La soledad del Cordero de Dios (3de3)

Título: La soledad del Cordero de Dios  (3/3)

Autor: Marcel Malgo
PE1390

En este mensaje, Dios nos permite hechar un conmovedor vistazo al corazón afligido del Cordero de Dios. Está basado en el Salmo 22, el cual justamente es un Salmo profético que habla de los sufrimientos de Jesucristo.


DESCARGARLO PARA TENER O COMPARTIR CON OTROS:pe1390.mp3



Estimados amigos, ¿a quién de nosotros no le ha pasado alguna vez el despertarse de noche, después de una pesadilla, sudando y temblando de miedo? ¿Y qué hacemos entonces normalmente? Prendemos la luz, para estar seguros de que solamente fue un mal sueño. Pero cuando Jesucristo estaba colgado en la cruz, en la oscuridad más completa, abandonado por todo el mundo, e incluso por Su amado Padre, no podía simplemente prender una luz. Nuestro Salvador, el Cordero de Dios, fue crucificado a la hora tercera (esto es a las 9 de la mañana; según Mr. 15:25). Después de tres horas de tormentos (a la hora sexta, es decir, a las 12 del mediodía), hubo de repente una gran oscuridad. Marcos 15:33 lo relata así:“Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena”. Esta oscuridad duró exactamente tres horas, o sea, hasta las 15 horas. Quiere decir que Jesucristo estuvo clavado en la cruz en una oscuridad total durante tres horas, hasta que al final lanzó un grito de desesperación por haber sido abandonado por Dios: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?“.

En la cruz colgaba el cuerpo del Señor Jesús, lastimado y desfigurado por los latigazos de los romanos. Todo Su cuerpo era atormentado por las punzadas. Un continuo e infernal desgarramiento, que no cesaba ni por un segundo, atravesaba sus manos y pies horadados por los clavos. Su boca estaba hinchada por la sed inaguantable. Continuamente tenía problemas de respiración por la posición contorsionada en que se encontraba en la cruz. A esto se añadía una fatiga extrema, sin que le fuera concedido ni un segundo de alivio por sueño o desmayo. Y luego, como si todo esto no hubiera sido suficiente, vino sobre Él aquella oscuridad de tres horas, que tuvo que aguantar en una soledad absoluta.

¿Qué tipo de oscuridad fue esa? Nada más y nada menos que la oscuridad del infierno. Era la oscuridad que un día caerá sin piedad sobre todo pecador no redimido, junto con todo su pecado. Era la oscuridad desde la cual los espíritus satánicos causan sus estragos entre las personas en la tierra. Pablo escribe sobre esto en Ef. 6:12, diciendo:“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. ¿Por qué Jesús tuvo que ser confrontado con aquella oscuridad tan terrible? Porque la Escritura dice que Él, quien era sin pecado, fue hecho pecado por nosotros, y llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero (acerca de esto podemos leer en 2 Co. 5:21; y en 1 Pe. 2:24). El pecado es oscuridad. ¡Quiere decir que Jesucristo fue, literalmente, envuelto por una oscuridad total a causa de nuestro estado pecaminoso y de cada pecado que cometemos, y de esta manera fue confrontado de la manera más estremecedora con el infierno; y esto durante tres largas horas!

En esa angustia extrema, Jesucristo no podía encender ninguna luz ni hablar con nadie sobre sus tormentos. Su Padre estaba en algún lugar – pero el Hijo no podía tomar Su mano para recibir ayuda y consuelo. En aquellas horas de angustia, Jesucristo ni siquiera pudo preguntar por Su Padre, sino que solamente pudo gritar, lleno de temor:“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”.

Si queremos escudriñar con nuestra razón lo que pasó allí en la colina del Gólgota, durante aquellas tres horas de oscuridad total, no vamos a llegar muy lejos. Pero consideremos esto: ¿Quién estaba clavado allí en la cruz? ¿Un condenado por su propia culpa? ¡No! Sino el que era sin pecado, que sufría la condenación y la maldición que nosotros, seres pecadores, hubiéramos merecido en el juicio de Dios. En Gálatas 3:13, Pablo escribe:“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)”.Sí, allí en la cruz colgaba un condenado, un maldecido, un hombre hecho pecado, un hombre desfigurado por los pecados de los hombres, quien por lo tanto se encontraba en la oscuridad del infierno – un lugar donde el Padre celestial – que es santo y nunca tolerará el pecado – no podía estar.

En Lucas 16:26, leemos que el hombre rico, que sufría en el infierno, recibió desde el lugar de los justos esta información:“Una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá”. Por eso, el camino del Cordero de Dios fue un camino infinitamente solitario. Jesucristo no solamente sufrió indecibles dolores, sino que Él estaba solo. Él sufrió solo, y como el Cordero de Dios elegido desde antes de la fundación del mundo, Él también murió completamente solo.

Veamos ahora, ¿Por qué se rasgó el velo del Templo delante del Lugar Santísimo?

Ésta fue una de las señales visibles de la muerte de Jesucristo, en Lc. 23:45 y 46 leemos:“… el velo del templo se rasgó por la mitad. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró”.

¿De qué velo se trataba? Era el velo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo, primero en el Tabernáculo y más tarde en el Templo. Solamente una vez por año, en el gran Día de Perdón, el Sumo Sacerdote podía abrir el velo para recibir la expiación para él y para todo el pueblo (comp. Levítico 16).

Cuando Jesucristo murió en la cruz del Gólgota y el velo delante del Lugar Santísimo en el Templo se rasgó por la mitad, aconteció algo maravilloso: fue abierto un nuevo y vivo camino para poder tener comunión con Dios, así lo dice He. 10:19 al 22:“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura… “.

Por supuesto, también en el tiempo del Antiguo Pacto era posible tener una profunda comunión con Dios. Pensemos solamente en Moisés, en Ex. 33:11 está escrito:“Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero”. Y en 2 Sa. 22:1 al 7, leemos acerca de David:“Habló David a Jehová las palabras de este cántico… Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador… En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios; él oyó mi voz desde su templo… “. Y de Daniel, está escrito en su libro cap. 6, vers. 10:“Daniel… se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes”.

Pero cuando se rasgó el velo del Lugar Santísmo, señal visible de la muerte de Jesucristo, se consiguió aún otra cosa sumamente importante: una confianza nunca antes conocida. Por eso, en He. 4:16, se exhorta a los creyentes en Jesucristo:“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. En el Antiguo Pacto había que hacer expiación por cada pecado por medio de sacrificios de animales. Cuando el velo delante del Lugar Santísimo en el Templo se rasgó, a la hora de la muerte de Jesús, se hizo expiación por todos los pecados pasados, presentes y aún futuros, por medio de la muerte sustituta del Cordero de Dios, quien era y es, sin pecado. Esta es una gracia inmensa que tenemos en Jesucristo, el Cordero de Dios. Solamente necesitamos venir a Él y decirle: – Señor Jesús, he pecado y me arrepiento sinceramente. Por favor, perdóname.

El Señor perdona ampliamente. No necesitamos traer ningún sacrificio para la expiación, pues Jesús pagó el precio completo para esto en la cruz y logró la victoria, pues como leemos en Jn. 19:30, Él dijo:“Consumado es”. Y por eso, también, está escrito en 1 Jn. 1:7:“La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. “Confianzaes una de las palabras claves más grandiosas del Nuevo Pacto – ¡y nos fue regalada por la muerte del Cordero de Dios en el Gólgota! Todo esto lo hizo Jesucristo, el Cordero de Dios, por nosotros. Por nosotros Él fue por un camino extremadamente doloroso e infinitamente solitario. ¿No tendríamos que agradecerle hoy y ahora – quizás por primera vez – por no haber esquivado ese camino ni por un segundo? Consideremos otra vez, según las palabras del Sal. 40, vers. 7 y 8, lo que Él respondió a Su Padre celestial cuando éste le comunicó su plan de Salvación:“He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí; el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado… “.

Ahora, hoy, en este momento, Jesús, el Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo, el Hijo del Dios vivo, que por nosotros sufrió y murió en soledad y resucitó, está delante de cada uno de nosotros y nos hace este planteo y esta pregunta: – Esto lo hice por ti. ¿Qué haces tú por mí?

La soledad del Cordero de Dios (2/3)

Título: La soledad del Cordero de Dios (2/3)

Autor: Marcel Malgo
PE1389

En este mensaje, Dios nos pèrmite hechar un conmovedor vistazo al corazón afligido del Cordero de Dios. Está basado en el Salmo 22, el cual justamente es un salmo profético, que habla de los sufrimientos de Jesucristo.


DESCARGARLO PARA TENER O COMPARTIR CON OTROS:pe1389.mp3



Queridos amigos, en el programa anterior mencionamos la aparente contradicción de Dios el Padre, que por un lado amaba entrañablemente a Su Hijo, y por otro lado lo entregó para ser ofrecido en holocausto. ¡Y también de la extraordinaria disposición que demostró el Hijo amado del Padre, cuando fue elegido para ser el Cordero de Dios inmolado! Y que lo quiso hacer de todo corazón.

Regresemos ahora brevemente al Paraíso, a la hora de la creación de los primeros seres humanos, Adán y Eva. En el momento en que el Padre celestial hizo de Su Hijo, a quien amaba entrañablemente, el Cordero inmolado de Dios, todavía no existía la creación y tampoco el hombre. Pues todavía no había tenido lugar la fundación del mundo. En otras palabras: las criaturas por las cuales el amado Hijo tenía que morir, todavía no existían.

Luego vino el día en el cual Dios el Padre decidió crear al hombre, como lo leemos en Gn. 1:26 y 27:“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Y nos preguntamos: ¿quién más estuvo presente en la creación de los seres humanos, por los cuales el Hijo de Dios iba a morir como sustituto por sus pecados? Y la respuesta es: El Hijo unigénito del Padre, pues como leímos, dice:“Hagamos(nosotros – no: yo)al hombre a nuestra imagen(no: a mi imagen)…“.Estas expresiones “hagamosy “nuestrasignifican que el Dios Uno y Trino estaba en la obra de la creación de la primera pareja de seres humanos.

El Dios Uno y Trino sabía que los hombres que había creado con una voluntad libre, pronto tomarían una decisión equivocada y caerían en pecado. También sabía que desde entonces, cada ser humano también nacería en pecado. Dice en el Sal. 51:5:“He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”. Y en Ro. 5:12:“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. A pesar de saber esto, Dios el Padre creó a las criaturas los cuales, más adelante, serían la causa de la horrible muerte de Su Hijo unigénito. ¡Esto nos parece incomprensible! Seguramente debe haber sido extremadamente difícil para el Padre celestial. Y ¿cómo pudo el Hijo llevar este peso y participar en la creación? Pues Él sabía y se diría a Sí mismo: Estas criaturas que hemos creado conforme a nuestra imagen, y toda su descendencia después de ellos, un día me harán morir con una muerte lenta, dolorosa y horrible.

Pero aún así Él sobrellevó esta situación – no como si colaborara a regañadientes -, sino que Él participó en el acto de creación con profundo gozo, como está expresado en Prov. 8:22 y 23; y 30 y 31: “Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra… Con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo. Me regocijo en la parte habitable de su tierra. En estas palabras, el amado Hijo Unigénito no solamente habla del hecho de que ha sido el Amado del Padre desde la fundación del mundo, sino que también testifica que Él estaba presente y que se regocijó en gran manera cuando el Padre creó a la corona de la creación, o sea: a los primeros seres humanos.

Jesucristo, que estuvo con el Padre desde la eternidad, y desde antes de la fundación del mundo ya era el Cordero de Dios, participó de una manera perfecta en la creación de los primeras criaturas. Estamos aquí delante de un acontecimiento incomprensible para nosotros, el cual el Señor describe con palabras muy sencillas, diciendo en Mr. 10:45:“… el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. El amado Hijo Unigénito colaboró en la creación de los primeros seres humanos – ¡y de esa manera, construyó para sí mismo el altar en el cual más tarde iba a ser sacrificado!

Veamos ahora una gran diferencia: 

En Gn. 22:6 y 7, se nos relata que cuando Isaac, el hijo de Abraham, llevaba la leña sobre la cual él iba a ser sacrificado, él mismo no era conciente de esto, ya que preguntó:“He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?En el caso de Jesucristo, el Hijo del Padre celestial, fue completamente diferente. Cuando participó con todo empeño en la creación del hombre, lo hizo completamente conciente de que Él mismo iba a ser sacrificado.

Lo que me impresiona mucho, en relación a la creación de la primera pareja de seres humanos, son los siguientes dos hechos: 

– En primer lugar, que en la creación, el Padre y el Hijo actuaron como si nunca fuera a ocurrir la caída, ya que pusieron Su propia imagen gloriosa en el hombre.

– Y en segundo lugar, que Jesucristo, que ya había sido elegido como el Cordero de Dios desde antes de la fundación del mundo, participara en la creación del hombre con un gozo tan intenso como si nunca le fuera a tocar ser el Cordero inmolado.

Ante estos hechos, nuestra razón se detiene. Y solamente podemos adorar y decir: – Señor, ¡qué infinitamente grande eres Tú! ¡Qué glorioso es tu plan para con nosotros los hombres! ¡Qué grandiosa y perfecta es tu obra en la cruz del Gólgota!

Concentrémonos ahora en lo que le costó al Cordero la salvación de los perdidos

Cuando hubo culminado la etapa preparativa – el planeamiento de la salvación antes de la fundación del mundo, la creación de los hombres y la encarnación del Cordero de Dios – llegó el día de la muerte del Cordero de Dios, de Su sacrificio en la cruz del Gólgota, que nos abrió la entrada a la presencia del “Abba, Padre, de nuestro Padre celestial que nos ama.

Sin embargo, la muerte del Cordero de Dios fue mucho más espantosa que todo lo que pudiéramos imaginar, pues el Señor Jesús no solamente sufrió la burla, el escarnio e indecibles dolores cuando fue condenado y brutalmente azotado, y cuando vivió la tortura en la cruz, sino que en aquellas horas, el Cordero de Dios también experimentó una soledad infinita. Él hizo recordar al Padre Sus promesas inquebrantables que hemos citado al principio, y que están escritas en el Sal. 22, vers. 4 al 7:“En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza… “. Pero aún así, siguió clavado en la cruz, solo y abandonado, en la oscuridad absoluta. Estas palabras, que son un grito de Su corazón, las podríamos interpretar de esta manera: – A todos los hombres que invocan a Dios, se les concede ayuda. Pero yo no recibo ninguna.

Estoy clavado en la cruz, y completamente abandonado.

Cuando alguien de nosotros experimenta una gran desgracia, normalmente tiene a alguien cerca, que puede apoyarlo en la tristeza y cuidar de él. Pero cuando Jesucristo entró a la prueba de fuego más difícil de Su vida, ya no tenía ningún amigo, sino solamente enemigos que se burlaban de Él:“Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza”. Leemos en Mr. 14:50, que cuando detuvieron a Jesús“todos los discípulos, dejándole, huyeron”.

Y en nuestro caso, cuando en nuestra vida experimentamos una desgracia y nadie se ocupa de nosotros, aún tenemos al Señor con nosotros, si es que creemos en Jesucristo. Él, quien es la Verdad en Persona, prometió:“He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”(así lo dice en Mt. 28:20). Pero cuando Jesucristo mismo, como el Cordero de Dios, agonizaba sufriendo tormentos horribles, estaba completamente solo. Es trágico lo que leímos en el Salmo:“En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano… “.En otras palabras: – ¿Dónde está la ayuda para mí? Padre, ¿dónde estás? Además de los insoportables dolores en el cuerpo, en el alma y en el espíritu, la soledad infinita debe haber sido lo más difícil para el Cordero de Dios. Como nuestro Sustituto, hecho pecado por nosotros y cargando los pecados de todos los seres humanos de todos los tiempos, Jesucristo sufrió solo, clavado en la cruz. Incluso Su Padre celestial, del cual aun leemos en Jn. 8:29 que les había dicho a Sus discípulos:“No me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada”, en Su santidad, tuvo que apartarse de Su Hijo hecho pecado y cargado de pecados. Por eso, el grito desgarrador de Jesús de Mt. 27:46:“Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”¡Por nuestra causa, Jesús fue realmente abandonado por Dios y por los hombres!

La soledad del Cordero de Dios (1/3)

Título: La soledad del Cordero de Dios (1/3)

Autor: Marcel Malgo
PE1388

En este mensaje, Dios nos permite hechar un conmovedor vistazo al corazón afligido del Cordero de Dios. Está basado en el Salmo 22, el cual justamente es un salmo profético que habla de los sufrimientos de Jesucristo.


Descargarlo para tener o compartir con otros:pe1388.mp3



Queridos amigos , en el Salmo 22, un Salmo profético que habla de los sufrimientos de Jesucristo, Dios el Espíritu Santo nos permite echar un conmovedor vistazo al afligido corazón del Cordero de Dios. En los versículos 4 al 7, dice así:“En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; confiaron en ti, y no fueron avergonzados. Mas yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. Todos los que me ven me escarnecen; estiran la boca, menean la cabeza… “.

Desde antes de la fundación del mundo, ya existía un hecho maravilloso y glorioso: el amor del Padre celestial por Su Hijo. Pues en las palabras de Juan 17:24 escuchamos el propio testimonio del Hijo, Jesucristo, cuando dijo: “… me has amado desde antes de la fundación del mundo”. Encontramos aquí, sin embargo, una aparente contradicción, por lo menos para nuestra razón. Pues el Hijo, tan amado por el Padre celestial, ya desde antes de la fundación del mundo fue constituido el Cordero de Dios, pues así lo leemos en Apocalipsis 13:8:“… del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”. Por un lado, el Padre ama a Su Hijo entrañablemente ya antes de la fundación del mundo, pero por otro lado, justamente es este Hijo el que es elegido – desde antes de la fundación del mundo – para convertirse en holocausto, en el Cordero de Dios. ¿Es esto amor?

Reflexionemos nuevamente: Por un lado, el Padre ama entrañablemente a Su Hijo, y por otro lo destina, ya antes de la fundación del mundo, a convertirse en holocausto, en el Cordero de Dios. Y nos volvemos a preguntar: ¿Es esto amor? El Padre celestial, ¿no tendría que haber guardado a Su Hijo – justamente porque Lo amaba más que a todo – de todas las adversidades y de todo sufrimiento? Ciertamente esto hubiera sido lo normal. Sin embargo, sucedió aún otra cosa antes de la fundación del mundo: algo que iba a conmover tanto al cielo como a la tierra y que causaría enorme agitación.

En Efesios 1:3 al 5, el apóstol Pablo lo describe así:“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo…”. Dios el Padre había decidido en Su inescrutable amor, que también los seres humanos que vivían en este mundo tenían que llegar a ser hijos suyos.

Para que eso fuera posible, primero se tenía que hacer la expiación de nuestros pecados. Sin expiación, nunca hubiéramos podido dirigirnos a Dios con las palabras de Ro. 8:15:“Abba, Padre”. Sin embargo, ningún ser humano pecaminoso podía hacer expiación por otro ser humano pecaminoso, pues esto solamente habría llevado a la muerte de aquel ser, sin que nadie hubiera podido llegar a ser perdonado, y por lo tanto, tampoco nadie habría podido llegar a ser un hijo de Dios. En consecuencia, alguien sin pecado tenía que hacer la expiación por nosotros, alguien que no tuviera que ser castigado por sus propios pecados. Y había una sola Persona así, tanto en los cielos como en la tierra: Jesucristo, el entrañablemente amado Hijo unigénito de Dios. En Él, el Cordero de Dios sin pecado, fuimos elegidos y destinados para ser hijos de Dios, ya antes de la fundación del mundo.

Como el Hijo estuvo dispuesto a ser ese“Cordero llevado al matadero”(del que nos habla Isaías 53:7), cada persona en esta tierra pudo y puede llegar a ser un heredero del Reino del Padre, que está preparado para los hijos de Dios ya“desde la fundación del mundo”(como Mt. 25:34 lo dice). No es de asombrar que también el apóstol Pedro, en su primera carta, cap. 1, vers. 18 al 21, anuncie con inmenso gozo a los hijos de Dios:“Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios”.

Resumamos brevemente estas tres verdades sumamente gloriosas que mencionamos anteriormente: 

– Desde antes de la fundación del mundo, el Padre amaba a Su Hijo unigénito, Jesucristo.

– Desde antes de la fundación del mundo, fuimos elegidos para ser hijos de Dios, y el Reino del Padre fue preparado para nosotros como nuestra herencia.

– Y desde antes de la fundación del mundo, el amado Hijo unigénito del Padre llegó a ser el Cordero de Dios inmolado – a nuestro favor.

Pero, veamos ahora: ¿Cómo actuó la persona principal – el unigénito Hijo de Dios, Jesucristo – cuando el Padre celestial le mostró este plan? Su reacción fue casi increíble. Nosotros seguramente nos hubiéramos resistido con miles de argumentos. No así Jesucristo: Leemos en el Sal. 40, vers. 7 y 8, que cuando el Padre le propuso el Plan de Salvación, que le quitaría la vida de una manera extremadamente cruel, solamente dijo:“He aquí, vengo; en el rollo del libro está escrito de mí”, y: 

“El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado,y tu ley está en medio de mi corazón”.

Cuando el Señor Jesús estuvo aquí en la tierra, sucedió que un día no había comido nada y Sus discípulos le trajeron algo y lo invitaron diciéndole:“Rabí, come”(así lo narra Jn. 4:31), y en el vers. 34 leemos que Él les respondió:“Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”. En otra ocasión, como lo podemos comprobar en Juan 6:38, dijo a sus oyentes:“He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”.

¡Qué extraordinaria disposición demostró el Hijo amado del Padre, cuando fue elegido para ser el Cordero de Dios inmolado! Pues también, como leímos antes, en un pasaje totalmente diferente, podemos ver que Jesucristo lo quiso hacer de todo corazón.

Lidia, la vendedora de púrpura

Título: Lidia la vendedora de Púrpura

Autor : Herman Hartwich
  NºPE1387

El pastor Herman Hartwich, basado en el pasaje de Hechos 16: 12 al versículo 15, comparte con la audiencia la historia de Lidia, quien era vendedora de Púrpura de la ciudad de Tiatira. Detrás de tal historia se esconde una gran verdad! No se la pierda, escuche este programa!!!!


DESCARGARLO PARA TENER O COMPARTIR CON OTROS:pe1387.mp3



Qué tal mis amigos es un alegría poder estar junto ustedes una vez mas para poder compartirle las maravillosas palabras del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En esta oportunidad quisiera referirme, a un pasaje que en un momento voy a anunciar en el libro de los hechos de los apóstoles. Pero quisiera decir que el gran apóstol San Pablo a quien nosotros conocimos antes de su conversión como Saulo de Tarso. Un hombre muy religioso un hombre extremadamente religioso y bastante celoso de su religión. Quizá como muchos de nuestros oyentes. Pero que carecía de una relación personal con Dios. Iba encomendado por las autoridades religiosas de su tiempo en persecución de aquellos que estaban siguiendo el camino de Jesucristo entonces tuvo un encuentro personal con Jesucristo.

Y allí experimentó un cambio radical en su vida. De perseguidor luego se transformó en un seguidor de Jesucristo y posteriormente un perseguido. Pero mis queridos amigos, en aquel momento en el que él tuvo un encuentro con Jesucristo, entre otras cosas Jesús le dijo que le enviaba a todo el mundo, especialmente a aquellos que no eran Judíos para que abran sus ojos. Para que se conviertan de las tinieblas a la luz. Y de la potestad de Satanás a Dios par que reciban por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

Mis queridos amigos, Pablo en su misión de evangelizar, en esa pasión por las almas que iba en aumento día a día, Dios le había dicho que hablara, que no callara, porque había mucho pueblo que estaba deseando creer en el evangelio y experimentar la paz que conlleva el recibir el evangelio. Entonces él comenzó a predicar. Y al llegar todo el mundo conocido de aquella época con la palabra del Evangelio, realmente Pablo tenía un corazón ardiente. Era un fuego que le quemaba dentro de su corazón.

La palabra del Evangelio me hace acordar esto también a las palabras que dice Jeremías. Que era como un fuego que ardía no puedo callar. Mis queridos amigos estamos en este momento también compartiendo con ustedes la Palabra del Evangelio, porque es como un fuego que arde dentro de nuestro corazón. No nos podemos hallar inmersos en un mundo tan necesitado, tan problemático, tan lleno de tragedia, de horrores realmente, de tanto temor, de tanta angustia, Nosotros tenemos en el evangelio la palabra de Esperanza. La palabra de vida. Y mis queridos amigos ahora quisiera compartirles en el libro de los hechos capítulo 16, verso 12 al 15, donde el autor de este libro que era el evangelista y el médico Lucas que era en parte también ayudante en esta obra ministerial y misionera dice que cuando llegaron a Filipos, que era la primera ciudad de la Provincia de Macedonia, y una colonia, y estuvimos en aquella ciudad algunos días, y un día de reposo salimos fuera de la puerta junto al rio donde solía hacerse la oración. Y sentándonos hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios estaba oyendo. Y el Señor abrió el corazón de ella, par que estuviese atenta a lo que Pablo decía. Y cuando fue bautizada y su familia nos rogó diciendo: si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor entrad en mi casa y posad y nos obligó a quedarnos.

Mis queridos amigos, aquí tenemos algo muy interesante saben que en todas partes, en todos los lugares siempre hay algunas personas que tienen inquietudes espirituales y que se juntan, a veces se conocen y se pueden identificar unas con las otras, en su interés por las cosas espirituales en su deseo de dirigirse a Dios o de buscar a Dos en cierta manera. En este caso un grupo de mujeres, allí en esa ciudad de filipos, en medio de una ciudad pagana, quizá rodeada de millares de dioses, de ídolos, poer que no satisfacen el alma. Eso ídolos muertos que como dicen la Biblia, tienen ojos pero no ven, tienen boca pero no hablan, tienen pies mas no andan, los tienen que llevar.

Mis queridos amigos esta es una triste realidad, mucha gente está prendida de las imágenes, de los ídolos y no encuentran respuesta. Porque la respuesta esta solamente en el Dios vivo y verdadero el creador de los cielos y de la tierra el creador de esta nuestra vida, el que puso espíritu en nosotros. Y que es el único con quien podemos relacionarnos, verdaderamente. En este caso encontraron a una mujer, Lidia, que junto con otras mujeres, allí en un día de reposo, no había sinagoga allí en ese lugar, seguramente habían muy pocas personas judías y no justificaba tener allí una sinagoga, pero allí junto al río, no importa el lugar, donde tu te encuentres, no importa el lugar donde tú quisieras, porque allí, donde tu decidas buscar el rostro de Dios, en oración, allí está el Señor. El asunto es que tu te decidas en buscar, a Dios en oración.

Estas mujeres estaban junto al río, siempre se encuentra el lugar adecuado no es cierto? Que interesante que las mujeres, siempre las mujeres parecen que van adelante, antes que los hombres será que las mujeres son más sensibles a la palabra del Evangelio? Será que las mujeres son más dispuestas a humillar su corazón y a reconocer sus necesidad, nosotros trabajamos con matrimonios que están en problemas, en crisis y la realidad es que generalmente las mujeres son las mas sensibles, y las mas dispuestas a buscar ayuda para su vida de matrimonio para solucionar para cambiar para vencer los problemas, los hombres son más reacios en este caso también las mujeres estaban buscando, de Dios. Siempre hay un momento oportuno, para hablar, si siempre hay un momento oportuno, para hablar. El apóstol Pablo con sus compañeros allí comenzaron a hablar a esas mujeres que estaban buscando el rostro de Dios, la bendición de Dios. Lidia se le identifica como una mujer quizá, artesana, comerciante. Porque era vendedora de Púrpura, de la ciudad de Tiatira que se destacaba por sus manufacturas, pero que también adoraba a Dios.

Adoraba a Dios y esto me hace pensar que ella estaba necesitando a Dios y que adoraba a Dios quizá sin conocerle, como el apóstol Pablo más adelante en el capítulo 17 de este libro de los Hechos en la ciudad de Atenas encuentra tantos altares y encontró uno que decía al Dios no conocido. Entonces él dijo a la población de Aenas, justamente a ese Dios que ustedes adoran sin conocerle es el que yo os anuncio. Esta mujer adoraba a Dios sin conocerle pero tenía inquietud de conocerle y estaba oyendo. Tu estás oyendo en este momento la palabra del Evangelio, pero hay un detalle aquí que dice, que el Señor aquí abrió el corazón de ella para que estuviera atenta a lo que Pablo decía, Mi querido amigo muchas personas oyen pero sólo con los oídos, no disponen su corazón par que esté atento a la palabra de amor de Jesucristo.

A la palabra de Compasión de Jesucristo, en este momento es necesario que tú pongas atención a la palabra de Dios. No solamente escuches con los oídos. Permite que la Palabra de Dios, cale Hondo dentro de tu ser íntimo, allí donde en lo secreto de tu corazón que reconoces tu soledad, que reconoces tu vacío espiritual, que reconoces tu temor, porque hay en nosotros, hombres y mujeres pecadores un temor interno, íntimo allí en lo secreto porque sabemos que hemos de comparecer delante del trono de Dios, y qué de nuestros pecados? Pues justamente para librarte de ese temor, para quitarte ese temor, para darte seguridad, para estar frente al Juicio de Dios, y ser hallado justificado, es que vino el Señor Jesucristo. Mi querido amigo, esta mujer encontró lo que buscaba. E inmediatamente abrazó a Jesucristo.

Y es tanto así que ella misma en ese momento o en ese día pidió a los apóstoles ser bautizada, porque querían ser identificados con el cuerpo de Cristo. Quería mostrar públicamente que ella moría a la vieja vida, y ahora disfrutaba de una nueva vida. Mis queridos amigos es necesario, que reconozcamos nuestra necesidad de Dios y que reconozcamos que en la persona del unigénito hijo de Dios, Jesucristo tenemos la salvación. Sólo por él y por nadie más. Abre tu corazón, deja que salga todo aquello que no sirve. Que el Señor lo saque y ponga en ti paz, seguridad y amor. Que Dios te bendiga.

Zaqueo y su encuentro con Jesús

Título: Zaqueo y su  encuentro con Jesús

Autor: Herman Hartwich
PE1386

Zaqueo, era un Judío y cobrador de Impuestos para el imperio romano. Un hombre de una muy buena posición, pero con un gran vacío en su corazón. Acompáñenos en este programa a ver lo que le sucedió a este hombre cuando se encontró con Jesucristo, y lo vigente de este hecho para nuestra vida.


Descargarlo para tener o compartir con otros:pe1386.mp3

 


Que tal mis queridos amigos es un maravilloso privilegio para mi estar junto a ustedes una vez más con el intenso deseo de compartirles las maravillosas palabras de nuestro Señor Jesucristo que son palabras de vida. El Evangelio registra cosas maravillosas realmente, que son un desafío para todos nosotros y que también podríamos decir son una respuesta, es una puerta que se nos abre y que posiblemente muchos de nuestros oyentes en este momento se podrán identificar, se podrán sentir como que se alude a su persona, en cuanto a su situación de una profunda necesidad y yo quisiera invitarles a dar lectura en la palabra de Dios, en el Evangelio según San Lucas capítulo 19.

Tenemos allí un relato muy interesante dentro de la historia del ministerio terrenal de nuestro Señor Jesucristo y quisiera tener una exposición de este pasaje, o sea una manera de reflexionar en lo que registra este médico sobresaliente, creyente en Cristo Jesús como lo fue Lucas capítulo 19, versículo 1 al 10, voy a estar leyendo, dice: Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.

Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.  Mis queridos amigos quisiera entonces como le dije recién reflexionar sobre este acontecimiento en la zona de la ciudad de Jericó. Dice aquí que salió un hombre como para ver qué era lo que estaba sucediendo, lo identifica como Zaqueo, ese era su nombre, indica la profesión, era publicano, era cobrador de impuestos esto equivalía a decir que era un hombre repudiado y era odiado por sus conciudadanos porque éstos serán judíos que trabajaban para el imperio romano cobrando los impuestos y esto provocaba una reacción muy negativa de sus compatriotas.

Por lo tanto era una persona bastante despreciada y rico, o sea era un usurero, era una persona que había mal adquirido sus riquezas. Tenía otra característica, este hombre tenía quizás una desventaja, podríamos decir así, de que era bajo de estatura. Los altos tienen ciertas ventajas, pueden ver por encima, no tiene que estar subiéndose, bueno, este hombre era bajo y esto le produjo en esta situación una limitación, porque el procuraba vera a Jesús entre ese gentío, a ver qué pasaba, quién era ese hombre, que pasa que todo el mundo está detrás de él, todo el mundo quiere oírle, y aunque se ponía en puntillas de pie no lo lograba, quizás se colgaba de los hombros de la gente, pero la gente le da un codazo para qué se bajara, porque este era un atrevido, entonces como última opción este hombre hace algo inusual, inusual para su persona e inusual para su posesión, inusual en todo sentido. De correr por una calle, quizás por una calle que posiblemente Jesús iba a pasar, porque él así lo creía y se trepa a un árbol. ¿Se imaginan ustedes un hombre mayor ya, con cierta posición, con cierta presentación personal haciendo el ridículo de treparse a un árbol del ornamento público?.

Bueno, saben que posiblemente él se escondió allí entre las ramas del árbol, con el fin de poder ver a Jesús pero que la gente no se percatara de que él estaba así con cierta curiosidad, por su propia posición. Yo creo que muchas personas también tendrían deseo de ver a Jesucristo, pero se esconden en las ramas de que su religiosidad, de su agnosticismo con el fin de evitar un encuentro cara a cara, o también tienen interés pero la posición que ocupan les impide manifestarse públicamente. Pero qué maravilloso que Jesús pasando por ese lugar, y que Jesús todo lo sabe, lo ve y le habla. Mi querido amigo Jesús te está mirando en este momento para sorpresa tuya, no sólo te está mirando, que está llamando te invita a que le recibas en tu vida.

Y Jesús le dice desciende date prisa. Esta premura también rige hoy el Señor te dice amigo date prisa yo quiero entrar en tu vida. Muchas personas postergan y postergan y postergan y postergan y parece que van en cámara lenta en tomar una decisión de carácter espiritual en su vida pero Jesús dice date prisa. Dice el Evangelio que Zaqueo fue a su casa y le recibió gozoso. Al fin y al cabo era lo que él deseaba, que alguien entrara a su casa. Que alguien tuviera un verdadero interés en él porque seguramente por su propia posición como veníamos diciendo, y su profesión nadie visitaría su casa nadie, quizás sus propios colegas de vez en cuando alguna convicta alguna farra por ahí. Pero nadie importante en este caso Jesús, tenía interés en él. Pero Jesús si. El realmente deseaba, esto por supuesto provoca comentarios.

La gente comentaba. ¿Cómo puede ser que este hombre tan puro, tan limpio, tan maravilloso como enseña como habla Jesús, entre la casa de este sinvergüenza, de este pecador, de este estafador, del que vende patria? pero saben que ahí acontece algo muy interesante aquí tenemos una verdad que antes quisiera resaltarla y es que Jesús no mira la posición social ni económica, ni religiosa de las personas. Jesús mira el corazón y en todo corazón humano Jesús ve una profunda necesidad de que esas personas, todos nosotros recibamos el perdón de nuestros pecados y la posibilidad de iniciar una nueva vida, una nueva vida basada en una relación personal con Dios por medio de él, de Jesucristo. Entonces el vio en Zaqueo una persona necesitada así como te está viendo a ti, una persona necesitada, quizás eres una persona que está marginada o será automarginado a raíz de su posición social, o económica, quizá por un problema físico.

Yo no sé cuál es tu situación mi amigo, pero Jesús si lo sabe. Es posible que te sientes aislado, es posible que te sientas solo, en medio de la multitud pero sólo y está buscando alguien que se interese por ti. Yo quiero decirte enemigo que así como Jesús se interesó por Zaqueo Jesús se interesa por ti. Y el quiere que tú le abras la puerta de tu vida. Dice acá que Jesús fue a la casa y así estando el corazón de Zaqueo fue tocado por el amor. Entonces llegó una decisión, me doy cuenta que yo he hecho mal, he robado. He robado a la gente, las he despojado. La mejor evidencia de un arrepentimiento genuino es el restaurar el daño realizado. En este caso la mitad de mis bienes doy a los pobres y a quien yo le he robado le voy a devolver cuadruplicado, ahí viene la palabra de Jesús, Jesús pronunció palabras inmortales para ti y para mi, hoy ha venido la salvación a esta casa. Y entonces dice porque el hijo del hombre vino a buscar y a buscar lo que se había perdido. Si tú te reconoce perdido eso quiere salvarte. Mientras tu nota reconozcas que está perdido, que tiene necesidad de él Jesús no podrá ser más por ti que lo que ha hecho. Pero Jesús te ama.

Jesús te ama profundamente, y desea que tú vengas arrepentido a sus pies implorándole el perdón, indicándole a entrar en tu vida y ser el señor absoluto de tu vida. Y ahí sí podrás gozar de la verdadera vida y felicidad y de paz interior. Que Dios te bendiga.