Resultados eternos de la muerte de Jesús (2-3)

Titulo: “Resultados eternos de la muerte de Jesús”

Autor: Wim Malgo
 Nº: 1313

Estamos tratando el aspecto descuidado de la cruz de Cristo, el efecto práctico para nuestra vida, viendo los siguientes puntos: 

1. respecto a Dios

2. respecto a satanás

3. respecto a nuestra culpa

4. respecto al mundo que nos rodea

5. respecto a la muerte

6. respecto a nuestra naturaleza pecaminosa

7. respecto a los hermanos en la fe.


 


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Estimado amigo, seguimos entonces discerniendo al tercer aspecto práctico de la cruz de Cristo para nuestra vida, estimado oyente, es: respecto a nuestra culpa.

Si en Romanos 5:10 dice que hemos sido “reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo’, surge la pregunta: ¿Cómo es la cosa con nuestros innumerables pecados?

Estoy más que agradecido que en 1 Corintios 15:3 se hable expresamente en plural: “…Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras.’ De manera que puede estar completamente confiado que: Su muerte, Su sangre derramada, ha pagado toda su culpa. Con respecto a esto, leemos en la carta a los Colosenses: “(Jesús) os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz’ (Colosenses 2:13-14). ¿No es maravilloso? Es por eso que la Escritura repite tantas veces que él ha muerto por nosotros: 

– “quien murió por nosotros…’ (Tesalonicenses 5:10),

– “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos’ (Romanos 5:6).

– Y: “… a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte…’ (Colosenses 1:21-22).

Seguimos entonces con el 4. aspecto que es respecto “al mundo que nos rodea”.

En primer lugar, preguntémonos: ¿Qué es el mundo? Para obtener una respuesta definitiva, consultemos la Biblia, la inefable Palabra de Dios. Ella nos dice: “… la apariencia de este mundo se pasa’ (1 Corintios 7:31). “… el mundo entero está bajo el maligno’ (1 Juan 5:19). Además, nos advierte muy seriamente: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre’ (1 Juan 2:15-17). De la misma manera, también, leemos en la epístola de Santiago: “¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?’ (Santiago 4:4). Fue por eso que el Señor Jesús, antes de morir, dijo con tanta claridad: “Yo ruego por ellos (los discípulos); no ruego por el mundo…’ (Juan 17:9).

Si traemos a la memoria los efectos que la muerte de Jesús tuvo sobre este mundo, también nos debemos cuestionar quién es el que realmente domina este mundo, quién es el “dios de este siglo’ (vale decir, que en la versión en alemán dice “dios de este mundo’).

En la segunda epístola a los Corintios encontramos la respuesta: “en los cuales el dios de este siglo (Satanás) cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios’ (2 Corintios 4:4). Pero, precisamente sobre este mundo, en medio de las naciones (Ezequiel 5:5), murió en una cruz el Hijo de Dios y venció a Satanás, al “dios de este siglo’.

Aquel que cree en el Señor crucificado y en Su muerte, está juntamente crucificado con Cristo (Gálatas 2:20), murió al mundo y está protegido contra el espíritu de este mundo. Ese es el objetivo de la muerte de Jesús, tal como lo leemos en Gálatas 1:4: “el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre.’

¿No es terrible cuando los hijos de Dios rechazan esta liberación del mundo? Cualquier enlace consciente con el espíritu de este mundo significa volver a crucificar a Jesús. Por eso, en cuanto a los resultados de la muerte de Jesucristo, hay dos consecuencias para cada creyente en este mundo. La primera la describe Pablo de esta manera: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo’ (Gálatas 6:14). Dicho en otras palabras: Entre el mundo espiritual y mi persona está la cruz. Dios ama al mundo (Juan 3:16). Él salva de este mundo malo; pero el mundo en sí no es rescatado. En 1 Corintios 10:11 leemos acerca de la segunda consecuencia: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.’

Visto puramente desde el ángulo de la historia de salvación, la Iglesia de Cristo es, por un lado, la última parte de este siglo pero, por el otro, también el fin de la apariencia de este mundo. Como hijos de Dios, hemos sido trasladados a una nueva dimensión a través del nuevo nacimiento (1 Pedro 1:3): “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús’ (Efesios 2:4-6). Por eso, leemos en Filipenses 3:20: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.’ El poder de la muerte de Jesús son las vidas humanas que han sido compradas por sangre, que aun están en el mundo, pero que ya nunca más volverán a ser del mundo. ¡Cuidado con que el espíritu de este mundo penetre en la Iglesia de Cristo!

El 5. aspecto práctico de la cruz de Cristo es respecto “a la muerte”.

La muerte es una cruel realidad; seguramente miles y miles de nuestros oyentes han tenido que pasar por la dura experiencia de estar frente a la tumba de un ser amado. De oír las palabras de despedida. De recibir con agradecimiento los lindos ramos y coronas de flores. Pero, nada de esto devuelve la vida a un esposo, esposa, hijo, padres, amigo, amiga. El propio Señor Jesucristo nunca ignoró la realidad de la muerte. Cuando vino para resucitar a su amigo Lázaro (que ya llevaba cuatro días en la tumba), Jesús también lloró frente al sepulcro (Juan 11:35).

Pero también hay otra realidad distinta y maravillosa: A través de la muerte del Señor Jesús, la muerte perdió su poder. Cuando murió, cuando en su sangre derramó su vida eterna, la muerte obtuvo un botín que nunca antes había recibido: un cadáver que tenía la vida en sí mismo. Y así la muerte fue vencida, y nosotros podemos gozarnos junto con Pablo: “Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo’ (1.Corintios 15:55-57).

Las consecuencias son arrolladoras para todos cuantos recibieron a Cristo. A pesar de que usted cada vez envejezca más, tiene la promesa: “El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano… Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes’ (Salmo 92:12.14). Sí, según lo que dice en 2 Corintios 4:16, usted se vuelve cada vez más joven: “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día’. Esa persona va al encuentro de la eterna juventud pues está escrito: “El que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila’ (Salmo 103:5).

Eso es maravilloso: Jesucristo nos ha reconciliado con Dios y nos ha librado del poder de la muerte, a través de su muerte. Nos rescató de la apariencia de este mundo y nos obsequió la vida eterna. Leemos en el evangelio San Juan, 11:25-26 las palabra de Jesucristo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mi, no morirá eternamente. ¿Crees esto?’.

La Iglesia de Jesús en su última etapa. 1 de 3

Título: La Iglesia de Jesús en su última etapa

Autor: Marcel Malgo
  PE1304

¿Qué nos espera en la etapa final? ¿Para qué tienen que estar preparados los cristianos?

Son importantes preguntas a las cuales buscaremos respuesta en este artículo.


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Estimado amigo, cuando Juan escribió su primera carta, exhortó a sus lectores creyentes diciendo:„Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo”(1 Jn. 2:18). Si consideramos que el apóstol escribió estas palabras hace aproximadamente 1950 años – ¡imaginémonos qué actualidad tienen hoy!Pues hoy entonces, nos encontramos, más que nunca antes, en el „último tiempo”.

¿Cómo se caracteriza esta última etapa del tiempo final? ¿Por la calma absoluta? Ya pasó la lucha, entonces podemos sentarnos cómodamente, juntar las manos en la falda y esperar lo que pasará. ¡No! Todo lo contrario: ¡La inquietud y la lucha son las características de la última hora! ¿Por qué? Porque ya vinieron „muchos anticristos”, así que ni siquiera soñemos con tener quietud.

Por eso, también debemos tener mucho cuidado cuando nos anuncian tiempos de paz. Ya el apóstol Pablo advirtió al respecto:„…cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán”(1 Ts. 5:3).Pablo habla aquí de la venida del Señor, o sea, del último tiempo, y nos advierte que no actuemos con negligencia mientras esperamos este suceso, que no descansemos en una falsa quietud. Pues ahora de ninguna manera es un tiempo de quietud para los que creemos en Jesús, porque este último tiempo es el tiempo del anticristo.

No solamente Juan habló de este fenómeno tan negativo del tiempo final. También Pablo le escribió a Timoteo muy claramente:„También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”(2 Ti. 3:1-5). ¿Cómo sabemos que Pablo habla aquí de anticristos y no simplemente de personas incrédulas?

Porque escribe:„…tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella.”Estas personas sí dan la impresión de estar del lado de Jesucristo, pero actúan contrariamente a Sus palabras – y exactamente así se comporta el espíritu anticristiano. De esta manera se manifestará un día también el último anticristo. Tendrá la apariencia de poder ser el Cristo o el Mesías, destacándose como bienhechor y creando la paz. Pero pronto se revelará como hijo del diablo.

 

Si bien es verdad que nuestro tiempo es muy agitado, ya que hay muchos anticristos entre nosotros, para los cristianos renacidos, sin embargo, también hay unaspecto reconfortante: 

¡Los hijos de Dios pueden estar confiados!

El Señor Jesús anima a los Suyos con las palabras:„En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”(Jn. 16:33). Esta gloriosa verdad la podemos alzar siempre como emblema de victoria, aunque sepamos de los problemas y las luchas de este tiempo. Una y otra vez tenemos que tomar conciencia de ella:¡Nunca mi problema podrá llegar a ser más grande que mi Ayudador!Si bien es verdad que vivimos en este mundo malo, ¡tenemos al Vencedor del Gólgota de nuestro lado! Por eso, la primera carta de Juan dice:„Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”(1 Jn. 4:4).

Aunque justamente en esta última hora sintamos al espíritu diabólico como un aliento del infierno que muchas veces nos quiere atemorizar, podemos mirar a Jesús en las tempestades y batallas más grandes, y Lo escuchamos decir:„Confiad, yo he vencido al mundo.”Si te sientes muy afligido en tu corazón, levántate y proclama esta verdad en voz alta: „¡Jesús es Vencedor! ¡El ha vencido al mundo!” Esto, sin embargo, no quitará el hecho de que sintamos cada vez con mayor claridad que realmente vivimos en la última hora,y que ya hace tiempo que estamos en la tardecita de la historia de la salvación. El sol se ha puesto, aunque todavía no es plena noche. La Iglesia de Jesús espera el arrebatamiento, y el juicio sobre este mundo está a la puerta.Quizás nos preguntamos: „¿Qué nos deparará esta tardecita, esta última hora, todavía? ¿Qué tenemos por delante?”

Para encontrar respuesta a estas preguntas que muchas veces nos atemorizan, nos ayudará considerar algunos acontecimientos de la vida de los discípulos de Jesús, para ver qué nos dicen ellos a nosotros en nuestros días. Aprendamos de ellos a confiar plenamente, y en cada circunstancia, en nuestro maravilloso Señor.

Un panorama profético de nuestro tiempo

En Juan 6:16-18 leemos:„Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba.”Ya venía la noche cuando los discípulos entraron en una barca, e iban cruzando el lago de Genezaret hacia Capernaum. ¿No es una imagen profética de nuestro tiempo, de la última hora, en la cual ya surgieron muchos anticristos?¿No son justamente la oscuridad y la inseguridad espirituales las características de nuestro tiempo que han sido causa de temor y angustia para muchas personas, llevándolas incluso al suicidio?

El que todavía no pertenece al Señor Jesús, por la fe en el Hijo de Dios, vive continuamente en temor, pues vivimos en una época demoníaca, en un tiempo de confusión en el cual la maldad ya cobró enormes dimensiones y el problema principal es la inseguridad. Cuando Jesús habla de Su venida con poder y gran gloria (y que esto no se confunda con el arrebatamiento), dice que antes de que esto acontezca, desfallecerán„los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra…”(Lc. 21:26). Ya hoy sentimos este miedo del cual habló Jesús. Ya está sobre la humanidad como un poder paralizador. Sí, toda la creación está sometida a él, como Pablo lo escribió en su carta a los cristianos en Roma:„Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios”(Ro. 8:19).

Ni siquiera nosotros, que somos hijos de Dios, podremos escapar a todo esto. Es verdad que no estamos expuestos al espíritu de miedo y de temor, pero todavía estamos en el mundo y muchas veces sentimos por todos lados los vientos del infierno.Jesús no dijo que los Suyos nunca iban a tener miedo en el mundo, sino que dijo:„En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”Si permanecemos en Él, el mundo no nos puede hacer nada, porque entonces„somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”(Ro. 8:37).Ésta es justamente la gran diferencia entre los hijos de Dios y los hijos de este mundo, ellos son aplastados por el miedo, mientras los creyentes pueden superarlo en el nombre de Jesús.

A pesar de todo esto, no nos adormezcamos en una falsa seguridad, pues también nosotros, los hijos de Dios, somos confrontados con este mentiroso espíritu anticristiano.

Leímos en Juan 6:16-17:„Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos.”No eran personas comunes, sino discípulos de Jesús que querían cruzar el mar hacia Capernaum.

Por supuesto que Jesús sabía que vendría una tempestad sobre el mar, pero no impidió que Sus discípulos pasaran por ese peligro. Lo mismo pasa hoy con nosotros, los que creemos en Él. Jesús no creó ningún cielito para los Suyos en ningún rincón de esta tierra, donde podamos refugiarnos y esperarlo hasta que venga. ¡No!Él nos puso en este mundo malo y demoníaco para testificar a la gente, para proclamar Su Evangelio por medio de nuestros actos y palabras.

Pero, nos dio un salvoconducto para esto: Su victoria sobre este mundo. Y gracias a este salvoconducto llegaremos seguros adónde Él está, aunque ahora todavía pasemos por momentos de confusión e incluso de miedo, o para usar una imagen: Aunque las olas del mar parezcan inundarnos, de manera que temamos ahogarnos. A pesar de los muchos contratiempos, llegaremos sanos y salvos. Sí, podemos esperar ese día del encuentro con Jesús con gozo, porque la meta que tenemos por delante es infinitamente gloriosa.

Los discipulos de Jesús, allí en el mar de Galilea, avanzaban hacia la noche oscura, y la tempestad que se desataba los sumió en una gran inseguridad. Pero tenían una meta gloriosa delante de ellos: Capernaum.

Nro. 370

55 Respuestas a Preguntas sobre la Vida Más allá de la Muerte
Mark Hitchcock (14ª parte)


Contestamos a la luz de la Biblia la siguiente pregunta: 

  • ¿Que me dice de esas personas que dicen haber visitado el cielo?
  • ¿Existe el tiempo en el cielo?
  • ¿Qué edad pareceremos tener cuando estemos en el cielo?


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PR370 – Preguntas & Respuestas
55 Respuestas a Preguntas sobre la Vida Más allá de la Muerte (14ª parte)