“El encuentro con el Señor” (4 de 4)

Título: “El encuentro con el Señor”

Autor: Norbert Lieth
PE1363

Después de que Dios tuvo el encuentro con Jacob en Peniel (Gén 32), el Señor ocupó todo el lugar en la vida de Jacob. Poco tiempo después, sin embargo, tuvo lugar un encuentro en Siquem, que fue decisivo para la vida de Jacob


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El tercer encuentro de Jacob con Dios: al lado del Terebinto (= encina) en Siquem.

Estimado amigo, después de que Dios tuvo el encuentro con Jacob en Peniel (Gén 32), el Señor ocupó todo el lugar en la vida de Jacob. Poco tiempo después, sin embargo, tuvo lugar un encuentro en Siquem, que fue decisivo en todo sentido: “Entonces Dios dijo a Jacob: — Levántate, sube a Betel y quédate allí. Haz allí un altar a Dios, que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que le acompañaban: — Quitad los dioses extraños que hay entre vosotros. Purificaos y cambiad vuestros vestidos. Levantémonos y subamos a Betel; allí haré un altar a Dios, que me respondió en el día de mi angustia y ha estado conmigo en el camino que he andado. Así entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían en su poder, y los aretes de sus orejas, y Jacob los enterró al pie de la encina que había junto a Siquem. Cuando partieron, el terror de Dios se apoderó de los habitantes de las ciudades de sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob. Jacob y toda la gente que le acompañaba llegaron a Luz, es decir, a Betel, en la tierra de Canaán, y allí edificó un altar. Llamó al lugar El-betel, porque allí se le había revelado Dios cuando huía de su hermano. Entonces murió Débora, nodriza de Rebeca, y fue sepultada al pie de Betel, debajo de una encina, la cual fue llamada Alón-bacut. Dios se apareció otra vez a Jacob después de haber regresado de Padan-Aram, y le bendijo. Le dijo Dios: Tu nombre es Jacob, pero no se llamará más tu nombre Jacob. Tu nombre será Israel. Y llamó su nombre Israel” (Génesis 35:1-10).

Después de que el Señor se enfrentó cara a cara con Jacob en Peniel — lo cual proféticamente corresponde a la segunda venida de Jesucristo para Su pueblo Israel — comenzó un tiempo totalmente nuevo para Jacob y su casa: un tiempo de avivamiento. Aquí, proféticamente, se convierte en realidad, para Israel, la experiencia en el Gólgota. Este pueblo llevará fruto y obrará bendición eterna. Cuando Jesús regrese, verán a aquel a quien traspasaron y, entonces, todo el poder de Gólgota vendrá sobre Israel (Zac. 12:10ss).

El Terebinto, es decir la encina, simboliza la cruz. Así como Jacob en su tiempo enterró todos los dioses ajenos, es decir los ídolos, bajo ese árbol, así, Israel llevará todas sus faltas y pecados a la cruz de Jesús. Toda la casa de Israel será renovada en aquel día y nacerá de nuevo, como ya lo había visto en visión el profeta Isaías 66,8.

El pecado será quitado de Jacob, es decir Israel, como lo dice Romanos 11:26: “…Y así todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el libertador; quitará de Jacob la impiedad.” Aquí conocerán el verdadero significado de Isaías 53, y llegará a ser realidad lo que Jesús hizo en la cruz, especialmente, para Israel: “Ciertamente él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores. Nosotros le tuvimos por azotado, como herido por Dios, y afligido. Pero él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados. El castigo que nos trajo paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros sanados” (Isaías 53:4-5). Ocho veces dice aquí, en plural: nuestro, nosotros, nos, porque se trata, en primer lugar, de la expiación de la culpa del pueblo de Israel.

Este encuentro cerca de la encina de Siquem simboliza la entrada de Israel en el reino del milenio de Jesucristo. Aquí se cumple lo que ya Pedro le dijo a los judíos en su prédica de Pentecostés: “Por tanto, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados; de modo que de la presencia del Señor vengan tiempos de refrigerio y que él envíe al Cristo, a Jesús, quien os fue previamente designado” (Hechos 3:19-20). Por eso, seguramente no es así no más que Siquem, en tiempos de Josué, se haya convertido en una ciudad libre.

Volvamos a Jacob: Cuando él enterró los ídolos bajo la encina de Siquem, testificando con esto que él y los suyos querían servir solamente al Dios de Israel, cayó el terror del Dios Eterno sobre todas las aldeas de alrededor. Aquí es donde Jacob se convirtió en el verdadero Israel, para lo cual hacía mucho tiempo había sido llamado: “Le dijo Dios: Tu nombre es Jacob, pero no se llamará más tu nombre Jacob. Tu nombre será Israel.” Y llamó su nombre Israel” (v. 10). Es por eso que esto es mencionado aquí nuevamente.

Así sucederá con Israel cuando reconozca a su Mesías, destruya los ídolos inútiles y se postre a los pies de Jesús. Pero, anteriormente, dice todavía: “Ahora se han reunido muchas naciones contra ti y dicen: ¡Sea profanada, y vean nuestros ojos la ruina de Sion!” (Miqueas 4:11). Después de la conversión de Israel, sin embargo, temblarán las naciones, porque está escrito: “Pero ellos no conocen los planes de Jehovah ni comprenden su consejo, a pesar de que él los ha juntado como a gavillas en la era. ¡Levántate y trilla, oh hija de Sion! Haré que tu cuerno sea de hierro y tus uñas, de bronce. Desmenuzarás a muchos pueblos, y consagrarás a Jehovah el botín de ellos, y sus riquezas al Señor de toda la tierra” (Miqueas 4:12-13).

La Biblia dice que en aquel día del encuentro del Señor con Israel y del establecimiento de Su Reino, saldrá una fuente de la Casa del Señor y aguas vivas correrán desde Jerusalén. Este es un símbolo de la sangre de Jesucristo. El pueblo de Israel será purificado y ríos de agua viva se derramarán desde Jerusalén sobre toda la tierra, porque el Señor reina. Aun los antiguos enemigos a muerte de Israel, Egipto y Siria, se convertirán. Y en Isaías 19:23-25 incluso dice: “En aquel día habrá un amplio camino desde Egipto hasta Asiria; los asirios entrarán en Egipto, y los egipcios en Asiria. Entonces los egipcios y los asirios servirán a Jehovah. En aquel día Israel será tercero con Egipto y con Asiria, una bendición en medio de la tierra. Porque Jehovah de los Ejércitos los bendecirá diciendo: ¡Benditos sean Egipto mi pueblo, Asiria obra de mis manos e Israel mi heredad!”

Todo esto ya no se hará esperar mucho tiempo. Más bien, hoy podemos decir, con gran convicción, que ¡el Señor viene pronto para encontrarse con Su Iglesia!

A través del profeta Amós, el Eterno exclama: “…¡Prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel!” (Amós 4:12). Quizás usted tenga que luchar con ataduras, las cuales lo vencen vez tras vez; o quizás lleve otra carga invisible, pero pesada, consigo. ¡Prepárese para el encuentro con su Dios! En Jesucristo, El se encuentra con usted en la cruz. El Hijo de Dios lo hizo todo, allí también, para usted. Acepte Su perdón, el perdón que El le ofrece en Su sangre vertida (1 Juan 1:7). ¡Usted necesita hoy un nuevo comienzo! Quizás Dios haya callado por años, meses o semanas en su vida. Su Palabra ya no le habla porque hay algún pecado entre usted y el Santo Dios. Ahora El está parado frente a usted, como antiguamente ante Jacob, y le llama a cambiar de actitud. Le pregunta si El hoy — así como Ud. se Lo prometió una vez en una situación difícil — puede ser su Dios. ¿Le permite, usted, serlo ahora?

Indecibles maravillas esperan a todos aquellos en los cuales El pudo llegar a ser su Señor y Dios, como está escrito en 1 Pedro 1:12-16: “A… vosotros …las cosas que ahora os han sido anunciadas [son] cosas que hasta los ángeles anhelan contemplar. Por eso, con la mente preparada para actuar y siendo sobrios, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que os es traída en la revelación de Jesucristo. Como hijos obedientes, no os conforméis a las pasiones que antes teníais, estando en vuestra ignorancia. Antes bien, así como aquel que os ha llamado es santo, también sed santos vosotros en todo aspecto de vuestra manera de vivir, porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” Amén.

“El encuentro con el Señor” (3 de 4)

Título: ” El encuentro con el Señor”

Autor: Norbert Lieth Nº PE1362

Un encuentro con Dios siempre tiene que traer como consecuencia el crecer y madurar en la relación con Dios. Jacob, un ejemplo muy ilustrativo en cuanto a este tema. Peniel, otro lugar de encuentro con Dios en su vida. Descubre lo que le marcó a Jacob en este encuentro.


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Estimado amigo, acerca del encuentro que tuvo Jacob con Dios en Peniel leemos en Génesis, capítulo 32.

Veinte años pasaron desde el encuentro de Jacob con Dios bajo de la escalera celestial. Jacob vivía en Harán, que no era su patria, y tenía que sufrir mucho bajo la mano de Labán. Pero, repentinamente, le llegó el llamado de Dios, de regresar a su tierra: “Yo soy el Dios de Betel, donde tú ungiste la piedra y me hiciste un voto. Levántate, sal de esta tierra y vuelve a la tierra de tu nacimiento” (Génesis 31:13). Ahora había llegado el tiempo cuando debía comenzar el gran cambio para Jacob. Debía regresar a Canaán, para que el Dios de Abraham y de Isaac pudiera llegar a ser su Dios también

Con el regreso del pueblo de Israel a su patria, la tierra Israel, ha llegado el tiempo en el cual el Señor, por medio de la segunda Venida de Jesús, ante los ojos de todo el mundo llegará a ser el Dios de Israel.

Ningún poder del mundo podía impedir que Jacob regresara a su patria, porque la mano de Dios estaba con él. Si bien Labán lo persiguió y trató de retener a Jacob en el camino a su patria, el Señor se puso entre Jacob y Labán e hizo una advertencia a éste: “Pero aquella noche Dios vino en sueños a Labán el arameo, y le dijo: Ten cuidado, no sea que hables a Jacob bruscamente” (Génesis 31:24). Muchas naciones trataron de impedir que los judíos regresaran a la tierra de sus padres, pero no pudieron. Finalmente, las Naciones Unidas hasta tuvieron que dar su expreso acuerdo al asunto. ¡Uno Mayor estaba detrás de la historia de Israel!

Bueno, estimado oyente, Jacob realmente regresó, pero todavía sin fe, porque aún no tenía al Señor como su Dios. En el camino se encontró con ángeles de Dios que le ayudaron. Lo leemos en Génesis 32:1-3: “Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios. Y dijo Jacob cuando los vio: Campamento de Dios es este; y llamó el nombre de aquel lugar Mahanaim. Y envió Jacob mensajeros delante de sí a Esaú su hermano, a la tierra de Seir, campo de Edom.”

También los judíos han experimentado, en muchas maneras, el obrar divino del Señor desde el regreso de ellos a la tierra de Israel. En las distintas guerras por su existencia, desde la fundación del Estado, contra una potencia varias veces mayor de enemigos árabes, Dios obró milagro sobre milagro de poderosa protección.

Cuando Jacob supo que su hermano Esaú – aquien él había engañado dos veces – venía a su encuentro, trató de enfrentarse con él sin la ayuda del Señor. Dice en Génesis 32:5-6: “Y les mandó diciendo: — Así diréis a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: He residido con Labán, con quien he permanecido hasta ahora. Tengo vacas, asnos, ovejas, siervos y siervas; y envío a decírselo a mi señor, para hallar gracia ante sus ojos” (Génesis 32:4-5). ¡Ni una palabra de que Dios lo había acompañado, protegido, enriquecido y ordenado regresar a la tierra de sus parientes!

Israel ha regresado a la tierra de sus padres, pero aún se mantiene en incredulidad. Trata de encontrarse con las naciones árabes por sus propias fuerzas, y no incluye a Dios en sus acciones. Quiere hacer la paz con la OLP, con Siria y con todos los árabes, pero los musulmanes se le enfrentan con amenazas de boycot y con terrorismo brutal

Cuando Jacob quiso hacer la paz con Esaú, éste se le enfrentó con el poder de las armas: “Los mensajeros volvieron a Jacob, y dijeron: — Fuimos a tu hermano Esaú. El también viene a recibirte acompañado de 400 hombres” (Génesis 32:6). A esta altura de las cosas vino sobre Jacob la mayor tribulación de su vida. Fue atacado por un temor indecible: “Entonces Jacob tuvo mucho temor y se angustió” (v. 7a). A esto se refiere el Señor, en Jeremías 30:7a, cuando habla del gran tiempo de tribulación: “¡Oh, cuán grande será aquel día; tanto, que no hay otro semejante a él! Será tiempo de angustia (es decir, temor) para Jacob.” Sobre Jacob, aquella vez, se cirnió, literalmente, la noche: “Jacob pasó allí aquella noche” (Génesis 32:13). Y sigue diciendo: “Pero levantándose aquella noche, tomó a sus dos mujeres, a sus dos siervas y a sus once hijos, y pasó el vado del Jaboc. Los tomó y los hizo cruzar el río junto con todo lo que tenía. Y Jacob se quedó solo” (v. 22-24a). Asimismo le sucederá a Israel en la noche de la gran tribulación — ya no habrá nadie de su lado, sino que se quedará totalmente solo.

En aquella gran noche, cuando su hermano Esaú, pesadamente armado y con 400 hombres, iba llegando hacia él, Jacob comenzó a recordar al Señor y a clamar al Dios de sus padres: “Luego dijo Jacob: — Dios de mi padre Abraham, Dios de mi padre Isaac, oh Jehová, que me dijiste: Vuelve a tu tierra y a tu parentela, y yo te prosperaré, yo no soy digno de todas las misericordias y de toda la fidelidad con que has actuado para con tu siervo. Con sólo mi cayado pasé este Jordán, y ahora tengo dos campamentos. Líbrame, por favor, de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo. No sea que venga y me mate a la madre junto con los hijos. Tú has dicho: Yo te prosperaré y haré que tu descendencia sea como la arena del mar, que por ser tan numerosa no se puede contar” (vs. 9-12).

Poco tiempo después el Señor llegó a Jacob y luchó con él: “Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta que rayaba el alba” (v. 24).

Así sucederá con Israel en un futuro cercano. Se cernirá la noche sobre este pueblo, la noche de la gran tribulación, la “angustia de Jacob” caerá sobre la tierra y sus habitantes. Israel estará rodeado de incontables enemigos que tendrán la intención de hacer guerra contra él hasta destruirlo: “¡Haced guerra santa contra ella! ¡Levantaos y subamos a mediodía!” E Israel exclamará angustiado: “¡Ay de nosotros, porque el día va declinando, y se extienden las sombras del anochecer!” (Jer. 6:4). Esto le llevará a luchar con Dios. En este tiempo de tribulación el pueblo despertará y clamará por su Señor. ¡Y El los escuchará!

Allí en Peniel, cuando Dios luchaba con Jacob, se produjo un gran cambio en su vida — su conversión. El Señor se le enfrentó cara a cara, Jacob se convirtió en Israel, y el Señor llegó a ser su Dios. En Génesis 32:30-31 dice: “Jacob llamó el nombre de aquel lugar Peniel, diciendo: Porque vi a Dios cara a cara y salí con vida. El sol salió cuando él había partido de Peniel, y cojeaba de su cadera” (Génesis 32:30-31). Así, el Eterno, se enfrentará también con Israel y salvará a Su pueblo: “Pero tú, oh Israel, eres mi siervo; tú, oh Jacob, a quien escogí, descendencia de Abraham mi amigo. Yo te tomé de los extremos de la tierra, y de sus regiones más remotas te llamé diciéndote: Tú eres mi siervo; yo te he escogido y no te he desechado. No temas, porque yo estoy contigo. No tengas miedo, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, y también te ayudaré. También te sustentaré con la diestra de mi justicia. He aquí que todos los que se enardecen contra ti serán avergonzados y afrentados; los que contienden contigo serán como nada, y perecerán” (Isaías 41:8-11).

Vislumbramos que todo lo que sucede en y alrededor de Israel, en este mundo, lleva a acontecimientos que son mostrados proféticamente en la experiencia de Jacob en Peniel. ¡El Señor está en camino para encontrarse con Israel!

“El encuentro con el Señor” (2 de 4)

Título: “El encuentro con el Señor”

Autor: Norbert Lieth
PE1361

La vida de Jacob, en cierto sentido, es un aviso previo de la historia de sus descendientes. Hubo tres puntos culminantes en la vida de Jacob en los cuales tuvo un encuentro especial con el Señor. En este programa vamos a poner nuestra atención en el primer encuentro: Bet-el, que nos muestra verdades importante de la salvación


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Estimado amigo, en la vida de Jacob hubo tres puntos culminantes en los cuales tuvo un encuentro especial con el Señor. El primer encuentro en Bet-el nos muestra, proféticamente, algunas verdades acerca de la salvación.

El segundo punto queremos estudiar en continuación el cual es: 

“Por medio de la escalera celestial se aclara lo que es Israel”.

En Génesis 28:16-18 leemos: “Jacob despertó de su sueño y dijo: — ¡Ciertamente Jehovah está  presente en este lugar, y yo no lo sabía! El tuvo miedo y dijo: — ¡Cuán temible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo. Jacob se levantó muy de mañana, tomó la piedra que había puesto como cabecera, la puso como memorial y derramó aceite sobre ella.”

Esta piedra nos recuerda la resurrección de Jesús: “Y he aquí, hubo un gran terremoto; porque el ángel del Señor descendió del cielo, y al llegar removió la piedra y se sentó sobre ella” (Mateo 28:2). Y en el caso del aceite que Jacob derramó sobre la piedra, pensamos en Pentecostés (Hechos 2:1 y ss).

Israel es y seguirá siendo el lugar de revelación de Dios a este mundo. Ningún otro pueblo sobre la tierra ha recibido revelaciones divinas tan hermosas como el pueblo judío: “Dios ha colmado de regalos a Israel, por ser el pueblo por El escogido. El se ha revelado a este pueblo en Su poder y gloria. Vez tras vez hizo pactos con él y le dio sus mandamientos. En sus cultos Dios está presente, y para ellos son Sus promesas. Abraham, Isaac y Jacob son sus padres, y Cristo mismo proviene de este pueblo. A Él, quien como Dios reina sobre todo, adoramos por toda la eternidad. Amén.” (Rom.9:4-5) ¿No fue, justamente, en el caso de la escalera celestial que quedó claro que Él reina sobre todas las cosas?

Esta escalera celestial nos muestra, en forma especial, al Señor Jesucristo. Es un símbolo divino de cinco verdades de encuentro de la historia de la salvación: 

a) La encarnación de Jesús.

Hablando figurativamente esa escalera es Jesús, quien baja del cielo a la tierra para que Dios pueda encontrarse con nosotros: “Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus transgresiones y encomendándonos a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5:19).

Jacob tenía solamente una piedra para usarla como almohada (Gén. 28:1), y así también dice de la primera venida de Jesús: “Las zorras tienen cuevas, y las aves del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Mateo 8:20). El Hijo del Hombre, quien toma la posición de la escalera, es el eslabón de Dios con el mundo y viceversa.

b) Esta escalera simboliza también la cruz de Jesús y, de esta manera, la muerte de Jesús.

El es la escalera celestial a través de la cual se llega al cielo para encontrarse con Dios. Dios, en cierta forma, llegó a la tierra a través de la escalera y, de esta forma, a nosotros, los seres humanos. ¿Cómo podemos ahora, nosotros, encontrarnos con Dios? Justamente por medio de esta escalera. El Señor Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo que el que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna. El tal no viene a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).

 c) La escalera celestial, además, es una imagen de la ascención de Jesús.

Después de su resurrección El se fue al cielo y ahora está sentado a la diestra del Padre. Como Sumo Sacerdote, El intercedió ante el Padre por Su Iglesia. En sentido espiritual El ya llevó a Su Iglesia Consigo al cielo, ya que está escrito: “Nuestra ciudadanía está en los cielos…” (Filipenses 3:20), es decir en Jesucristo: “Vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Colosenses 3:3).

 d) La escalera celestial también indica el arrebatamiento de la Iglesia, a la cual el Señor llevar  al cielo para encontrarse con El.

Así leemos en 1 Tesalonicenses 4:17: “Luego nosotros, los que vivimos y habremos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes, para el encuentro con el Señor en el aire; y así estaremos siempre con el Señor.” Lo que nos sucederá en la gloria, es imposible describirlo con palabras humanas. El apóstol Pablo, una vez, fue arrebatado al tercer cielo, y luego escribió a los corintios sobre esta experiencia según la cual “escuchó cosas inefables que al hombre no le es permitido expresar” (2 Cor.12:4).

e) Y, finalmente, la escalera celestial también es imagen de la venida de Jesucristo en poder y gloria para el encuentro visible con el mundo y para establecer el reino milenial.

Cuando en Génesis 28:12 dice: “Entonces soñó, y he aquí una escalera puesta en la tierra, cuya parte superior alcanzaba el cielo. He aquí que los ángeles de Dios subían y descendían por ella,” así también el Señor le dice más adelante a Natanael (una figura de Israel) estas palabras proféticas: “De cierto, de cierto os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre” (Juan 1:51). ¿Cuándo? En el milenio. ¡Ese es el futuro de Israel! El Señor aquí se refiere a la “escalera de Jacob”. El indica aquí el tiempo cuando El regresará para reinar aquí sobre la tierra. Ese día el cielo estará abierto y los ángeles de Dios servirán al Hijo del Hombre, quien desde Jerusalén gobernará al mundo entero.

Esta conexión de Dios al mundo, la “escalera” de Jesús, está en Israel, “porque la salvación procede de los judíos” (Juan 4:22b). Y este Israel tomará nuevamente un papel central en el reino milenial.

¿Cuándo sucederá esto?

Jacob mismo, quien aquí se convierte en una figura profética de la historia de su pueblo, indica el tiempo. Dice en Génesis 28:20b – 21: 

“Si Dios está conmigo…y yo vuelvo en paz a la casa de mi padre, Jehová será mi Dios”.

Estas palabras, al leerlas me atraviesan hasta los huesos los tuétanos. ¿No es conmovedor ya a la vez profético?

Es típico en Jacob que él ponga una condición al Señor quien, a su vez, ya le prometió sin condiciones, que lo traería de nuevo a su tierra. ” He aquí que yo estoy contigo; yo te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra. No te abandonaré hasta que haya hecho lo que te he dicho” (v15). Pero creo que, justamente, éste es el carácter profético de esta declaración con respecto a su pueblo. “Si Dios está conmigo… y yo vuelvo en paz a la casa de mi padre, Jehová será mi Dios”.

¿No regresó Israel después de una larga dispersión y no teniendo patria? Los profetas, en muchas partes, dicen con claridad que ése será el tiempo en el cual el Señor regresará por Su pueblo para encontrarse con él. Nosotros, entonces, podemos decir que hoy hemos llegado a este tiempo – porque ya hace cinco décadas que los judíos han vuelto a ser un pueblo.

Estimado amigo, la venida del Señor está cerca. “Prepárate para venir al encuentro de tu Dios”.

“El encuentro con el Señor” (1 de 4)

Título: “El encuentro con el Señor”

Autor: Norbert Lieth
  PE1360

La vida de Jacob, en cierto sentido, es un aviso previo de la historia de sus descendientes. Hubo tres puntos culminantes en la vida de Jacob en los cuales tuvo un encuentro especial con el Señor. En este programa vamos a poner nuestra atención en el primer encuentro: Bet-el.


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Estimado amigo, al comienzo de este estudio bíblico me gustaría leer con ustedes en el primer libro de la Biblia, en Génesis, capítulo 28, los versos 10 a 15. Dice así la Palabra de Dios: 

“Jacob partió de Beerseba y se fue hacia Harán. Y llegó a cierto lugar y pasó allí la noche, porque el sol ya se había puesto. Tomó una de las piedras de aquel lugar, la puso como cabecera y se acostó en aquel lugar. Entonces soñó, y he aquí una escalera puesta en la tierra, cuya parte superior alcanzaba el cielo. He aquí que los ángeles de Dios subían y descendían por ella. Y he aquí que Jehová estaba en lo alto de ella y dijo: – Yo soy Jehová, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Tus descendientes serán como el polvo de la tierra. Te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur. Y en ti y en tu descendencia serán benditas todas las familias de la tierra. He aquí que yo estoy contigo; yo te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra. No te abandonaré hasta que haya hecho lo que te he dicho”.

 

La vida de Jacob, estimado oyente, es la vida de Israel. Dios le cambió de nombre: “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel” (Génesis 32:28). En el camino de su vida podemos reconocer el camino de Israel hasta la salvación y hasta que se establezca el reino milenial. La vida de Jacob, en cierto sentido, es un aviso previo de la historia de sus descendientes. Al igual que él, también Israel tuvo que salir de su patria para después regresar, tener un encuentro con Dios y ser renovado espiritualmente. Por eso se relaciona la última tribulación que debe pasar Israel, con el tiempo de tribulación que pasó Jacob cuando regresaba de Harán a su patria y tenía el encuentro con Esaú por delante: “Entonces Jacob tuvo mucho temor y se angustió” (Génesis 32:7). En Jeremías 30 se describe el “Día del Señor”, es decir, la gran tribulación que vendrá  sobre Israel, y allí dice: “¡Oh, cuán grande será aquel día; tanto, que no hay otro semejante a él! Será tiempo de angustia para Jacob, pero ser  librado de él” (Jeremías 30:7).

En la vida de Jacob hubo tres puntos culminantes en los cuales tuvo un encuentro especial con el Señor, vamos a poner nuestra atención en ellos.

El primer encuentro: Bet-el (Génesis 28)

El primer encuentro nos muestra, proféticamente, algunas verdades acerca de la salvación: 

1. El pecado de Israel no puede evitar que Dios cumpla Sus promesas. Jacob estaba huyendo porque era reticente y astuto. Había engañado tanto a su hermano como a su padre, trayendo mucho sufrimiento a su madre.

Así Jacob tuvo que huir por su pecado, por temor a la venganza de Esaú y se fue en dirección a Harán. Toda la vida de Jacob fue un altibajo. Casi no hay otra persona en la Biblia que ilustre tan bien la coexistencia del bien y del mal, porque Jacob tenía muchas debilidades y tuvo que atravesar un largo camino educativo. Culpa y temor eran el equipaje invisible y pesado que Jacob llevaba consigo. Durante su huída estuvo rodeado por un desierto horrendo y solitario y no tenía ni siquiera una almohada. En él, y alrededor de él, se hizo la noche, porque el sol se había puesto. ¡Esa es justamente la historia de Israel! ¿Será así también la vida tuya? Si es así, ¡entonces te pido que, por favor, sigas escuchando con atención!

Justamente en esta situación, Jacob, sin merecerlo, tuvo una revelación del Altísimo, al ir a su encuentro el Señor en la escalera celestial. ¡Esta es la escalera de la gracia! ¿Cómo nos habríamos enfrentado nosotros con Jacob si hubiéramos estado en el lugar de Dios? Seguramente le habríamos reprochado: “¡Tú eres malo, Jacob! Ahora por fin te encontré. Vuélvete polvo delante de mí. Yo soy el Dios tres veces santo. Dos veces engañaste a tu hermano y una a tu propio padre. ¡Qué falso eres! ¡Cuánto dolor les has causado a tu familia! Todos estarán hablando mal de tus padres porque tú te has comportado en una forma tan vil”. Pero ¿qué hizo Dios? En vez de reprocharle sus pecados, le dio una tremenda revelación de Sí Mismo y una poderosa promesa: “Y he aquí que Jehovah estaba en lo alto de ella (de la escalera) y dijo: — Yo soy Jehovah, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Tus descendientes serán como el polvo de la tierra. Te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur, y en ti y en tu descendencia serán benditas todas las familias de la tierra. He aquí que yo estoy contigo; yo te guardaré por dondequiera que vayas y te haré volver a esta tierra. No te abandonaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Jacob despertó de su sueño y dijo: — ¡Ciertamente Jehovah está  presente en este lugar, y yo no lo sabía!” (Génesis 28:13-16).

¿Por qué el Señor no le habrá  reprochado sus pecados? ¡Porque la escalera representa la cruz del perdón! En nuestra historia existe una revelación de Dios que lo sobrepasa todo — la cruz, en la cual Jesucristo murió por nosotros. Las claras palabras que fueron dichas aquí nunca perderán su validez. ¿Existirá  un ejemplo más claro de que Dios desea encontrarse con el mundo? La meta de Dios con Su pueblo Israel es poder tener un encuentro con un mundo perdido (en la primera y la segunda venida de Jesús). Por eso fue que Jacob vio esa escalera, porque Dios quiere decirle a todo el mundo: ¡Aquí está el lugar donde quiero encontrarme con toda la humanidad!

Sin la cruz Dios pone, implacablemente, tus pecados delante de ti, porque El es “fuego abrazador” (Hebr. 12:29). Pero en vista de la “escalera celestial”, la cruz de Jesús, que une el cielo con la tierra, Dios ya no te reprocha tus pecados, sino que te da promesa sobre promesa. Solamente por este camino existe la posibilidad de alcanzar el cielo: “Jesús dijo: — Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Así como El se encontró con nosotros desde arriba, por medio de la cruz, podremos nosotros encontrarnos con El algún día, verlo en toda Su gloria y tener eterna comunión con El. ¿Dónde? En la casa paterna celestial con las muchas moradas. Leemos en Juan 14:2-3: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.

¿Ya pudo tener Dios un encuentro contigo?

 

“Malaquías: Su tiempo, nuestros tiempos!”

Título:   Malaquías: su tiempo, Nuestros tiempos

Autor: Herman Harwich
PE1359

Aunque le parezca mentira, los tiempos de Malaquías son muy parecidos a nuestros tiempos!!! Como puede ser esto posible?? Escuche en este programa al Pastor Herman Hartwich… Él nos contará en qué se asemejan dichos tiempos!


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Que tal mis amigos, aquí estamos juntos una vez más para escudriñar la palabra de Dios en esta oportunidad quisiera, lógicamente si usted tiene una Biblia, creo que es probable; por qué maravillosamente la distribución de las escrituras se está llevando a cabo en una forma muy exitosa en nuestros países latinos casi diríamos, en cada hogar haya aunque sea un volumen de la palabra de Dios. Bueno no lo tenga de adorno, no lo tendrá allí como un libro más en su biblioteca, quizás cubierto de polvo, tiene que ser el manual de su vida, procure leerlo, procure un asesoramiento, puede usted mismo solicitarnos a la obra misionera y que podemos orientar de la lectura y en el estudio sistemático de la palabra de Dios. En esta oportunidad quisiera invitarles, y ustedes pueden leer el último libro del antiguo testamento, y antes de comenzar el nuevo testamento antes del Evangelio de Mateo se encuentra la profecía de Malaquias. Es un libro muy cortito consta de cuatro capítulos bastante cortos pero es muy interesante la enseñanza que yo quisiera compartirles en esta oportunidad. Malaquias profetiza unos 450 años antes de Cristo más o menos se ubica por allí.

Malaquias se ajusta al pedido de los profetas Esdras, Nehemias, como anillo al dedo. Describen a Jerusalén como bajo el gobierno de un príncipe, ambos describen una situación en la que el pueblo mostraba menosprecio por el templo y descuido por los servicios de la casa de Dios ambos critican este triste estado de cosas en los sacerdotes. Los tres se enfrentan con el problema del divorcio y los matrimonios mixtos. El fuego de la fe con frecuencia disminuye o se apaga, mis queridos amigos, ya sea por factores internos o externos porque ambos internos o externos contribuyen a pagarlo. Este es era caso de Israel. Dios levantó un profeta con tal temperamento y mensaje, justamente para ese tiempo en que el fuego de la fe debía ser reavivado. ¿Ha escuchado una expresión así mi querido hermano en Cristo? Yo hace en más de 40 años que transito en las filas del pueblo de Dios y muchas veces he escuchado esta expresión: tenemos que avivar el fuego de la fe, tenemos que avivar el fuego.

Aquella situación que vivían Malaquias es muy similar a la de nuestro mundo hoy no obstante de ser un tiempo de crisis espiritual, e indiferencia religiosa el profeta alzo su vos con un mensaje directo, escúcheme bien un mensaje directo llamando al arrepentimiento y una nueva dedicación de sus vidas y lealtad a Dios. ¿Qué piensa acerca de este mensaje?, ¿qué piensa acerca de este mensaje que procede de Dios? Vuélvanse a mi, arrepiéntanse, dedíquense, redediquen sus vidas y su lealtad. El capítulo uno versó dos Dios dice, yo os he amado, pero el pueblo pone en tela de duda todo lo que Dios dice y así estaban. Yo os he amado, a mí me desarma mis queridos amigos, esta afirmación de Dios me desarma. Pero muchas personas al igual que Israel ponen en duda este amor de Dios. Ponen en duda todo lo que Dios dice y así les va en la vida, no confían en Dios dudas de Dios, entonces les va mal.

Y hicieron preguntas a Dios que un encuentro que mucha gente hoy está haciendo lo mismo, por ejemplo encontramos estas preguntas. Versículo dos ¿en qué nos ámate? ¿conoce esta pregunta?, quizás usted mismo mi hermano, mi hermana la ha hecho cuando está pasando un momento de prueba dice ¿y donde estaba Dios que me ama?, ¿dónde me ama?. En el versículo seis dice:¿en qué hemos menospreciado tu nombre? Hacían cualquier cosa y todavía no consideraban que estaban ofendiendo o menospreciando el nombre de Dios. En el versículo siete: ¿en qué te hemos deshonrado (en relación con el altar)?, ¿en qué te hemos deshonrado?. Estaban deshonrando el altar y ellos decían que no. En el versículo 13 y 14 preguntan: ¿por qué no aceptas nuestras ofrendas?, pero había que ver con qué actitudes, con qué actitud traen muchas personas las ofrendas sabios. ¿En qué te hemos acusado?, preguntan en el versículo siete.

Por ejemplo a veces escucho personas que dicen:¿hay qué horrible porque esta lloviendo tanto, por qué estas inundaciones?, que injusto, ¿a quién están acusando? A Dios. En el versículo siete del capítulo tres dice:¿en qué hemos de volvernos? La mayoría de la gente como dice el profeta Isaías cada cual se apartó por su camino y luego preguntan ¿en qué hemos de volvernos? En el capítulo tres graso ocho dice: ¿en qué te hemos robado? En el capítulo tres versículo dice: ¿qué hemos hablado contra ti? Las preguntas del pueblo se hacían más y más desafiantes hasta que el Señor se vio forzado a decir vuestras palabras contra mí han sido violentas.

Te apuesto pensar mi querido oyente si Dios nos tuviera que decir ahora tus palabras contra mi son violentas. Cuántas palabras violentas se están elevando hoy contra Dios desde la humanidad desobediente, rebelde, endurecida causa del pecado. En el año 538 antes de Cristo unos 42.000 judíos regresaron de Babilonia se pusieron a reedificar el templo, pero tuvieron que pagar por la oposición. Luego de unos años se reanuda la obra y se dedicó en el año 516.

Hageo, Zacarías habían alentado a esto diciendo que si edificaban vendrían las promesas de libertad, prosperidad, dominio mundial. Y esperaron que el señor cumpliera sus actos poderosos pero los años se hicieron décadas y nada acontecido. En lugar de ser una corona de gloria era un juguete de los persas que gobernaron con mano de hierro, entonces aumentó la pobreza bajo el yugo de los impuestos altos, el desempleo, fracaso de las cosechas, por plagas, por las sequías y granizo, he hipotecaban sus campos y casas y aun llegaron a vender a sus propios hijos como esclavos. Lógicamente las ofrendas del templo disminuyeron tanto que los sacerdotes y levitas se vieron obligados a abandonar la casa de Dios y volverse el campo para poder comer.

Tres cuartos de siglo de privaciones y desilusiones produjo una reacción peligrosa en Israel la fe de los primeros días dio lugar a la incredulidad y la duda. El pueblo empezó a cuestionar que el señor los amara realmente incluso le acusaron de mostrar preferencia hacia los malos y fracasar en rebelarse como Dios justo. Estaban abiertamente afirmando que bajo el gobierno de Dios los malvados lo pasaban mejor de los justos. Pero el que no compartir para ir terminando tres resultados vemos de estas décadas de privaciones y desilusiones para qué las tengamos en cuenta.

Primero, el pueblo y los sacerdotes comenzaron a ser negligentes con el templo y sus servicios, los diezmos se guardaron para uso personal en lugar de ser traídos al alfoli del Señor. Se hizo tal burla de la adoración que el Señor pidió que alguien cerrara las puertas y apaga el fuego. Segundo los judíos perdieron el interés de mantener su particular identidad como pueblo del pacto de Dios. Comenzaron a casarse con hombres y mujeres paganos sin tener en cuenta el aspecto religioso, estaban en peligro de ser absorbidos por sus vecinos paganos. Y en tercer lugar las normas morales y éticas declinaron seriamente, prestamistas sin escrúpulos esclavizaban a sus compatriotas. Malaquias acusa de hechicería, adulterio, perjurio y opresión a los indefensos.

También encaró la deslealtad del hermano con el otro, y el tono moral prevaleciente era desconfianza. El capítulo cuatro versículo seis dice: que él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición. Malaquias muestra el camino de regreso aún a genuina y permanente fe en Dios que no cambia. En el 3, versículo seis dice: porque yo Jehová no cambio por esto hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Invita a los hombres a volverse a él. Versículo siete: desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes y no las guardasteis, volveos a mi y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Y además que nunca olvida a quienes le responden. Versículo 16 del capítulo tres dice: entonces lo que tenían a Jehová hablaron cada uno su compañero y Jehová escuchó y oyó y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová y para los que piensan en su nombre. Querido mío es una realidad que muchos viven lejos de Dios y narrando su Iglesia de amor, desobedeciendo su voluntad y luego atribuyendo injusticias a Dios. Dios nos ama tanto que no nos ha pagado como mereceríamos al contrario envió a su propio hijo hará pagar el precio de nuestra libertad de condenación. Vuélvete a él y serás completamente feliz.