leemos:“Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la ley y el consejo”. En el caso de este consejo espiritual, Salomón pensaba en sus escritos anteriores, donde él hablaba del gran valor de la sabiduría y la inteligencia. A través de ellas, el Señor fundó y afirmó el cielo y la tierra (como leemos en los vs. 13 al 20). De ahí que la sabiduría divina constituye la base de todas las cosas de la vida – también de la salvación a través de Jesucristo para vida eterna, como ya sabemos. Entonces, uno tiene que llegar a la conclusión de que la sabiduría divina que viene de Su Palabra y es inspirada por el Espíritu Santo, es la mejor sabiduría que un ser humano puede alcanzar y la cual debería buscar en primer lugar.

Más que nunca se necesitan personas que puedan dar buenos consejos, que con sabiduría, delicadeza y amor puedan testificar de Jesús, personas que tomen a otros de la mano y los guíen a la vida eterna.

Dios ha convertido la sabiduría del mundo en locura, por el hecho de que ellos solamente están dedicados a lo terrenal y no a Dios. Contrariamente a eso, Él lleva a la vida eterna a través de la “locura de la predicación (como leemos en 1 Co. 1:20 y 21). Con esto, el santo Espíritu de Dios expresa que aun la “locura” de Dios (que en realidad no existe) es muy superior a la sabiduría de este mundo. Por eso, en medio de los miles de ofrecimientos de este mundo, nosotros, los cristianos, nunca debemos perder esto de vista. Esta reflexión y sensatez deben dominarnos constantemente.

Un amigo psicoanalista, psicoterapeuta y médico internista (Dr. Markus Bourquin), dijo: “En un tratamiento psicoanalítico de más de mil horas de terapia, he intentado, con la ayuda del psicoanalista y por mi cuenta, poder transformarme y realizarme… Mi deseo más importante – poder amar profunda y genuinamente – no fue afectado por esa terapia. Recién desde que me he abierto al amor de Dios, siento que he llegado a ser capaz de amar desinteresadamente“.

Y así llegamos a la séptima regla de vida espiritual, la cual encontramos en Proverbios 3:27 y 28, y es: Generosidad espiritual. Dice así:“No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle”. Esto nos hace recordar a las palabras de Jesús, de Lucas 6:30:“A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva”.

Uno de los muchos recuerdos llenos de bendición del fundador de nuestra obra misionera, Wim Malgo, era su generosidad y el gozo que le producía dar. En todas partes donde él veía necesidad, reaccionaba con rapidez y ayudaba, y el Señor lo bendijo sobremanera.

De vez en cuando, uno escucha que es tonto prestarle a personas necesitadas, ya que ellos de ningún modo lo podrán devolver. Pero, la Biblia nos enseña que tranquilamente podemos tener en cuenta eso, pero que a pesar de todo debemos ayudar. Ahora, según la declaración anterior, hay tres cosas que debemos tener en cuenta:“No te niegues a hacer el bien a quien es debido…”Debemos ayudar a aquellos que realmente necesitan ayuda. No debe ser un dar sin sentido, sino un apoyo bien planificado.“¡…cuando tuvieres poder para hacerlo!”Uno debe ayudar de tal manera que no pierda el control, siempre que pueda hacerlo en lo material. No tiene sentido dar una garantía, o dar tanto que uno mismo quede en aprietos. De este modo, también, con toda seguridad, no es correcto pedir prestado uno mismo para poder prestar.“No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle.” Allí donde uno puede ayudar, debe hacerlo de inmediato, y no andar con dilatorias con el prójimo. Pues, la ayuda no puede ser negada, o como vemos en Santiago 2:15 al 16, dilatada con argumentos piadosos.

El tiempo se acaba, así que continuaremos con las dos reglas de vida espirituales que faltan, en la última parte de este mensaje, en el próximo programa. ¡Hasta entonces, y qué Dios les bendiga!

Nueve Reglas de Vida Espirituales (2ª parte)

Nueve Reglas de Vida Espirituales

(2ª parte)

Autor: Norbert Lieth

Al igual que el fruto del Espíritu Santo, el cual se muestra en nueve atributos en Gálatas 5:22, en Proverbios 3 encontramos nueve reglas de vida espirituales, muy orientadas a la práctica, que nos ayudan a entrar en un discipulado activo.



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PE1809 – Estudio Bíblico
Nueve Reglas de Vida Espirituales (2ª parte)



Queridos amigos oyentes, retomamos lo que veníamos diciendo en el programa anterior acerca de: La tercera regla espiritual de vida, que aparece en Proverbios 3, versículos 7 y 8, y que es:Salud espiritual.Leemos allí lo siguiente:“No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos”.

“La lectura es para el alma lo que la gimnasia es para el cuerpo”, dijo José Eddison, autor británico del siglo dieciocho. Esto se aplica, mucho más todavía, a la Biblia. La lectura y el estudio de la Biblia es para el alma lo que es el deporte y el entrenamiento para el cuerpo. Como alma y cuerpo están relacionados entre sí, la salud espiritual, a menudo, también tiene su efecto sobre el cuerpo. Cuando el alma está enferma, el cuerpo sufre; si está enfermo el cuerpo, el alma sufre. El apóstol Juan, escribe acerca de esa relación entre cuerpo y alma, de la siguiente manera:“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”(podemos leer esto en 3 de Juan, versículo 2).

En la medicina, se sabe ahora que las cargas emocionales, como ser el estrés, el pecado, el odio, la intransigencia o la aflicción, pueden llevar a enfermedades físicas y, en sentido contrario, la sanidad de esas cargas también puede llevar a la sanidad de las dolencias físicas. Esto, por supuesto, no significa que las personas espiritualmente sanas y alegres no se puedan enfermar también. Existen muchos otros factores que también juegan un rol, como ser los genes, el entorno, las predisposiciones, los accidentes, los contagios, etc.

Pero, aquello que actualmente es confirmado por los médicos y está siendo cada vez más investigado, la Biblia ya nos lo enseña desde hace mucho tiempo. Tener paz con Dios y seguirle de corazón, es mejor que todos los “sabios” consejos humanos acerca de estar en forma físicamente, con los que somos confrontados diariamente en todo lugar, y que hoy se han convertido en un mercado de miles de millones de dólares. Por lo tanto, lo que también nos dice la Biblia es:“No seas sabio en tu propia opinión.”

¡Cuánto dinero se gasta en vitaminas, reglas de salud y horas de terapia!Eso no necesariamente es malo, pero también es válida la pregunta de si una vida en el temor de Dios no le dará mucho más al cuerpo, al alma y al espíritu. Me gustaría citar, con respecto a esto, Romanos 12:1 y 2, según la traducción de Roland Werner:“Por esa razón también los animo, hermanos, en base a la misericordia que Dios nos ha dado, a ponerse totalmente a disposición de Dios, incluyendo vuestro cuerpo, a manera de sacrificio vivo, santo y agradable a Él. Esto debe ser la expresión de vuestro culto a Dios, la respuesta adecuada a la Palabra de Dios. No se dejen presionar para poder entrar en el molde predefinido del espíritu de este tiempo. Al contrario, déjense transformar, comenzando con una nueva manera de pensar. De este modo, podrán evaluar lo que corresponde a la voluntad de Dios, es decir lo verdaderamente bueno, aquello que recibe Su aprobación y que realmente lleva a la meta.”Proverbios 4:22 dice así, acerca de las palabras de Dios:“Porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo.”Y Pablo, en 1 Timoteo 4:8, escribe:“Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera”.

Y así llegamos a la cuarta regla de vida espiritual, que es:El manejo espiritual de lo material. Pero, primero, una pausa musical, y enseguida continuamos.

Como dijimos antes de la pausa, la cuarta regla de vida espiritual, es:El manejo espiritual de lo material. En Proverbios 3:9, leemos:“Honra a Jehová con tus bienes,y con las primicias de todos tus frutos”. Y a Martín Lutero se le atribuye este dicho: “Muchas cosas tuve en mi mano y todas las perdí. ¡Pero todo lo que he puesto en la mano de Dios, aún me pertenece!”

Probablemente, no hay ninguna otra cosaen la que se ve mejor por quien somos dirigidos, que en el manejo de las posesiones. ¿Es el Espíritu Santo o la carne, es el Espíritu o la avaricia, es el dar o el retener, son las primicias o lo restante? Cómo es lo que es producido por el Espíritu Santo, se lo describe Pablo a los corintios, en su segunda carta, cap. 8, vers. 1 al 8, en su testimonio acerca de las iglesias en Macedonia (a las que también pertenecía la iglesia de Tesalónica), las cuales daban“aun más allá de sus fuerzas”, y “no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor”.

Los tesalonicenses se habían convertido radicalmente. Pablo da testimonio, en primera de Tesalonicenses, cap. 1, vers. 9 y 10, de que todos llegaron a saber cómo ellos se habían apartado de los ídolos, convirtiéndose a Dios y sirviéndole a Él, y cómo ellos tenían viva la esperanza de la venida de Jesucristo. Parte de esa conversión total, era también la conversión de sus monederos, ya que la avaricia es idolatría (según lo que está escrito en Col. 3:5).

William MacDonald escribe, acerca del comportamiento de muchos cristianos de hoy en día, lo siguiente: “En la suposición de que el afán de lucro piadoso tiene que ver con la bendición de Dios, nos hemos rebajado a adorar al dinero.”

Randy Alcorn, da un ejemplo muy conmovedor de lo perecederas que son las cosas por las cuales gastamos tanto dinero: “¿Cómo podemos trasmitir a nuestros hijos el vacío del materialismo en una forma directa y efectiva? Pruebe llevarlos de excursión a un depósito de chatarra o a un basurero. Eso, incluso, puede convertirse en un acontecimiento familiar. (¡Las colas de espera son más cortas que en un parque de diversiones, la entrada es gratuita, y los chicos lo aman!) Muéstreles todas esas montañas de ‘tesoros’ que un día fueron regalos de navidad y de cumpleaños.

Señale las cosas que un día costaron cientos de dólares, por las que los niños se peleaban, por las que se destruyeron amistades, por las que se sacrificó la honestidad, y por las que se rompieron matrimonios. Muéstreles el revoltijo de brazos, piernas y restos de muñecas destrozadas, robots herrumbrados y aparatos electrónicos que, después de un corto tiempo de utilidad, ahora son inútiles. Muéstreles que la mayor parte de lo que su familia tiene, un día estará en un depósito de chatarra de ese tipo. Léales 2 Pedro 3:10 al 14, donde dice que todo perecerá por el fuego. Y, luego, plantéeles la pregunta: ‘Si todo lo que un día tuvimos termina aquí, roto e inútil, ¿qué habremos hecho que nos quede para la eternidad?’”

Otra persona expresa esto de la siguiente manera: “Toda posesión temporal puede ser convertida en un tesoro eterno, porque aquello que le damos a Cristo, en el mismo momento, se convierte en inmortal.” Quizás nos ahorraríamos unas cuántas sumas de dinero en el mecánico, en trabajos de renovación y otros gastos, si obedeciéramos la regla de buscar primeramente el reino de Dios. Aquello de que dar es mejor que recibir, tiene plena validez hoy en día todavía.

Nueve Reglas de Vida Espirituales (1ª parte)

Nueve Reglas de Vida Espirituales

(1ª parte)

Autor: Norbert Lieth

Al igual que el fruto del Espíritu Santo, el cual se muestra en nueve atributos en Gálatas 5:22, en Proverbios 3 encontramos nueve reglas de vida espirituales, muy orientadas a la práctica, que nos ayudan a entrar en un discipulado activo.



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PE1808 – Estudio Bíblico
Nueve Reglas de Vida Espirituales (1ª parte)



¿Cómo están amigos? En Gálatas 5:22 y 23, donde dice:“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”,el Espíritu Santo está orientado hacia la práctica, ayudándonos a entrar en un discipulado activo, y Él es el poder para transformar el conocimiento espiritual en obras. Él nos transforma para que seamos como Jesucristo, acerca de quien Pablo dice, en Hechos 1:1:“En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar”. El Señor Jesús, sin lugar a dudas, fue el maestro más grande y más influyente que jamás haya existido.

Él primero practicaba Su doctrinay, después, la trasmitía en forma oral:“Las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar.”Esto impresionaba a los oyentes y tenía consecuencias en ellos. ¿No es verdad que siempre estamos en peligro de tener el conocimiento bíblico, pero que nos falten las obras? A menudo tenemos el conocimiento, pero actuamos en contra de él. Nuestros vecinos, compañeros de trabajo y de estudio, miembros de la familia, o nuestros propios hijos, nos miran, ven nuestras obras y escuchan nuestras palabras. ¿Será que las palabras enfatizan lo que hacemos, o será que nuestras malas obras gritan tan fuerte que no se pueden escuchar nuestras palabras?

Al igual que el fruto del Espíritu Santo, el cual se muestra en nueve atributos en Gálatas 5:22, en Proverbios 3 encontramos nueve reglas espirituales de vida, muy orientadas a la práctica.

La primera, es:La confianza producida por el Espíritu.“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”(leemos en el vers. 5, de Proverbios 3). ¿Será que la gente que está a nuestro alrededor ve en nosotros a una persona que confía en Dios? ¿A alguien que habla con Dios en oración, que Le entrega sus cargas y preocupaciones? ¿A alguien que, como Job, José o Daniel, también sabe aceptar las situaciones de crisis poniendo su confianza en Dios, que no se rinde, y que no se deja perturbar en su fe? Vivir la confianza y salir airoso, seguramente, deja una impresión más fuerte que simplemente hablar de eso y esperarlo de otros.

La mente juega un rol importante en la vida de fey no debería ser excluida. Pero, la misma nos puede ser de estorbo si no se encuentra bajo el dominio del Espíritu de Jesucristo. En Filipenses 4:7, leemos:“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”; y 2 Corintios 10:5, nos dice:“… llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.

Dudar del accionar de Dios y cuestionar Sus palabras no nos ayuda. Sólo quien vence por la fe y confía en que Dios sabe lo que hace, y que hace todo bien, tendrá la paz de Dios en el corazón. El Espíritu Santo nos quiere ayudar a tener esta confianza en Dios. Alguien dijo: “Las cosas que nos confunden, y las cosas en las que no sabemos que hacer, tienen cierto objetivo; son piezas del rompecabezas de nuestra vida. Dios sabe dónde encajan. Por supuesto, nos gustaría ver el rompecabezas armado, pero, mientras vivamos, éste no estará terminado. Por eso es que nos cuesta tanto comprender a Dios. Si bien el día entero miramos lo que Él hace, nosotros sólo vemos fragmentos de lo que Él mueve. Nunca vemos el rompecabezas entero en la tierra.” ¡Aquí, es necesaria la confianza!

La segunda regla espiritual de vida, la encontramos en el vers. 6, de Proverbios 3, y es:La preeminencia espiritual.Allí dice así:“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”. La palabra “reconocer” significa poner al Señor por delante en todo, en el sentido de: “Piensa en Él en todo lo que hagas”, “Deja que Él sea el motivo de tus acciones”, “Busca primeramente Su reino”. Si en todo lo que hacemos buscamos Su voluntad, entonces el Señor nos hará experimentar Su guía, aun cuando no siempre lo sintamos directamente.

¿En qué áreas de nuestra vida no permitimos que Dios nos diga algo o, por lo menos, muy poco?Ésas, generalmente, son las áreas en las que tenemos los peores problemas. Pero, si en todo lo que hacemos incluimos al Señor Jesucristo, Él nos guiará de tal modo que Su voluntad sea hecha, y nosotros, con toda seguridad, no nos quedaremos cortos.

La tercera regla espiritual de vida, aparece en Proverbios 3, versículos 7 y 8, y es:Salud espiritual.Leemos allí lo siguiente:“No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos”.

“La lectura es para el alma lo que la gimnasia es para el cuerpo”, dijo José Eddison, autor británico del siglo dieciocho. Esto se aplica, mucho más todavía, a la Biblia. La lectura y el estudio de la Biblia es para el alma lo que es el deporte y el entrenamiento para el cuerpo. Como alma y cuerpo están relacionados entre sí, la salud espiritual, a menudo, también tiene su efecto sobre el cuerpo. Cuando el alma está enferma, el cuerpo sufre; si está enfermo el cuerpo, el alma sufre.

El apóstol Juan, escribe acerca de esa relación entre cuerpo y alma, de la siguiente manera:“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”(podemos leer esto en 3 de Juan, versículo 2). En la medicina, se sabe ahora que las cargas emocionales, como ser el estrés, el pecado, el odio, la intransigencia o la aflicción, pueden llevar a enfermedades físicas y, en sentido contrario, la sanidad de esas cargas también puede llevar a la sanidad de las dolencias físicas. Esto, por supuesto, no significa que las personas espiritualmente sanas y alegres no se puedan enfermar también.

Existen muchos otros factoresque también juegan su rol. Pero, aquello que actualmente es confirmado por los médicos y está siendo cada vez más investigado, la Biblia ya nos lo enseña desde hace mucho tiempo.

Seguiremos hablando de este tema muy interesante y muy actual en el próximo programa, porque por hoy se nos ha acabado el tiempo. Les esperamos para compartirlo con nosotros. ¡Hasta entonces!

El Consolador – Unidad obrada por el Espíritu (4ª parte)

El Consolador – Unidad obrada por el Espíritu

(4ª parte)

Autor: William MacDonald

El Señor cuida de Sus discípulos y los quiere animar, describiéndoles la gran bendición del envío del Espíritu Santo, el Consolador. Y en Juan 16:13 y 14, nos habla del Espíritu de Verdad. Pero, se hallarán allí, también, indicaciones sobre la unidad del Espíritu. El autor quiere analizar este tema junto a nosotros.



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PE1807 – Estudio Bíblico
El Consolador – Unidad obrada por el Espíritu (4ª parte)



¿Cómo están amigos? Veíamos al final el programa anterior que: Realmente era el deseo del Señor Jesús no dejar a Sus discípulos huérfanos. Él tomó medidas para que después de Su despedida no les faltara nada. No los abandonó simplemente a su destino. El Consolador o Consejero, les haría acordarse de Jesús y de Sus palabras.

Analicemos esto: Dos veces nuestro Señor habla sobre este deseo: En Juan 14:26, donde dice: “Mas elConsolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Y en Juan 15:26: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí”. Esto es comprensible, ya que, en el Día de Su Ascensión al cielo, una nube lo quitó de delante de los ojos de los discípulos, y así Él desapareció definitivamente (como leemos en Hch. 1:9). Poco tiempo después, los discípulos fueron expuestos a un fuerte y crudo viento. Y no pasó mucho hasta que Pedro y Juan se encontraron, como si fueran criminales, ante el Concilio de Jerusalén. Y eso fue solamente el comienzo. Después, los discípulos de Jesús, a menudo, fueron fuertemente hostigados. Al contemplar este escenario, comprendemos lo hermoso del obsequio que el Señor le hizo a Sus discípulos.


El Señor Jesucristo no solamente les envió al Consolador, sino que también le dio a éste una tarea especial, la de recordarles constantemente, a los discípulos dejados atrás, Sus palabras. Y esto también nos puede alegrar y animar a nosotros. ¿No es verdad que más que nunca experimentamos un viento crudo que viene desde el abismo, y sentimos que, a veces, llegamos a nuestro límite? Las tentaciones internas se han vuelto enormes en la actualidad, a veces son casi alarmantes. Pero, esto no nos debe asombrar. Porque cuanto más proclamamos la unidad en Cristo, tanto más eso motivará al enemigo a atacarnos. Pero, justamente allí, se hace más válido para nosotros el legado que el Señor dejó a Sus discípulos.

También ahora, en nuestro tiempo, es el deseo entrañable del Espíritu Santo recordarnos constantemente del Señor y Sus palabras. Él, en persona, desea revelarnos la verdad completa (de la cual nos habla Jn. 16:13). Es decir que: Desea glorificar al Señor en nosotros, para que podamos mantenernos firmes ante el enemigo.


Cuando un hijo de Dios permanece en pecado, lamentablemente, sucede que la obra del Espíritu Santo es comprimida al mínimo. Esto no significa que el Espíritu Santo abandone a los hijos de Dios – ya que Él mora permanentemente en los creyentes nacidos de nuevo. Pero, Él se retira cuando existe un pecado desconocido y no perdonado. Pablo habla de este alejamiento del Espíritu Santo, en Efesios 4:30 y en 1 Tesalonicenses 5:19, diciendo: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios”… “No apaguéis al Espíritu.”

Por eso, deberíamos llevar siempre toda discordia a la cruz, en forma inmediata y completa. De este modo, el Espíritu Santo podrá continuar haciendo Su maravillosa obra en nosotros. Él puede hacernos recordar a Jesucristo, quien ha dicho, por ejemplo: “Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (así está escrito en Jn. 10:28 y 29). La eterna seguridad de la salvación – esto significa una firme ancla que alcanza la eternidad. ¿Qué más puede desear un hijo de Dios?

Para terminar, veamos algunas características del Espíritu Santo:

– El Espíritu Santo es la, así llamada, tercera persona de la trinidad de Dios. Esto se ve, por ejemplo, en Mateo 28:19, donde Jesucristo dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.”


El Espíritu Santo tiene cualidades que lo identifican claramente como Dios. Él es, por ejemplo, eterno (así nos dice He. 9:14) y omnisciente (como está escrito en 1 Co. 2:10). En Él está el “poder del Altísimo”, de modo que Él es todopoderoso (así leemos en Lc. 1:35). Y Él también es omnipresente (como lo dice el Sal 139:7 al 10).


Él tiene cualidades que sólo una persona tiene. Por esa razón, no puede ser un “poder”. El cristiano, por ejemplo, puede entristecer al Espíritu Santo (hacer que Él se ponga triste; esto leemos en Ef. 4:30). Un poder no puede ser entristecido. El Espíritu Santo enseña y recuerda (como dice Jn. 14:26), Él investiga (como está escrito en 1 Co. 2:10), y Él llama (como lo asevera Ap. 22:17). O sea: Tiene personalidad.


El Espíritu Santo participó en la creación (esto lo vemos en Gn. 1:2; en Sal. 104:29 y 30; y lo podemos deducir también de Jn. 6:63).


En el Antiguo Testamento, el Espíritu Santo venía sobre, o entraba, en determinadas personas para tareas determinadas (por ejemplo, en los profetas, como vemos en Ez. 2:2; en los jueces, como está escrito en Jue. 6:34; o en los reyes, como nos dice 1 S. 16:13). Pero, también podía volver a ser quitado (así se dice en el Sal. 51:13).


En el Nuevo Testamento, el Señor Jesús anunció a Sus discípulos que el Espíritu Santo vendría como Consolador (lo leemos en Jn. 16:7).


En Pentecostés, los creyentes fueron bautizados con el Espíritu Santo y se formó la iglesia (según Hch. 1:5; y 2:1 al 13). Todo creyente, en su conversión, es bautizado por él una sola vez en el cuerpo de Cristo, la iglesia (esto lo dice 1 Co. 12:13).


Todo creyente es sellado con el Espíritu Santo, quien es las arras de nuestra herencia en el cielo (como afirma Ef. 1:13 y 14). De modo que un verdadero creyente no puede perder al Espíritu Santo, quien mora dentro de él (según leemos en 1 Co. 6:19), pues ha nacido de nuevo a través del Espíritu (como está escrito en Tito 3:5).


El Espíritu Santo reparte dones determinados a cada creyente, “como Él quiere” (así lo dice 1 Co. 12:11).


También, antes de la conversión, el Espíritu Santo obra en la persona convenciéndola de “pecado, justicia y juicio” (como vemos en Jn. 16:8 al 11).


Y cuando Jesucristo vuelva en gloria, y establezca Su reino mesiánico de paz de mil años de duración, el Espíritu Santo será derramado “sobre toda carne” (como está profetizado en Joel 3:1). Por eso, (como menciona Is. 11:9) la tierra, entonces, “será llena del conocimiento del Señor, como las aguas cubren la mar”.